16 de mayo de 2025

La tempérance

Me llama Maël para decirme que debo invocar a la templanza. Lisa, pide templanza para ofrecer arrebato a la pasión. Pero hay un problema, un pequeño detalle, algo que él no sabe: esa es una palabra que no está en mi léxico. No conozco su significado. Voy a mi diccionario interior y reviso: templanza. No está. Dónde está, dónde está. Cómo poder invocarla. Cómo es ese procedimiento. ¿Tiene reglas? ¿Etapas? ¿Progresiones? ¿Ritmos? Observo la palabra de nuevo: templanza. Vuelvo a repasar a ver si la encuentro. No. Debe ser algo. Debe querer significar algo. Tal vez puedo inventar un significado, pero ya no será la templanza. Una templanza adaptada para personas de la especie de seres habitados por la tormenta de relámpagos eléctricos. Tiene que ser posible. Indago un poco más. Quiero saber a qué se refiere esta palabra, me da curiosidad. Debe ser una palabra con bondades. El signo de la tempestad la borró de su lista. Entonces le propongo otra: cosmos. Tal vez esa es la integración completa. Quizá esa puede situarnos afuera de la vorágine. A un paso de la ficción que transforma todo en debacle. Dejé al caos y dejé a la poesía cuando es etérea: quiero otra cosa. Aspiro al cosmos completo. Invoco a la explosión total de las estructuras. Llamé a Maël para advertirle que no conozco esa palabra. De acuerdo, me dijo. Se hacía miles de preguntas. Le advertí que había invocado a la tormenta. A la energía fulminante de quienes van a modificarlo todo, como Adam, como yo. Es lo único que conozco. 


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