Esta
mañana me encontré con una maravillosa mujer, Taiye Selasi. Sus palabras
llegaron profundo a mis propias reflexiones, supongo porque desde que no resido
físicamente donde nací me veo confrontada a esta pregunta todo el tiempo, con
distintos matices e intenciones en cuanto a quien la formula. A veces es
curiosidad, a veces genuino interés, a veces discriminación, a veces
indiferencia. El sábado en un evento familiar una persona me preguntó de dónde
era, típico, y al responder me dijo: “pronuncia como se debe, por la cresta”. No
pondré la frase literal, porque no quiero llevar a equívocos, pero el espíritu
del comentario, para contextualizarlo, fue: no te he entendido bien porque ya
veo (o escucho) que no estás hablando en tu idioma nativo; y quisiera agregar aquí
algo de su intencionalidad: soy un antisocial que no sabe comportarse y creo
que puedo juzgar a otros porque no pronuncian bien mi lengua, pero yo no puedo
decir ni hola en otro idioma, esto es, creo que soy el centro del mundo, pero
sólo soy un narcisista, machista, racista e ignorante. Suena exagerado, pero todo
eso se podía entrever de sus comentarios. Bien, no veo que esta experiencia
esté íntimamente relacionada con el punto que quiere marcar Selasi, pero de alguna manera lo está, incluso íntimamente aunque no se vea a
primera vista. No logro cuajar perfectamente todavía la relación de una cosa y
la otra, pero sé que estoy cansada de las generalizaciones que nacen de tener
que responder de dónde vengo, sé que la unidad país queda demasiado grande para
las experiencias, sé que la –localidad- de cada uno es lo que importa en
definitiva y los nombres de las fronteras más amplias solo nos alejan. Sé que
los papeles de cada uno pueden levantarte o hundirte, literalmente, sé que la
discriminación que puede sentirse por comentarios como ese están ancladas en
esa incomodidad con cómo está estructurado el mundo, que no tiene que ver tanto
con la organización física, sino más bien simbólica que está atribuida a todo
eso, a la ridiculez de no darse cuenta de que eres un idiota, pero porque
naciste en un país rico te sientes súper loco, superstar, como diría Charly García.
Hay, en esa experiencia de insulto, que a otra persona podría no parecerle tal,
algo de esa falta de comprensión de la localidad, versus la nacionalidad, hay
una simplificación del mundo, un atrapamiento entre blanco y negro (no en el
sentido racial) que nos ciega a que las cosas anden mejor. Me importa un
reverendo pepino que mi acento no te guste, y que quieras juzgarme y clasificarme
también por lo que hago. No me interesa nada tu opinión, porque no te conozco. Lo
que quiero es un acercamiento amoroso, auténtico, unas energías que no me
sofoquen, sino que me permitan decirte qué es lo que realmente importa,
respecto de mi humanidad, si es que te interesa, ya que me lo preguntas. Sino mejor
no me lo preguntes, porque no me interesan tus juicios anticipados e
infundados. No necesito demostrar nada, pero no quiero sentirme agredida si
alguien a quien le concedo cinco minutos puede hacer como que sabe todo como si
fueran cuarenta años. Sé que estoy mezclando todo, pero es que no termina de
decantar, pero ya viene llegando, ya empiezo a entender de qué se trata toda
esta anti localidad, toda esta pro nacionalidad, que nos viene corroyendo desde
hace mucho. No me extraña que estemos tan confundidos, ni siquiera podemos
significar o resignificar bien quienes somos, porque tanta clasificación y
estructura no nos deja movernos. Estoy cansada, eso es seguro, de tanto
encasillamiento, y me gustaría saber si se puede ser Andrea y nada más. Y
rellenar el quién, observando las particularidades, no importa que no sean –coherentes-
en el sentido de todas en el mismo camino (fijado por otros). Las palabras de
Selasi, lo que me gusta es que transpiran libertad, transpiran diversidad, pero
de esa de verdad, transpiran entendimiento, transpiran respeto. Y es justamente
eso lo que una persona no tiene cuando comenta respecto al acento. Es no tener
respeto por el otro, creer que es una extensión de ti mismo, de tu mente, de
tus ideas, y de tu estrecha vida. Nadie es una extensión de nosotros, cada uno
es una unidad, rellena de miles de millones de espacios que tienen una
infinidad de cientos de miles de colores. Nos encontramos en los colores, pero
finalmente si no nos encontramos no importa, porque cada uno puede rellenarse
de los colores que quiera. No me importa los colores que te rellenan, pero si
vas a hablarme, no me tires los tuyos, tan sólo guárdatelos, y date cinco
minutos para que veas que el mundo es más que tu pequeña vida, que puede ser
muy grande, pero cuando no respetas al otro en su dignidad, se hace tan, pero
tan pequeña. Creo que está mezclado también con esa sensación nítida, de las
restricciones reales, de las que habla Selasi. Esas que determinan tu localidad
por razones que no tienen que ver con tus rituales o relaciones, sino con las
razones por las que habitas en un lugar y no otro, sea por asuntos legales, o
por asuntos –sociales-. Podría decir que habito en Europa, porque el país donde
nací tiene demasiadas clasificaciones para mí, y la libertad se me hace
indispensable, pero por otro lado, podría decir que habito en Europa con mis
derechos limitados, justamente porque nací en ese país que está tan, pero tan
lejos, y es tan, pero tan desconocido. No es que quiera describir el país donde
nací con esa simplificación tan burda, pero es una manera de decir que los países que están según ellos en el centro del mundo, deciden que los otros vienen de
demasiado lejos como para integrarlos, dejándolos vivir en paz, como personas
dignas. En definitiva, tengo una restricción de derechos, porque no me banco la
restricción de la libertad, la segunda en términos humanos, no legales. Lo
importante, en definitiva, es que mi localidad está determinada por estas
restricciones, en los términos de Selasi, y que para mí, también de acuerdo con
ella, mi localidad se me hace mucho más coherente y significativa, que mi
relación con una nación en cuanto a papeles, -localidad-, que podría nombrar
como Santiago, Barcelona y Lyon, si tuviera que describirla como ella lo hace al
final de su charla. Y no digo que haya que cambiar la estructura de todas las
cosas, sino incorporar un componente humano en todo esto que pensamos. Un componente
que quizá haga que las cosas marchen mejor, a pesar de nuestras estructuras. Un
componente humano que quizá nos fuerce, de todas maneras, a cambiar las
estructuras, porque quizá esas estructuras nos cierran a lo humano, y es lo que
está haciendo que nuestro buque se hunda, en todos los sentidos posibles.
2 de octubre de 2015
25 de agosto de 2015
Bloomsbury, y Virginia a mi lado
No hay
quietud posible. En Londres en un momento hay sol y luego al momento siguiente
una gran lluvia con su boca innumerable. ¿Quién dijo que el río era apacible?
Que se identifique. Dónde están todos esos embusteros. ¿Quién sobrevive a los
embistes sin consecuencias? Tal como el clima, los cincuenta escenarios
posibles que se presentan uno tras otro casi tocándose la espalda no cesan de
llevarme sin clemencia por los aires hasta el suelo y viceversa. Ahora entiendo
perfectamente el viaje cotidiano por los diversos parajes etéreos de Virginia
Woolf. Ella que vivía tan cerca de aquí, a unas casas de distancia. Atrapada en
estas nubes indecisas, con un sentimiento de pérdida constante, de algo que se
va, que probablemente sea la existencia que va pasando, pero se queda porque no
hay algo mejor en que emplearla porque es eso justamente, presente inquietante.
