Mis versos se han desarrollado al calor de la soledad. A veces me pregunto si ha valido la pena. Generalmente creo que sí. Pero cada día es dueño de sí mismo. Es extraña la sensación de que algo es mejor para una, pero están las dificultades de implementación tantas veces. Los sentimientos asociados. Los deseos, los recuerdos, las creencias. A veces me pregunto si la vida tiene leyes propias. Leyes universales. Si observando otras conductas se podrá obtener información valiosa, o si en realidad estamos a la completa deriva y nuestras intuiciones son lo más cercano que tenemos a una ley. De dónde surgen esas intuiciones. Me pregunto si flotan en la nada o si están asociadas a un todo a veces invisible. Tengo la sensación que las intuiciones terminan por decantar. No siempre. En ocasiones se disuelven o se olvidan. Tal vez las intuiciones son pequeñas piedras que surgen en el río para ir avanzando sin introducir cada vez el pie en el agua. Cuánto de creación hay en ellas. Cuán tendencioso es su contenido. Hay una suerte de leyes invisibles que podemos detectar y elegir si las seguiremos o no. Son leyes desprovistas de moral y costumbres. Son leyes éticas. Que podemos presentir. Si estamos atentos. Sentimos la necesidad de poner los puntos sobre las íes cuando nos sentimos heridos. Pero la justicia sigue su propio camino. No es necesario consumirnos en el recorrido. Lo que entregamos vuelve, siempre, de alguna manera. Sea oscuro o brille. Hoy volvimos a hablar, pero en sus palabras ya hace un tiempo que está el vacío instalado. Un vacío hondo y espeso. Que es necesario esquivar. Como una ley no-ética. Si no tienes cuidado te atrapa. Las leyes universales son sabias en relación a dejar libre el cauce del río.
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