Está el deseo y está el deseo envuelto en amor. La necesidad de seguir a un destino y unirlo a otro. De dónde surge ese impulso. Se trata de salir de bajo el agua, sentir los pulmones llenos de aire y observar frente a ti el barco con luces de colores que se detiene para que alcances su proa y avances pelo al viento en la oscuridad celeste. La existencia tiene una capacidad regenerativa impresionante. Un movimiento que sana y crea el deseo. El deseo se crea. Consiste en la capacidad de ampliar los horizontes. De ver más allá de un cierto espíritu. Intuir lo que albergan sus laberintos. Consiste en querer profundizar en una mirada. Advertir que oculta algo desconocido y diferente. Límites nuevos. Elementos que no poseemos. Sabiduría que nos excede. El deseo es el impulso de fabricar atardeceres.
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