Si hubiese un grupo de Bloomsbury que me acogiera para interpelarlos por tal blancura
del cielo. ¿!Por qué?! ¿!Por qué?! Les diría. Al menos sabrían que ese gris aplastante
también llega al coraje de otros, que esos otros son también ellos mismos,
todos, juntos, o solos, sobretodo solos, como Virginia. He querido hablar con
ella tantas veces. He querido alejarme de ella tantas veces. Pero el llamado es
fuerte. No importa el gris. Porque hay pequeñas grietas de luminosidad, que se
expande si las palabras logran expresar ese gozo de vivir tan acompañado de
vacío. Esa completitud del planeta, y esa desazón incierta sin explicación pero
tan descorazonada. Y vuelvo a llamarla, y la entiendo tanto, esas palabras
cambian el color de las horas, destruyen el gris y soplan las nubes, como si
fuera posible. La ventana a mi lado me anuncia los cinco minutos de cielo azul.
Entonces aprovecho pronto de decirte que ya no hay vuelta atrás, que podré
sobrellevarlo todo, pero ese azul es tan incierto como la certeza de Virginia
respecto a las ganas de seguir. La llamo por su nombre, como queriéndola acercar
a mi mesa. La invito a sentarse. Puedo verla, toma forma, quizá está ahí
realmente, su mesa estaba tan cerca de la mía que no es mía pero me acoge en
este instante, y Virginia sonríe, y no necesito nada más, sólo saber que los
momentos de azul son suficientes, aunque ella no lo haya sabido, aunque ella
haya dudado, yo lo sé, y a veces no lo he sabido-sabré, y a veces he dudado-dudaré.
Las palabras son tan plásticas y malditas, y elásticas y sabias, y tan llenas
de verdad y de vida, entonces Virginia reposa su mentón sobre la palma de su
mano y posa su codo sobre la mesa, y ya sé por qué siempre la he querido tanto,
porque está tan cerca, aunque no sé nada de ella, es tan yo, aunque nunca en la
existencia fue tan ni siquiera un poco yo, pero no importa, porque sus nubes me
acechan, y sus descubrimientos me deslumbran y no pueden dejarme indiferente, y
en un espacio de unos instantes siento un destello de esperanza totalmente
certero y la sospecha de un incierto destino desdichado que no dura más que
unos segundos. Le preparo un té y la veo lejana, no puedo alcanzarla, porque
nadie puede alcanzarla, porque la conexión está tan llena de fisuras, que ese
intersticio donde te encuentras con un otro que incluso a veces es tú mismo se
desvanece al llamado de Virginia donde solo hay silencio, donde las palabras
existen, pero nunca, o casi nunca tienen las respuestas, sólo la manera de
agruparse para describir eso que nunca llega o que está por llegar y quizá va a
llegar pero cuando llega parece que nunca ha llegado o que siempre estuvo. Sí,
es confuso y contradictorio, ella lo entiende, y ella vivía a unas casas de
aquí bajo este cielo gris-blanco-azul-gris-blanco-azul hasta el infinito. Quizá
la abrumaron las preguntas, o las emociones, o todas las anteriores, o su
esperanza tocó una pared imposible de derribar, donde las pequeñas ranuras se
llenaron de agua al primer llamado, o quizá al llamado número mil, o infinito,
o no sé cuántos pueden haber, pero ella sonríe, porque finalmente, qué importa,
a veces nada importa, y a veces todo. Yo quiero traerla a mi lado, y aunque su
presencia no sea cobijo, quizá pueda mostrarme algo que ahora no veo, quizá me
lleve a volar por otros cielos, a pesar del gris, blanco y azul, y a veces
amarillo, y a veces plagado de colores. Virginia, no sé nada de ti, ¿crees que
podré saber más? ¿Crees que todo acaba? ¿Crees que vale la pena? ¿Esto es todo?
¿Hay algo más? Sólo puedo pensar en escapar y volver y escapar y volver y nunca
se acabará, y quizá no importa, pero no es verdad porque ella está acá
diciéndome que sí importa, y que tarde o temprano queda la certeza que es esto
y nada más, y que poner las palabras que lo digan puede ser todo y gracias a
que es todo entonces lo otro a veces parece nada, y a veces lo nada es todo,
palabras, un poco de sol, un gran río y todas las dudas del universo que se
disuelven en cuatro mariposas y tres cafés llenos de verdad, una montaña de
gozo, íntimo y agradable, lleno de significado y tan lleno de la verdadera
vida. Hemos perdido nuestro tiempo. Yo sé dónde está la verdadera vida. En el
fin de la agitación, en el fin de la búsqueda frenética, en unos tomates en un
huerto, en un momento de sentarse a disfrutar el río pasar y una conversación
sincera, unas flores en el camino y tanto silencio lleno de plenitud aunque
silenciosa, y toda esa sabiduría que esconde quien lo ha encontrado, y ese
detener del caminar que llega como gozo al alma, y una mirada directa, y una
calma llena de verde, y un futuro lleno de palabras, y una chimenea que entibie
el alma siempre que sea necesario. Amor mío, llena este momento con tus
palabras, dime algo que me acerque de nuevo a esa calma, a pesar de que estás
tan lejos de Virginia, a pesar de que el sol va y viene en todos los lugares
que conozco, déjame seguir sin tu persecución constante, déjame encontrar algún
maldito momento que esté al medio y no desde ti a Virginia miles de espacios de
distancia, galaxias que rellenar que nunca se aproximan, una consciencia
centrada, un punto intermedio que contenga todas las palabras y el
blanco-gris-azul sean una sola cosa, y donde el alma pueda expandirse sin tener
que aprisionarse al momento siguiente cuando el llamado del planeta alineado al
final de la línea duele, y hace falta, e invade todo como si fuera lo único que
hace falta. Virginia, toma mi vida y si la calma nunca llegara a mi puerto,
aunque añoro los bosques, llévame donde la tierra fértil me lleve hacia el
cielo en un árbol que crecerá tan alto que las palabras serán realmente mis
amigas, como lo fueron para ti, y como no puedo imaginar que sea posible. Un
sentido que pueda remplazarlo todo aunque luego se desvanezca, cuando ya no
importe, porque lo imposible ha dejado de ser inimaginable por posible. Cada
vez que un texto se cierra toda la existencia adquiere un sentido por al menos
unos minutos, quizá ese llegar al cielo tiene que ver con eso, y con ese cielo
imposible que se viene acercando y que nunca había imaginado, aunque incluso
algunas veces creí que todo era posible. La catarsis es completa, termina el
texto y han nacido cinco planetas, y estás tan lejos y tan cerca y Virginia me
mira, contenta, porque sabe que estoy llegando a vislumbrar un pequeñísimo
átomo de esperanza de ese cielo tan lleno de palabras como de vida.
24 de agosto de 2015
Word in the water
When I just want to see some vital signs
We were taught to fall asleep
And shut our eyes from everything
And see the way our little hearts
Could beat away the scary parts
Now we’re old and full of life
And full of fear with little time
And we are ill, but that’s today
Tomorrow “ill” could go away
And something somewhere
Called home
Paces back and forth
Body cold but there’s vital signs
Gang
of Youths, Vital signs
Si
pudiera tan solo saltar de una rama a otra. Si el peso de mi cuerpo no fuera
tan pesado. Si no tuviera cada vez que empacar con unas maletas llenas de
ilusiones vacías. Si el nombre del presente tuviera un contorno definido. Si no
me bombardearan cincuenta mil ideas que no me dejan concentrarme en lo que
intento hacer. Si el cielo no estuviera siempre blanco en esta ciudad. Si no
lloviera cada cuarto de hora. Si mi alma en tránsito dejara de mirar al cielo
en tono de súplica. Si el grito de los parques tuviera un significado preciso.
