24 de agosto de 2015

Word in the water

When I just want to see some vital signs
We were taught to fall asleep
And shut our eyes from everything
And see the way our little hearts
Could beat away the scary parts
Now we’re old and full of life
And full of fear with little time
And we are ill, but that’s today
Tomorrow “ill” could go away
And something somewhere
Called home
Paces back and forth
Body cold but there’s vital signs
Gang of Youths, Vital signs

Si pudiera tan solo saltar de una rama a otra. Si el peso de mi cuerpo no fuera tan pesado. Si no tuviera cada vez que empacar con unas maletas llenas de ilusiones vacías. Si el nombre del presente tuviera un contorno definido. Si no me bombardearan cincuenta mil ideas que no me dejan concentrarme en lo que intento hacer. Si el cielo no estuviera siempre blanco en esta ciudad. Si no lloviera cada cuarto de hora. Si mi alma en tránsito dejara de mirar al cielo en tono de súplica. Si el grito de los parques tuviera un significado preciso. Si ese impulso por decir lo que creo, que está en mis entrañas no fuera tan profundamente certero e intenso. Si los libros no tuvieran para mí un poder de hipnosis. Si no me quedara un entusiasmo idiota por los proyectos imposibles. Si mi impetuosa necesidad de creer en los milagros tuviera algún asidero en la realidad. Si la esperanza endeble pudiera llenarse de materialidad. Si entendiera algo. Si escribirte unas palabras me garantizara una respuesta. Si dejara de volar como un pájaro que planeando sobre la vida ve todo su potencial pero no se posa para descansar. Si la manera como los sucesos arriban tuviera una suerte de explicación metafísica y espiritual. Si todos los momentos que destino a imaginar que vienes a mis días pudieran traerte sin esfuerzo. Si la incomodidad constante que tengo en estas latitudes se acabara. Si mi atención plena y mi amor por la vida activa se esfumaran. Si me asiento mirando de reojo ese tránsito perpetuo. Si pudiera hacer algo que valga la pena. Si mi nomadismo incurable no se volviera de a poco furioso por comprender desde dónde y hacia dónde cresta vamos y adónde estamos. Si alguien quisiera estar una eternidad conmigo a pesar de todo. Si tuviera más respuestas a esa violenta intuición de todo lo que va llegando. Si mi inspiración se vaciara de un referente fuerte que siempre llega aunque vaya cambiando. Si la existencia es rendirse. Si yo tan solo pudiera saltar de una rama a otra sin contratiempos. Si toda mi energía no se fuera en suspiros por lo sublime y lo triste. Si mi rabia me llevara a un lugar determinado. Si esos libros viajeros no pudieran nunca llegar a mí. Si tu realidad fuese más clara. Si llegaras sin quinientas caídas e imprevistos. Entonces si todo eso sucediera yo estaría muerta, muerta, muerta, acabada, extinta, sin valor para abrir los ojos, sin ambición de salir por esa puerta y enviarte estas palabras. Quizá es eso. El cansancio existencial se vuelve grande a veces. Quizá es eso. La complejidad existencial merece que entre en esa maleta viajera llena de libros perdida en un pequeño barco, y que me lleve a unos parajes más llenos de respuestas. Más llenos de calma. Donde vivir no sea tan extremadamente complejo y las letras puedan dar un antídoto a mi envenenada herida que solo a veces se llena de sentido. Donde pasar los días no esté tan lleno de emociones desbordadas que se marchitan y se vuelven fructíferas. Donde alguna vez haya paz y los pájaros quieran acompañarme. Donde haya sosiego para las almas llenas de palabras en una maleta flotando en el agua aunque sea imposible. Una tregua que otrora creí posible. Una vida entre las páginas sin tanta exposición a la lluvia. Un amor que se abastezca echando mano a ciertas frases que puedan llenarte los días como si fuera suficiente. Una razón para seguir adelante que dure más de cinco minutos. Unas promesas que puedan mantenerse en el tiempo. Una quietud que aunque me mate quizá termine por darme la vida. Esa que se me va cada vez que te vas, y cada vez que me voy. Esa que me lleve hasta ti y quizá eso signifique finalmente algo. No veo que haya una paz real. No veo que ese alivio momentáneo vaya a prosperar sin tus ojos. No puedo estar sin ti. Sí, tú, y él, y tú, y él y tú, y quizá otro, y no tengo la menor idea de cómo se pronuncia tu nombre, y quiero saber cómo se hace, y quiero saber cómo cresta se mantiene una misma mirada a tu lado en el tiempo, y quiero maldecir a la vida por sus injusticias, por su dificultad, y quiero que alguien sepa qué cresta significa esas encrucijadas pero quizá nadie sabe, nadie sabe nada, miran para otro lado. Y yo no tengo más ejércitos que vayan a acompañarte para que puedas darme la vida. Y yo no tengo más alma para mostrarte todo eso bello que nos espera. Y yo estoy tan cansada que no quiero seguir subiendo este cerro. Y yo no sé si hay más vida después de la muerte. Y yo no quiero morir cuántas veces alcancen para que sepas que no hay seiscientas sino solo unas cuantas oportunidades en la vida. Que no puedo darte mi existencia en un pequeño envoltorio para que la tengas en tu mesa de noche y la mires a veces antes de dormir. Que tengo mucho miedo de perderte y no poder encontrarte. Que no hay dos veces que podrás romperme el corazón y salir airoso y seguir adelante y morir. Morir, morir, sin valor para abrir los ojos, sin el coraje de hacer de la existencia algo digno de ser vivido sin esa mediocridad aplastante, sin toda esa monotonía que te alcanzará si decides seguir adelante sin mi amor que mata de gozo. ¿Dónde estaba esa maleta llena de palabras? Creo que iré a buscarla. En un pequeño barco que quizá me aleje de tu orilla y me muestre lo que se siente cuando alguien te lee esos párrafos sin esfuerzo, río abajo, en una flor de loto desprendida. 

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