Una mujer
y un hombre están sentados frente a frente. Ella piensa –ya no lo quiero-, y él
piensa en su compañera de clase con quien conversó hoy y se la imagina en su
cama. Una mujer y un hombre están sentados frente a frente. Él piensa en su
trabajo, y ella piensa que está cansada de discutir. Una mujer y un hombre
están sentados frente a frente. Ella piensa –por qué se deja de querer cuando
una vez se quiso-, y él piensa –la quiero cada día más, pero soy un imbécil-.
Una mujer y un hombre están sentados frente a frente. Él piensa –tengo mucha
rabia-, y ella piensa –estoy muy desilusionada-. Una mujer y un hombre están
sentados frente a frente, ella dice -¿en qué piensas?-, y él dice –en la clase
de hoy que estuvo muy interesante-. Una mujer y un hombre están sentados frente
a frente, él dice -¿por qué estás tan callada?-, y ella dice –porque estoy
cansada de que todo sea un conflicto-. Una mujer y un hombre están sentados
frente a frente, ella dice –¿no te parece triste que el amor se acabe?-, y él
dice –yo te quiero cada día más, dime si vas a perdonarme-. Una mujer y un
hombre están sentados frente a frente, él dice -¿cuántos viajes más vas a hacer
ya no te veo nunca?-, y ella dice –todos los que pueda-. Al mes siguiente, la
primera mujer conoce al cuarto hombre y sienten que ha vuelto la vida; el
primer hombre invita al bar a su compañera de clase; la cuarta mujer conoce al
segundo hombre en un viaje y recorren la ciudad juntos; el tercer hombre
embaraza a otra mujer; la segunda mujer
cae en una crisis de angustia; y la tercera mujer se va de la casa. Luego los
traga el vacío a todos, y la vida continúa, como si nada. Como si tuviesen
buenas razones para seguir. Nuevas mujeres y nuevos hombres sentados frente a
frente. Detengan la obra para liberarnos al menos un segundo. Como si hubiese
algo mágico en tropezar y volver a levantarse. Como si lo miserable y el vacío
no existieran.
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