Si ese impulso por decir lo que creo, que está en mis entrañas no fuera tan profundamente
certero e intenso. Si los libros no tuvieran para mí un poder de hipnosis. Si
no me quedara un entusiasmo idiota por los proyectos imposibles. Si mi
impetuosa necesidad de creer en los milagros tuviera algún asidero en la
realidad. Si la esperanza endeble pudiera llenarse de materialidad. Si
entendiera algo. Si escribirte unas palabras me garantizara una respuesta. Si
dejara de volar como un pájaro que planeando sobre la vida ve todo su potencial
pero no se posa para descansar. Si la manera como los sucesos arriban tuviera
una suerte de explicación metafísica y espiritual. Si todos los momentos que
destino a imaginar que vienes a mis días pudieran traerte sin esfuerzo. Si la
incomodidad constante que tengo en estas latitudes se acabara. Si mi atención
plena y mi amor por la vida activa se esfumaran. Si me asiento mirando de reojo
ese tránsito perpetuo. Si pudiera hacer algo que valga la pena. Si mi nomadismo
incurable no se volviera de a poco furioso por comprender desde dónde y hacia
dónde cresta vamos y adónde estamos. Si alguien quisiera estar una eternidad
conmigo a pesar de todo. Si tuviera más respuestas a esa violenta intuición de
todo lo que va llegando. Si mi inspiración se vaciara de un referente fuerte
que siempre llega aunque vaya cambiando. Si la existencia es rendirse. Si yo
tan solo pudiera saltar de una rama a otra sin contratiempos. Si toda mi
energía no se fuera en suspiros por lo sublime y lo triste. Si mi rabia me
llevara a un lugar determinado. Si esos libros viajeros no pudieran nunca llegar
a mí. Si tu realidad fuese más clara. Si llegaras sin quinientas caídas e
imprevistos. Entonces si todo eso sucediera yo estaría muerta, muerta, muerta,
acabada, extinta, sin valor para abrir los ojos, sin ambición de salir por esa
puerta y enviarte estas palabras. Quizá es eso. El cansancio existencial se
vuelve grande a veces. Quizá es eso. La complejidad existencial merece que
entre en esa maleta viajera llena de libros perdida en un pequeño barco, y que
me lleve a unos parajes más llenos de respuestas. Más llenos de calma. Donde
vivir no sea tan extremadamente complejo y las letras puedan dar un antídoto a
mi envenenada herida que solo a veces se llena de sentido. Donde pasar los días
no esté tan lleno de emociones desbordadas que se marchitan y se vuelven
fructíferas. Donde alguna vez haya paz y los pájaros quieran acompañarme. Donde
haya sosiego para las almas llenas de palabras en una maleta flotando en el
agua aunque sea imposible. Una tregua que otrora creí posible. Una vida entre
las páginas sin tanta exposición a la lluvia. Un amor que se abastezca echando
mano a ciertas frases que puedan llenarte los días como si fuera suficiente. Una
razón para seguir adelante que dure más de cinco minutos. Unas promesas que
puedan mantenerse en el tiempo. Una quietud que aunque me mate quizá termine
por darme la vida. Esa que se me va cada vez que te vas, y cada vez que me voy.
Esa que me lleve hasta ti y quizá eso signifique finalmente algo. No veo que
haya una paz real. No veo que ese alivio momentáneo vaya a prosperar sin tus
ojos. No puedo estar sin ti. Sí, tú, y él, y tú, y él y tú, y quizá otro, y no
tengo la menor idea de cómo se pronuncia tu nombre, y quiero saber cómo se
hace, y quiero saber cómo cresta se mantiene una misma mirada a tu lado en el
tiempo, y quiero maldecir a la vida por sus injusticias, por su dificultad, y
quiero que alguien sepa qué cresta significa esas encrucijadas pero quizá nadie
sabe, nadie sabe nada, miran para otro lado. Y yo no tengo más ejércitos que
vayan a acompañarte para que puedas darme la vida. Y yo no tengo más alma para
mostrarte todo eso bello que nos espera. Y yo estoy tan cansada que no quiero
seguir subiendo este cerro. Y yo no sé si hay más vida después de la muerte. Y
yo no quiero morir cuántas veces alcancen para que sepas que no hay seiscientas
sino solo unas cuantas oportunidades en la vida. Que no puedo darte mi
existencia en un pequeño envoltorio para que la tengas en tu mesa de noche y la
mires a veces antes de dormir. Que tengo mucho miedo de perderte y no poder
encontrarte. Que no hay dos veces que podrás romperme el corazón y salir airoso
y seguir adelante y morir. Morir, morir, sin valor para abrir los ojos, sin el
coraje de hacer de la existencia algo digno de ser vivido sin esa mediocridad
aplastante, sin toda esa monotonía que te alcanzará si decides seguir adelante sin
mi amor que mata de gozo. ¿Dónde estaba esa maleta llena de palabras? Creo que
iré a buscarla. En un pequeño barco que quizá me aleje de tu orilla y me
muestre lo que se siente cuando alguien te lee esos párrafos sin esfuerzo, río
abajo, en una flor de loto desprendida.
8 de agosto de 2015
Mudez suplicante
Let the dead be the dead
Let us live in the sun
Oh pretending
From here until the car ride home
Gang of
Youths, Knuckles White Dry
A veces
me quedo muda, muda, una ráfaga de viento se lleva mi voz. Y tiemblo por el
presente, y tiemblo por el futuro. No escucho tu cobijo aunque quisiera. Ya no
tienes cobijo quizá. Quizá también te quedaste mudo. A veces me quedo muda, y
la música eriza mi piel y mi garganta está vacía. Y en mi pecho un desierto. Y
una compasión que desea manifestarse. Ayer hacía tanto calor, y hoy las nubes
han tomado mi voz. Y la página en blanco se llena de palabras, aunque la voz no
pueda decirlas. Porque las palabras están aprisionadas, pero se escapan a pesar
del silencio. Es la manera de hablar de los momentos mudos. ¿Es que hay un
momento que se puede ser todos esos seres ahogados en el mediterráneo? ¿Es que
hay un momento que se puede ser todos esos seres empujados contra el paredón
por humanos indignos de ser llamados humanos? ¿Es que existe algo así como esa
sintonía en el silencio? La mudez llena de súplica. La mudez llena de significado.
No es verdad que estamos todos tan bien. No todos estamos tan bien. No todos
estuvimos tan bien. No todos estaremos tan bien. El alma silenciosa se une a la
ventisca. No tenemos miedo pero a veces tenemos miedo. En las fotos hay colores
pero las almas a veces están tan negras. ¿Por qué no compartimos también
nuestra miseria? ¿Por qué el vacío es dejado de lado al momento de expresarnos?
La luz y la sombra son dos caras idénticas. Idénticas. Contrapuestas, pero turnándose,
pero presentes. En el verano hay granizo. ¿Por qué no decimos que a veces
nuestra seguridad se esconde? ¿Por qué no decimos que el mundo de mentira puede
agrandar nuestro vacío si creemos que todo lo que ocurre en él es cierto? Que
todas las sonrisas son solo sonrisas, son siquiera sonrisas, que en el alma un
pequeño agujerito nos acompaña a veces. ¿Dónde están las fotos de nuestra alma
agujereada? Estar agradecido no es incompatible con los desiertos. ¿Y si
compartimos nuestros miedos? ¿Y si eso nos hace más humanos? ¿Y si eso nos hace
comprender mejor a los seres del mediterráneo, a los seres del paredón? ¿Si
nuestro vacío se une al de ellos y eso es una luz de hermandad que lleva un
pequeño consuelo divino, humanamente divino, humanamente sagrado? En qué
momento nos creímos tan todopoderosos. En qué momento creímos que sonreír era
la esencia de la vida. El sonreír solo abandonado a su propia soledad. El
llorar es sonreír de manera más verdadera. Quizá la unión de ambos es lo que
puede llevarnos a entender la soledad de las almas postradas, cortadas antes de
la época del florecimiento. Quizá mostrar nuestro vacío nos lleve a aumentar
nuestra indignación contra todo lo indigno. Quizá llorar nos salve la vida.
