Sálvame de lo que quiero, dice St. Vincent, save me from what I want. Decimos, déjame ahuyentar la impaciencia por verte. Porque cada paciencia debe ser buscada. Hay que salir a encontrarla. St. Vincent dice, cariño, lo que te revela es lo que intentas y escondes, podrías decírselo a los planetas o la funda de tu almohada: honey, what reveals you is what you try and hide away, you could tell the planets or your pillow case. Pero por qué revelarnos. Amar es volverse imbécil. Conseguir una nube en el cerebro. Que te acompaña a todos lados. La reflexión por ningún lado. También hay que salir a buscarla. Amar es perder sustancia. Perder peso. Es tragarse la ensoñación y disminuir la productividad terrenal. Es esforzarse en alinear las palabras. Buscar las líneas. Seguir los surcos. Caer en los precipicios. Volar en los intersticios. No tiene sentido. Desplazarse sin ton ni son. Dar vueltas en círculos. Salir a buscar. Salir a entregar. Sálvanos, St. Vincent. Danos la claridad perdida. Los motivos de las palabras. Los significados correctos. Las íes y sus puntos. Amar a un hombre se parece a veces a estudiar derecho: hay que conocer de cerca al contrario. Para actuar en consecuencia. Para modificar la corriente del río. Para navegar identificando los descalabros. Para derrocar a los reyes. Lo que no te enseñaron: te las arreglas. Improvisas. Con la nube dentro de los sesos. Con la acuarela en la mano. Vas pintando la cara de todos quienes se cruzan. Dibujando mariposas y arcoíris. Parecen los dibujos de un niño. Los fuegos artificiales a cualquier hora del día. Ni se ven con el sol. Pero tú los ves. Quieres que diga algo, cualquier cosa. Escucharlo es lo importante. Observarlo. A él y a su cuerpo. Sus movimientos. Sentir sus movimientos. Sentir que la sangre corre por sus venas. Que su piel está tibia. Amar definitivamente es volverse imbécil, y olvidar cualquier arrepentimiento. Encontrar la razón profunda de las palabras.
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