La seducción es sin duda un juego, como todo lo importante. Todos nacemos gritando, canta St. Vincent. Me he subido a unos brazos abiertos, que se han convertido en una camisa de fuerza, corazones robados que no necesitaba, pero vaya, siempre he pagado por ellos, canta St. Vincent, he escalado cables eléctricos y montañas, solo para sentirme por encima del suelo, he salido a rastras de tus casas sagradas, sólo para sentir cómo me palpita el dolor de cabeza. Es una hermosa descripción del proceso. Bien. Intentemos otra descripción. De eso se trata la seducción. Jugar a crear. Imaginar algo, en el terreno de la ficción. Compartir esos espejismos. Olvidarlo todo. Llevar a otro al olvido. A mí se me da bien esto, porque yo creo en esas ficciones. Creo firmemente en ellas, como si el pasado de mi existencia fuera una trama de historieta. Un cuento planetario con miles de entradas y salidas. Algo que voy reinterpretando e intentando entender cada vez con mayor profundidad. Lo observo con afección, pero con distancia. Me someto a lo nuevo que va apareciendo como si se me fuese la vida en ello. Juego el juego hasta la nave espacial. Hasta despegar con ese cohete del cosmos. Luego observo por la ventana el paisaje. Disfruto el viaje. Disfruto el juego. Disfruto la sustancia de los días. He aprendido a dejar de lado los personajes de las historietas anteriores. Antes no sabía hacer esto. Era, sobre todo, muy cansador. Creo que en el fondo perdía el tiempo. Teniendo más de cuarenta, optimizo. Como alguien pragmático. Nunca pensé que mi calidad de escritora me lo permitiría, pero: sí. Ahora sé que son dos cosas independientes. Que las historias pueden cerrarse para abrir otras. Oasis. Viaje en nave espacial. Música. Me asombra el teatro de la vida. Esa capacidad de darlo todo, por una pieza, por un libreto que esconde el sentido. Lo que busco es eso. Los libretos que tienen significado, además de la belleza de las palabras. Tal vez por eso dejé de lado las historietas antiguas: ya no tenían sentido. La premura de los cuarenta ha agudizado mi visión. Juego ahora seriamente. Lo dejo todo en la página, en el libro, en la historia. Los obstáculos inconducentes me ponen nerviosa. Necesito que el humor pueda desmontar las estructuras. Entonces juego. Porque el humor es también un juego. Una seducción a la vida. Para que esta se entregue, como un amante experimentado. La seducción es esa parte del juego que traza las líneas para todo lo demás. La estructura de la ficción. La música de la ficción. Las verdaderas historias juegan a que esto no termine.
No hay comentarios:
Publicar un comentario