9 de julio de 2015
A propósito del aborto
A propósito del aborto:
Las ricas
abortan, las pobres mueren
En
Francia es legal y financiado por la seguridad social en cualquier caso (o sea
sin necesidad de esgrimir razones). Con mucha frecuencia me indigna
profundamente que Chile sea tan conservador e hipócrita. En Francia es legal
desde 1975. O sea Chile está ya a 40 años de distancia.
Respeto
la opinión de todas las personas, pero de tanto en tanto me abrumo de que en el
país donde nací la libertad importe tan poco, y la equidad sea tan, tan
pequeña. Entonces me veo en la necesidad de decir algo. El cuerpo no es el
espacio público! respeten a las mujeres, y a su intimidad y privacidad. Me
molesta mucho que los adultos sean tratados como niños a quienes hay que
dirigirles la vida (con mucho respeto hacia los niños). El que quiera tener una
religión que la tenga, pero no nos obliguen a todos/as! y como nota al margen,
por favor no confundan religión con espiritualidad, porque esa última sí que me
interesa, y mucho.
“Ay…
Chile está a años luz de algo así. Más encima esgrimen argumentos bajo una
<<pro-vida>> que no es tal, como si los que estuviéramos a favor
del aborto fuéramos <<pro-muerte>>”.
Que
desastre más grande...
¡¡¡Por
qué se meten con nuestros úteros!!! La diferencia es que if you have money
nunca hay problema, ¿¿y si no?? Chile siempre con la doble cara, votemos que
no, pero igual lo hacemos, total, que se frieguen las que mueren, total,
nuestras mentiras valen más que sus/nuestras vidas.
“Estoy completamente
de acuerdo, aborto libre y gratuito. A más a más encuentro demencial que ni
siquiera se consideren los supuestos de inviabilidad fetal, violación,
problemas psicológicos de la madre, riegos de salud para la madre. Sí al aborto
en todos sus supuestos. Por cierto Francia es uno de los países europeos con el
mayor índice de nacimientos. Que derecho tenemos en meternos en una decisión
tan personal.”
“Y a propósito
de eso, la mujer pobre o de clase media que no puede pagar una clínica privada
dónde tenga contactos con médicos que no digan el verdadero procedimiento (porque
la gente de clase alta se hace un aborto pero en los papeles dice apendicitis, por
ejemplo) si realiza el aborto (con pastillas u otro método de dudosa
salubridad, es conocido en las clases más bajas el raspaje con un apio, ¡¡sí!!,
¡¡un apio!! O también la patada a la altura del útero con la mujer parada en la
calle y el golpe de alguien en moto a alta velocidad, por ejemplo), arriesga su
vida, y además, si algo sale mal o se muere o llega a un hospital público, los
médicos la denuncian por haber cometido un delito y se va presa, o sea arriesga
su salud, su vida y después su libertad.”
Vamos que
se puede…
Y es que el tema no es ser forastero el tema es mi piel morena
Y
ser extranjero no es el dilema
Acá
hay viajeros de pelo rubio y tienen cero problemas
Y
es que el tema no es ser forastero
El
tema es mi piel morena
Los
pobres no tienen patria
Los
pobres no tienen patria
Portavoz, Poblador del mundo
He
recibido una respuesta favorable de extranjería para mi prórroga de estancia
para investigación o estudios, que rico…
¡Hasta
cuándo esta mierda! Dejen a la gente tranquila, que cada persona pueda vivir
donde se le venga en gana. La tierra existe de mucho antes que toda esa
legislación del carajo que decidió parcelar el mundo en pequeños espacios
exclusivos. El “extranjero” debe cada año dar razón de sus actividades al
estado que lo “hospeda”, como dar cuentas a un padre de haber dado los exámenes
y aprobado con buenas calificaciones. Los que en ese proceso dan cuenta de
disponer de una cuenta corriente cargada de recursos, y un quehacer “útil” al
estado, pueden continuar la solicitada estadía, pero quienes no, corren una
suerte distinta, porque no vaya a ser cosa de que el país se nos llene de
hueones raros, porque como todos los países son homogéneos, claro, nada que ver
que vengan otros con caras pintadas o
costumbres inéditas que puedan dañar nuestros valores, o quitarles el trabajo a
todos, porque como no hay nacionales en otros países haciendo lo mismo, hay que
estar atento a esa debacle que nos han dicho que podría llegar. Total, como no
le robamos todo al resto del mundo, y no creamos violencia que obliga a las
personas a desplazarse, ¿por qué habríamos de acogerlos? Que se queden en su
casa, porque para eso nosotros nacimos aquí y somos súper buena onda y mucho
más inteligentes y decentes, que asco esa gente súper diferente a mí, sin
humanidad a mí manera, sin los mismos deseos y miedos, unos alien en
definitiva, extraterrestres de tomo y lomo…
Que
alguien detenga esta rendición de cuentas basada en circunstancias aleatorias y
esta negación de que no hay diferencias reales en las que basarnos para
excluir. Hasta cuándo pedir permiso para existir. ¿Cuándo deciden los
oprimidos? ¡Opinemos todos a ver qué pasa!
Como dice
Seyla Benhabib, una de las personas más sensatas que conozco:
“el
proyecto de solidaridad posnacional es un proyecto moral que trasciende las
fronteras estatales existentes y en ninguna parte son más evidentes las
tensiones entre las demandas de la solidaridad universalista posnacional y las
prácticas de pertenencia exclusiva que en el sitio de las fronteras y límites territoriales.
[…] La nueva política de membresía tiene que ver con la negociación de esta
relación compleja entre los derechos de la membresía plena, tener voz democrática
y la residencia territorial. […] tales negociaciones e iteraciones democráticas
se dan el contexto de una sociedad mundial de estados. En consecuencia, las
políticas relativas al acceso a la ciudadanía no deberían verse como actos
unilaterales de autodeterminación, sino más bien como decisiones con
consecuencias multilaterales que influyen sobre otros entes en la comunidad
mundial. La soberanía es un concepto relacional; no es meramente
autorreferencial. Definir la identidad del pueblo democrático es un proceso
continuo de autocreación constitucional. Si bien la paradoja de que quienes no son
miembros del demos seguirán siendo afectados por sus decisiones de inclusión y
exclusión no puede ser eliminada por completo, sus efectos pueden mitigarse a
través de actos reflexivos de iteración democrática por el pueblo que examina
críticamente y altera sus propias prácticas de exclusión. Podemos hacer que las
distinciones entre <<ciudadanos>> y <<extranjeros>>,
<<nosotros>> y <<ellos>>, sean fluidas y negociables a
través de iteraciones democráticas. Solo entonces podremos avanzar hacia una
concepción posmetafísca y posnacional de la solidaridad cosmopolita que en
forma creciente vaya colocando a todos los seres humanos, en virtud tan solo de
su humanidad, bajo la red de los derechos universales, mientras se van
reduciendo golpe a golpe los privilegios excluyentes de la membresía.”
Ya,
hagamos un movimiento mundial, ¿quién se une? empecemos ahora mismo. ¡Sin
miedo!
Listo,
todos los interesados me mandan sus correos y empezamos un think tank de intercambio
de ideas. Un debate constructivo. Si me dan un poco de tiempo veré cómo
articularlo.
Los morenos no tienen patria
Los morenos no tienen patria
6 de julio de 2015
Me deslicé por el momento en blanco
Me deslicé por el momento en blanco. Sólo había
música, “A Sudden Light”. Pensé: ¿y si se acaba la música? Observé de reojo la
blancura transparente del momento. Me aferré a su brillo para que no me
abandonara. Me aferré a la emoción de cada nota para que se llevara mi alma.
