9 de mayo de 2025

El planeta de los simios que hablaban

La familia de Maïa tiene aventuras con alienígenas. Marcianos desprogramados que se dirigen al planeta de los simios que hablaban. La tropa de artistas cheerleaders se va encontrando con la debacle y el arte ofrecido como mercancía. Qué es esto, se preguntan. Ahí está la familia de Maïa dándole firme al arte para que la selva siga circulando. Para que el aire vaya circulando. La familia de Maïa habla porque son simios amigables. Simios organizados. Simios que se levantan temprano y se reúnen en un día feriado. Luego de ese día de trabajo en una jornada feriada se reúnen y comparten una comida y una cerveza. Cómo van los marcianos desprogramados, preguntan. ¿Siguen robando? No sé, dice Maïa. Pienso que sí, dice Cléo. Es extractivismo, dice Romy. Llega la respuesta: sí. Siguen robando. Ahora qué, pregunta Inès. Sabana dio por disuelto misteriosamente nuestro grupo y quiere llevarse el nombre, respondo. Qué, dice Maïa. ¿En serio?, dice Cléo. Te lo juro. Pero Lisa, ¿estás segura?, insiste Maïa. La seguridad es algo que tengo en este momento, contesto. La seguridad es algo absoluto que se muestra en el cielo como si no hubiese nubes. O sea, más bien, había un cielo, y luego unas nubes. Pero la seguridad está. Grandes nubes, grises, muy grises, pero la seguridad, total. Déjame leer el mensaje, dice Inès. Pero Cléo, ella es la que no te pagó nada, y luego se quedó con el dinero de tu presentación, ¿no?, pregunta Romy. Sí, responde Cléo, ella misma. ¿Caben dos impasses en una persona?, pregunta Emma. Sí, respondo, así parece. Lisa, ¿y cuáles son los principios de ese marciano desprogramado?, pregunta Maïa. Se desprogramó, le respondo. Ya lo sé, dice Maïa, ¿pero hay principios? Cuál es el principio, dice Tori. Esta es como una especie de tarjeta roja, como el fútbol, agrega, bandera roja, como las que vemos cuando pensamos que es un carnaval y en cambio es el desastre llegándonos como agua más arriba de la cabeza, esto es: ahogados. Ahogados en nubes, digo. En selvas. Somos monos pero hablamos. Hablemos. ¿Entre nosotras?, pregunta Emma. Somos monos que hablamos, afirmo. Monos cheerleaders, de la tropa de las que alumbran. ¿Y este robo fue a mano armada?, pregunta Inès. ¿Fue por efracción? ¿Por sorpresa? Un robo a la luz del día, dice Cléo. Pesetera es un término que le va bien, dice Romy, al fin y al cabo. Organicemos el circo en el planeta de los simios que hablan, propone a continuación Romy. Hablemos como simios, propongo. Organicémonos, dice Inès, alumbrando un camino con nuestras espadas de láser. Te fuiste para otro lado, Inès, dice Maïa, aquí estamos en la selva. La selva, la selva, dice Inès, de acuerdo. No me hables de las venas abiertas de Latinoamérica, me recuerda presidentes oscuros, dice Romy. A mí me fascina ese libro, dice Cléo. Atención tropa que alumbra, interpelo. Lisa, ¿le vas a decir a ese marciano que se programe?, pregunta Inès. Voy a la selva, contesto. Sigamos creando y organizando. Busco la respuesta y vuelvo. 

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