¿Quiero cambiar algo?, pensé, y mi mente estaba vacía. ¿Hubo alguna vez sueños?
La voz se llevó aquel intento de nostalgia que ya no tiene asidero.
Me deslicé por el momento en blanco. ¿Hay tal cosa
como el presente? Yo tenía un sueño que hoy se presenta. Un atisbo de utopía
que envalentona. Una entrega imposible. El presente constituye anteriores
sueños. Si alguien hubiese recitado mi presente otrora lo habría llamado iluso.
Me deslicé por el momento en blanco. ¿Sabes lo que
había? Ganas. Ganas de mis ganas de expresarme. Deseos de absorber toda la
energía del verano. Si me hicieran apostar, apostaría por tu fuerza. Quizá mis
ganas se nutren de ella.
Me deslicé por el momento en blanco. A veces hay que
renunciar. Ver las bondades del blanco. Detenerse y saborear. Ver que el
presente alguna vez fue anteriores sueños.
Me deslicé por el momento en blanco. No habría
podido sin este calor que me derrite. Sin el deshielo del entusiasmo. Si tuviera
que tocar una canción no tendría letra.
Me deslicé por el momento en blanco. Si el jazz se
adhiere a mí es porque le he dado un espacio. Si me he quitado mil pesos de
encima es porque me pesaban mucho. Si el espacio es espacio es porque los mil
pesos de encima los dejé en la carretera. Si el jazz irrumpe y se adhiere es porque
la espontaneidad está llena de espacio. La improvisación se ancla en el alma
abierta.
Me deslicé por el momento en blanco. Una vez más esa
página frente a mí. Un placer inexplicable y tan poblado de libertad. Un gozo y
una llamada de auxilio. Una seguridad y un trampolín. Bendita página que me
deja escribirla. Bendito el día que el milagro me dio una pluma.
Me deslicé por el momento en blanco. Lo invité a
conversar conmigo. Le preparé un café y le dije que yo veía su profundidad. Le propuse
amistad. Él estaba orgulloso de su pureza. Hoy llega cada vez que el momento
está calmo. Vuelvo a prepararle un café y le digo que antes de él hubo
anteriores sueños. Le digo que su llegada me inspira. Que de ella brotan nuevos
sueños y palabras.
Me deslicé por el momento en blanco. Vacié mi
presente y sólo dejé que la música penetrara. Unos pensamientos empezaron a
llegar y a mezclarse. Luego la emoción no dejó que cesara la fiesta. Aclamado sea
el blanco fecundo.
Me deslicé por el momento en blanco. Recordé a los
músicos que inundaron mi sangre el último tiempo. Las letras están llenas de
música. No veo que una pueda sobrevivir sin la otra. El alma está colmada de
ganas. Ansias de salir de ella misma y contarte los paseos que la han llevado a
desintegrarse de gozo. Un gozo convertido en acordes y en frases. Un encuentro
con la muerte que te lleva a anhelar apasionadamente la vida. Un no retorno que
sólo puede elevarte.
Me deslicé por el momento en blanco. No fue tan mala
idea después de todo. Finalmente, el presente es lo único real. Y los sueños
llegan, tarde o temprano.
5 de junio de 2015
Todo eso que compone un cuadro planetario y que todo lo quema hasta llegar al hielo y viceversa
Afuera un
sol radiante, mucho calor, me convierto en fuego, no siento mis manos, mi
espalda arde, mi ojos son llamas, mi pelo son chispas al vaivén del viento, no
pensaba vivir pero vivo, no pensaba amar pero amo, no pensaba expandirme pero
me expando, observo cuatro cosas y ya no quepo entre las paredes, y todo se
quema, y salgo a la calle y ruedo, y voy encendiendo todas las puertas, y el
sol se me une, y me estremezco de bienaventuranza, y dudo de mi potencial, y
giro en espiral y mi fuerza se confirma, y el ritmo hace bailar a las ramas de
los árboles, y todo gira hacia las nubes, y tiro la cabeza hacia atrás como
despidiendo gotas de fuego, y el laberinto se vuelve interminable, y las patas
de los elefantes se alargan, y los tigres vomitan abejas, y despierto y duermo,
y estoy despierta, y los barcos están alineados, y se mecen al dulce movimiento
de las pequeñas olas, y una calma agitada, y un temblor encendido, y un poco de
viento que aviva pero acuna, y un suelo como un ajedrez, y pequeñas piezas que
se acercan y se alejan, y pequeñas calles de blancas casas, y una existencia
poblada de cactus, y una vivencia poblada de flores que gritan, al alma del
asombro, a la esencia de esta bicicleta ensangrentada, a la sustancia de esa
tierra que se pega a las plantas de los pies, a esas pequeñas piedras que
llegan al último nervio escondido del cuerpo al sentir la piel, a toda esa
tormenta que no logra llevarse a las embarcaciones verdaderas, a toda la furia
del planeta, arrullada en los brazos de la melancolía, a todo el fuego que me
eleva y me hace chocar con las nubes, a todo ese desfile de mentiras y
marionetas, a toda la inocencia submarina esperando zarpar, a esa imaginación
que me clava a la tierra, a todas y cada una de esas ramas y piedras ardientes
que me hacen transpirar, a ese río que desciende con agua glacial, a cada rezo
que vibra dentro de los pulmones hinchados, a cada pequeño gesto de respeto, a
un indígena Lakota venerado por unos franceses, a su esposa alegre y sensible,
a toda la perplejidad que causa la superabundancia, a la simplicidad que mueve
las montañas que parecían tan firmes, a esas pequeñas gotas de rocío que se
abren paso, a esa flauta que resuena y que amiga a los sioux y a los incas, a
toda esa puta sangre que nos compone y nos desangra, a unas almas unidas en un
pequeño paisaje de bosque tranquilo, a todo el odio que nos ha quitado a todos
la lengua y la cabeza, a todo el amor desperdiciado, a todo lo que le he
quitado a la vida, a todos esos momentos sagrados que construyen mi figura y
semblante visto hacia adentro, a todos esos pasadizos agradecidos que circulan
por mi cuerpo clamando cordura, a toda esa locura que le ha dado un sentido a
mi propia vida, a toda esa locura que es más cuerda que todo este circo, a toda
esa realidad demasiado real pero mostrada falsa, pero tergiversada y perdida, a
todas las lágrimas de esos actores embrutecidos, a los saltimbanquis de la
miseria que me dan asco, a toda esa carne esperando ser devorada, a un sinfín
de bajezas sin nombre, a un artista que vuela y se estrella, a la música de la
vida que como tono interior nos acompaña sin descanso, a todas esas lenguas y
lenguajes que han querido expresarse, al talante potente de quienes han sabido
defenderse, a la magia de lo irreal real, a esa pequeña esfera de la vida que
es la más grande y se construye de miradas y gestos, a todas las fronteras que
derribaremos, a toda la libertad que vamos a alcanzar juntos y dentro nuestro
en un atardecer en el campo con los rayos de sol entre las copas de los árboles
y la hierba, a toda la paz que vamos a lograr llena de silencio y de fuerza
propia, a todo eso, lo poso sobre un cuadro que luego cuelgo en mi salón, y mientras
lo observo, sé que el planeta es inabarcable, y que el fuego que hoy todo lo
quema puede mañana ser hielo hasta derretirse y viceversa, y que lo sagrado no
está en los libros, desgraciadamente, o por milagro.
13 de mayo de 2015
Sobre amar con perplejidad
A veces
una flecha se clava, y luego no estás y duele tanto, y en mi existencia hay una
idea fija, tu sonrisa en mis días, y la flecha duele, y mis días y tu sonrisa
quieren encontrarse, y solo está lleno de sangre que hay que limpiar con
cuidado, y el sol afuera da un poco de fuerza, y te lo digo, con la ilusión de
mil flechas juntas, con el dolor y la duda, con esa alma que tengo, desnuda y
frágil hacia ti, y te digo que pienso que eres el amor de mi vida, que ese balcón
soleado donde te encuentro siempre me da como un ladrillo en la cabeza cada día
donde ese despertar es estar alerta, a la nada que es la vida, a la inmensidad
que es la vida, y planeo y planeo, y me destruyo y me destruyo, y te digo,
quiero estar contigo, y espero, y te digo que la vida vivida con esa risa tuya
es lo más bello que he vivido, que te conocí y empezó el milagro, y observas en
silencio, y me dices deja de lado esas maletas y yo sé que es una buena idea
porque estar sin ti es como morir muchas veces en fila una tras de otra con
pequeños intervalos de esperanza, y yo sólo quiero sentir latir mi corazón, y
vivir juntos el silencio, ese silencio del mundo detenido, ese silencio de la
incertidumbre, de la tristeza, y ese silencio de la conexión, de la comunicación,
de lo sagrado, y sólo confirmo que apareciste en mis horas y semanas para ver
que el tiempo no pasa, que va lentamente si el calor de tu existencia acogedora
y cariñosa alcanza mi alma inocente y a veces ya endurecida, y dejo de lado
todo y me dejo llevar por tu comprensión y tu respeto constante, y me dices
siento estar viendo todo a través de tus ojos, y donde miro estás tú, y yo sé
que nada es fácil, pero que los oasis son dignos de quedarse en ellos un
momento más, sentarse en la arena, con los pies en el agua, y me quito las
flechas y te invito a fluir por el río, aunque sea con miedo, porque bajo el
agua no vamos a llegar a ningún lado, y porque quiero abrirme el pecho para no
ahogarme con tanto amor que me inspira tu figura, por esa sensación que puede
llevarte a construir civilizaciones con casi nada, por ese amor que llega a
doler, por todo lo que no conocía y ahora conozco, por esa oportunidad de ser
humano, de amar con dudas, de amar con perplejidad, de amar la incertidumbre, y
de dejarte llevar por los manantiales, con la promesa quizá de prados floridos
al viento, y la certeza de que voy a amarte aunque sea lo último que haga.
11 de abril de 2015
Y yo… ¡cómo me voy a ir!
Duro
dos segundos el atardecer
Me
quemo por dentro
El
alma y el cuerpo
La
sangre está hirviendo
Sin
alma en el cuerpo
Me
quemo por dentro
Bomba Estéreo, El Alma y el Cuerpo
A veces
dudo, la lejanía, como un eco a la distancia, me llama, me dice cuánto tiempo
crees que podrás estar lejos, y si tu familia te llama, te necesita. Y si el
amor se vuela, como un pájaro en cámara lenta que no detiene el batir de sus alas.
Y si la nostalgia me carcome, y si me desoriento. Y si me quemo por dentro con
una pasión por volar alto y quiero partir. …Y me llamas, y me dices miamor, je
t’aime… y yo… ¡cómo me voy a ir! Quiero estar aquí. Dijimos creemos vida, y yo…
¡cómo me voy a ir! No sé lo que eso significa. A veces tengo miedo. Dijimos,
compartamos nuestra vida, y yo… ¡cómo me voy a ir!… ¡Cómo me voy a quedar!, a
tientas, hasta que pueda ponerme de pie, decir, sí, no conozco este lugar, pero
quizá pueda conocerlo, quizá no necesite conocerlo, quizá lo desconocido sea un
aliciente a mi pluma, quizá puedo sacrificar una cosa por otra, quizá puedo
sacrificar mi vida a la pluma, entregar mi comodidad a las hojas en blanco para
que puedan desenvolverse libremente, dar vueltas en redondo, partir y regresar,
sentarse en el puente y conocer a la vida frente a frente, sin subterfugios, la
vida sin muros, la existencia sin fronteras, y el corazón tranquilo, guardado
entre dos manos, que lo cobijan, a quienes les das tu confianza, porque no te
queda otra, porque tú ya estás en otro lado, en la desorientación creadora, en
la resignación de la vida, en la entrega de tu alma a la fértil ventisca, yo no
entiendo nada, y yo… ¡cómo me voy a ir! Si yo vine a no escapar, yo vine a ver
más colores de tus ojos, a profundizar en tu alma, si yo vine a poner una letra
al lado de la otra, un vuelo al lado del otro, un dolor al lado del otro, un
sentido que tenga sentido, que pueda leerse y tenga sentido, que pueda sentirse
y tenga sentido, un lápiz que se concentre en el pasar del río, unas letras que
signifiquen algo, que se organicen y se rindan a la belleza que acecha. Y
entonces, ¡cómo me voy a ir! Si no quiero volver, nunca he querido volver, pero
luego, si ya no puedo partir, ¡cómo me voy a quedar!, pero, ¡no puedo partir!,
pero, ¡no quiero quedarme partiendo!, quiero quedarme quedándome, pero que esa
parte que está partiendo sea todo ese amor que me espera al otro lado del
océano, y que fue lo que me dio la vida, para poder estar ahora quedándome, a
pesar de a veces pensar en estar partiendo. Me quedo quedándome, porque nunca
se sabe cuándo se está ya partiendo, y yo vine a no escapar, yo vine a vivir ,
viviendo.
2 de abril de 2015
El pato
No podría
decir cuánto anhelo aterrizar en mi vida como el pato que aterriza en el agua. Viene
volando, frena sin contratiempos, y luego veloz, pero dulcemente, se posa en el
agua, donde sigue deslizándose hasta donde le permite el impulso. Luego continúa,
las plumas en su sitio, las alas plegadas y la mirada al horizonte,
desplazándose de acuerdo a quién sabe qué criterio, quizá incognoscible para el
ser humano. No podría decir cuánto anhelo fluir por la existencia como el cisne
que se desplaza al compás de la corriente. No opone resistencia, y su relajada estructura
se acomoda al vaivén como una danza de leves oscilaciones compuestas de nuevos
matices y ritmos. Sin esfuerzo, deja entrar a eso que va llegando a su tiempo,
como una embarcación a la deriva a la que arriban nuevos amigos. No podría
decir cuánto anhelo ser como esos cisnes que duermen a plena luz de la mañana. No
les importa que alguien los vea, ellos siguen su llamado, reposan la cabeza y
el largo cuello sobre el lomo blanco y suave, se entregan a lo que creen, se
acompañan, y aunque me acerque a ellos, continúan en su convencido descanso, y
de cuando en cuando uno u otro levanta la cabeza para vigilar que el mundo siga
igual, aunque sin mayores pretensiones de partir. No podría decir cuánto anhelo
ser esas ramas sumergidas que se asoman de tanto en tanto, las veo mecerse
mansamente, en cadencia con las pequeñas olas. Esas ramas que tienen su mundo
propio, ahí dentro del agua espesa, llena de vida, cristalina y verde, esas
ramas que tienen su mundo paralelo, acuático, diferenciado, bullente, saciado. Un
mundo insaciable y cambiante. Un mundo mudable, un mundo interior, análogo,
donde refugiarse, donde correr cuando fuera del agua no haya inspiración ni
respuestas. No tengo tanto, pero al menos tengo conciencia de algo: de que no
tengo tanto. Al menos tengo conciencia de algo: no tengo tanto, pero cuando
tenga menos, sabré que lo tenía todo.
1 de abril de 2015
Los cisnes
Corría
hoy en la misma dirección del río, desbordada de ideas, como la mañana,
atestada de esperanza, en quince minutos había pintado un gran cuadro, bailado
flamenco, enseñado español, escrito cinco textos, estudiado en Alemania y fotografiado
varios árboles. Al final del trayecto, cuatro gigantescos cisnes me dejaron sin
habla. Detuve mi caminar. Se mantuvieron impasibles, pero supongo que alerta,
estáticos y preparados para partir en caso de necesidad. Pensé: al final de un
camino de sueños, algo queda, algo se cristaliza como ya ejecutándose, como que
estuviera ya llegando. Luego partí, de vuelta por el parque, con esa sensación
de tarde, de realidad, de día que acaba, y de sueños incumplidos o por
cumplirse, pero con la flecha del esfuerzo, siempre presente como ir río arriba,
la flecha de la resignación, siempre insípida y perdida, la flecha de las circunstancias,
nunca del todo clara y cargada de azarosas concurrencias. Quizá estoy llegando
a algún lado, pensé. Quizá estoy estando en algún lado. Quizá todo eso que
estoy ahora, cuando llegue la noche será nada. Quizá todo puede desvanecerse en
el aire como correr al parque y ser otra al volver.
31 de marzo de 2015
El río
El río
iba muy deprisa hoy, podía observarse su corriente agitada, pensé: listo, ahora
se va a llevar todo. Los cisnes iban tranquilos, en sentido contrario del caudal
febril. Pensé: listo, ahora ellos pueden sortear la fuerza de las
circunstancias. Las blancas flores del cerezo caían de cuando en cuando
lentamente como volando en el veloz torrente. Pensé: listo, ahora eres frágil,
y el río te lleva a un paseo que quizá te hunda o quién sabe te despierte. Adónde
van. Adónde quieren ir. A ningún lugar, puede ser. A ningún lugar.
14 de febrero de 2015
Feliz día a este amor
Feliz día
a este amor sin nombre, a este amor libre, a este amor profundo. A este amor
aterrizado en la realidad, a este amor difícil, a este amor fácil. A este amor
desconcertado, a este amor esperanzado, a este amor tranquilo. Feliz día a este
amor loco, como la locura que llevamos dentro, este amor apasionado, este amor reivindicador,
con quinientas lanzas para sindicar lo vergonzoso. Este amor que recomienza
nuestra vida, que no pide grandes montañas, donde pequeños senderos para
caminar juntos es todo lo que puede pedírsele a la existencia. Un amor sin
grandes estructuras, con descendencia espiritual pero no física, con un calor
de hogar donde cada cosa tiene una energía que anima. Un amor con mucho diálogo,
con momentos compartidos llenos de algo profundo como la conexión de dos mundos
inocentes y abiertos. Un amor donde todo es posible, donde recorrer el mundo
convive con el día a día como abrirse el alma es posible en cada flor. Donde cada
rama está indicando que la vida es solo esto, es sobretodo esto, y donde no
seguimos esperando, y el momento de hacer lo que tu corazón te pide a gritos es
ahora mismo, juntos, uno al lado del otro, cerca, pero lejos, un poco lejos
porque cada uno tiene su espacio, pero cerca porque eso que tu corazón pide es
lo que yo quiero ver que tú hagas. Desde un gran árbol cuéntame cómo es ahí la
vida, y yo podré escribir sobre ello. Yo escribiré sobre todo y tú estarás en
cada árbol. No quiero que cambies nada, y tú también seguirás amándome como
soy, porque la vida ya terminó para nosotros, porque recomenzamos otra juntos,
porque no hay necesidad de moldear el barro a nuestro arbitrio, porque el color
de cada flor es sagrado y le pertenece a cada una, porque pedimos tanto a veces
y no es necesario, porque una vida compartida con amor y un alma plenas es lo único que puede importarnos. Porque intento amarte con toda esa energía que
hasta ni yo sé que hay en mí, porque la vida tiene poco sentido, pero si tu
corazón encuentra algo profundo entonces es posible seguir, porque es posible
darle un sentido que rellene todos esos espacios de dudas, y devuelva la pasión
a tus días y a todas esas palpitaciones que los habitan, yo no veo que haya
mucho más. En este día, pensar en ese amor de verdad, que no necesita soportes,
que se mantiene porque es regado, porque está hecho de comunicación, porque
está hecho de respeto, de desear lo mejor para el otro, pero lo mejor para él,
no tu propio mejor. Me detengo un momento, miro por la ventana, sopla el
viento, veo un poco de sol por entre las nubes. No creo que exista un alma
gemela a la que alguna vez encuentras o no. Creo que alguna vez tus sentidos
están despiertos, y por alguna razón alguien cuyas vibraciones tienen un compás
en lo profundo parecido al tuyo, llega a tu momento, entrando en la trama de tu vida y en tus poros. No sé por
qué pasa, pero es lo que a mí me pasó contigo. La segunda parte de mi vida me
reservaba algo bueno, algo diferente, algo nuevo. Sólo dime que no vamos a
estancarnos, que el mundo nunca se volverá pequeño ni sus vicisitudes y
milagros nos serán indiferentes. Dime que un día sabremos por qué tus pies te
llevaron hasta mí, y los míos hasta ti. O acaso fue esa fuerza de la
curiosidad, tu necesidad de mundo y la mía. Feliz día a eso que hay entre
nosotros, donde confluye tu fuerza y la mía, feliz día a lo que eres, feliz día
a que estás a mi lado, feliz día al café que tomamos juntos en la mañana, feliz
día a toda la música que nos acompaña, feliz día a la posibilidad de estar
juntos, feliz día a todo el amor que me das, a todo el amor que te doy. Feliz día
a que lo que tenemos son días, y que juntos formen años. Que tu risa esté
siempre en mi esperanza.
24 de noviembre de 2014
Para este nuevo año que comienza
La vida
se ha vuelto mi amiga. Hace un año luego del abrazo de año nuevo, un ser mágico
ha ocupado mis días. Hace un año mi cuerpo decidió abrirse el pecho y elevarse
a otras dimensiones. Hace un año que los libros llenan mi atención. Las palabras
tocan los timbales de la orquesta, con fuerza. La naturaleza ha invadido de
verde mi asombro. Aquellas pequeñas calles de historia han dado un gozo a mi
alma. Los nuevos idiomas han poblado de diferentes mundos mi fascinación sin
límites. Lo simple ha llenado de admiración mi infinita curiosidad, como una
pequeña abeja buscando la miel. Esos grandes ríos le han dado movimiento,
fluidez y coherencia a mi entendimiento. El amor y su aliada la belleza han
abierto todos mis poros otrora adormecidos o demasiado agitados. Ahora quisiera
hacer dos cosas. La primera. Agradecer. Agradecer. La segunda. Decir que he
encontrado mi lugar en el mundo, y para este nuevo año que comienza, desearles,
si aún no lo han encontrado, que lleguen a él, como a un bello prado florido.
La vida nunca había tenido tanto sentido. Si luego todo cae, no importa, doy fe
que hay un lugar, y que el conocer el sentido te hará despojarte de todo lo demás
a lo que te aferras en vano. Dándole espacio a toda esa vida escondida
esperando despertar y latir, disfrutar, crear. Respirar hondo, dejarse llevar.
22 de septiembre de 2014
La onda patriótica
La verdad
me carga la onda patriótica, y desconfío de las celebraciones que incluyen a
una gran cantidad de gente, los mensajes de viva Chile o cosas así hoy dieciocho de septiembre me han
incomodado. Si la patria significa exclusión entonces no vale la pena. Me
molesta tener tantos rótulos, y me molesta que todo esté clasificado por
nacionalidades. Yo no escogí mi nacionalidad, y sin embargo debo cargar con
ella, como todo el mundo. ¿Por qué no puedo vivir donde quiero?
"La sociedad ha descubierto en la
discriminación un instrumento letal con que matar sin derramar sangre. Los
pasaportes, las partidas de nacimiento, y a veces incluso la declaración de
renta, ya no son documentos formales sino que se han convertido en asunto de
diferenciación social” Hannah Arendt, Nosotros,
los refugiados.
13 de septiembre de 2014
Encontré el sentido de la vida. Es para el otro lado
Hablemos
en serio. Acaso tú sabes por qué estamos aquí.
No lo sé.
Me encantaría saberlo… Pienso, de todas maneras, que hay más de una vida, eso
te da la posibilidad de cambiar tu respuesta más de una vez.
Nunca sé
bien adónde voy… Sólo conozco el presente. Sí sé que aún temo al dolor. O más
bien a la angustia. La verdadera angustia. Creo que no podría volver a
sobrevivir.
Cuando llega
el dolor hay que estar preparado. Sino es una catástrofe.
Creo que
nunca se está suficientemente preparado.
Es
importante saber que no puedes tener lo que no existe. Eso ayuda.
¿Sabes qué?
En realidad pienso que la vida no tiene mucho sentido. Quizá es eso,
simplemente no tiene sentido.
¿Para qué
vivirla entonces? Y me dices a mí que soy negativo.
Puedes
vivirla sin buscar un sentido que no existe. Requiere reenfocarse. Puedes cambiar
de dirección. Ir para el otro lado, o el otro, o cualquiera, porque da lo
mismo.
Es cierto,
ya estaba sintiendo yo la necesidad de cambiar de dirección.
Mira, ya
sé, lo que no hay es un sentido de la vida genérico. De la misma manera como no
hay una naturaleza humana genérica. Hay cientos de millares de sentidos de vida.
Puede
ser. Lo siento, pero si pienso en algo así, pienso en ti.
No digas
tonterías.
Una cosa
tengo que decirte: si alguna vez piensas en casarte o algo así, sólo recuerda
algo: ese es mi lugar, aunque nunca vaya a estar en él. No te equivoques, como
yo lo hice.
Quizá no
sabías lo que es el amor. O quizá lo habías olvidado, o lo habías confundido. Quizá
sigues sin saberlo.
Puedo no
saber cuál es el sentido de mi vida, pero sé lo que es el amor, sólo me basta
con mirarte. Quizá ese es el sentido de mi vida, amar.
Adrien,
no quiero equivocarme.
No puedes
saberlo ahora. ¿Estás enamorada?
Sí. O sea
sé que quiero estar con él, ¿eso es estar enamorada?
Estar
enamorado es pensar que la vida tiene un sentido. O sentir que lo tiene.
Ya te
dije, no creo que lo tenga, pero eso no quiere decir que no estoy enamorada. No
empecemos.
Sólo
recuerda, cuando te canses de vagar buscando el sentido, puedes buscarme a mí,
nunca es tarde para retomar lo que nunca debió haberse quebrado.
Como si nada
Una mujer
y un hombre están sentados frente a frente. Ella piensa –ya no lo quiero-, y él
piensa en su compañera de clase con quien conversó hoy y se la imagina en su
cama. Una mujer y un hombre están sentados frente a frente. Él piensa en su
trabajo, y ella piensa que está cansada de discutir. Una mujer y un hombre
están sentados frente a frente. Ella piensa –por qué se deja de querer cuando
una vez se quiso-, y él piensa –la quiero cada día más, pero soy un imbécil-.
Una mujer y un hombre están sentados frente a frente. Él piensa –tengo mucha
rabia-, y ella piensa –estoy muy desilusionada-. Una mujer y un hombre están
sentados frente a frente, ella dice -¿en qué piensas?-, y él dice –en la clase
de hoy que estuvo muy interesante-. Una mujer y un hombre están sentados frente
a frente, él dice -¿por qué estás tan callada?-, y ella dice –porque estoy
cansada de que todo sea un conflicto-. Una mujer y un hombre están sentados
frente a frente, ella dice –¿no te parece triste que el amor se acabe?-, y él
dice –yo te quiero cada día más, dime si vas a perdonarme-. Una mujer y un
hombre están sentados frente a frente, él dice -¿cuántos viajes más vas a hacer
ya no te veo nunca?-, y ella dice –todos los que pueda-. Al mes siguiente, la
primera mujer conoce al cuarto hombre y sienten que ha vuelto la vida; el
primer hombre invita al bar a su compañera de clase; la cuarta mujer conoce al
segundo hombre en un viaje y recorren la ciudad juntos; el tercer hombre
embaraza a otra mujer; la segunda mujer
cae en una crisis de angustia; y la tercera mujer se va de la casa. Luego los
traga el vacío a todos, y la vida continúa, como si nada. Como si tuviesen
buenas razones para seguir. Nuevas mujeres y nuevos hombres sentados frente a
frente. Detengan la obra para liberarnos al menos un segundo. Como si hubiese
algo mágico en tropezar y volver a levantarse. Como si lo miserable y el vacío
no existieran.
12 de septiembre de 2014
Faire l'amour comme une dance et vivre la vie comme une dance
Comme une danse
Légère
S’écouler sans autre but que de s’écouler
Fluir
Sin un fin más que fluir, como propuso Cerati.
Gustavo Cerati
Mi pequeño homenaje a Gustavo Adrián Cerati. Texto escrito el año 2007.
¡Gracias! Cuando queda tu música no mueres nunca.
Soda Stereo
24/10/07
Apenas me he bajado del avión, voy a mi casa a dejar las maletas, me preparo rápidamente algo de comer, y me voy al estadio nacional.
Ahí está Soda Stereo. Sus tres integrantes y otros cuatro que están acompañando en esta ocasión.
Me siento feliz de compartir con el grupo de amigos con el cual estoy ahí.
Soda Stereo y nosotros, y todos los otros.
Todos en una sola frecuencia.
No lo puedo creer.
Estuve ahí mismo en 1997 cuando tocaron por última vez, gritando porque no se fueran, y cantando lo más fuerte posible, sus melodiosas e ingeniosas letras y coros.
Y ahí están de nuevo, diez años después, para hacerme más patente el paso del tiempo, y para que pueda vibrar con ellos, ¡Una vez más!
Respiro agitadamente, esto es increíble. Salto con la masa, que me lleva de un lado a otro, pero no me molesta porque todos estamos en la comunión de la música.
Tocan tres de mis temas preferidos, Trátame suavemente, El séptimo día, Un millón de años luz; estoy en otro mundo, absolutamente abstraída de la multitud, el tiempo pasa lentamente, cada sílaba que sale de la garganta de Gustavo Cerati me llega íntegra, para pegarse en mí y seguir resonando en mi oído. El bajo y la mirada de Zeta Bocio causan estragos en mi cuerpo, mi pecho resuena fuertemente.
La batería de Charly Alberti da golpes en mis pies y me impulsa a elevarme y saltar sin poder parar. Ni siquiera la fatiga de las 40 horas de avión encima me impiden despegarme del suelo una y otra vez para bailar al ritmo de estos grandes músicos y poder ver un poco más por sobre la masa.
"Quiero que me trates suavemente" dice. Que maravilloso. ¿Lo puedes creer?
Es increíble. Es inverosímil. ¡Quiero que me trates suavemente!
Y dice "No vuelvas sin razón". Verdaderamente yo estaré a un millón de años luz.
No quiero que esto acabe. Los sonidos, las voces, las luces y los colores de las pantallas me tienen elevada. Ese bajo, ¡Ese bajo! y el que lo está tocando... Ojalá me hablara al oído.
Me quedo con la magia de esas dos horas y media. La entrega de los músicos y la complicidad que queda con mis amigos con los cuales compartí ese momento. Nosotros sabemos lo que pasó ahí, y cada uno disfrutó solo, a su manera esos acordes, pero juntos al mismo tiempo, haciendo del momento una sola vibración conjunta. Los quiero amigos y gracias Soda Stereo por estos años de música que han compartido. Han entregado un poco de buenas letras a mis momentos.
¡Primavera Cero!
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