¿Se acaba el invierno? Tal vez sí vivía en el mundo de la fantasía, a pesar de lo que le dije a mi madre a los tres años. ¿Crees que vivimos en el mundo de la fantasía?, le pregunté. Le hice ver que estaba pidiendo demasiado. Conocía mis límites, y creía conocer los límites del mundo, no todo iba a salir tan perfecto como ella estaba proponiendo. Pero qué es la perfección. Tal vez es una sensación, opacada incansablemente por cientos de cosas que no lo son, en ocasiones para nada. Qué es el destino. ¿Un cosmos que flota? ¿Un cosmos que integramos como suspendidos en una nave espacial? ¿Unas notas en el piano que nos destruyen de pasión? Debussy identificó esto del destino. Algo que sube y baja y nos hace añicos en el intento de alcanzarlo. Algo imposible y esencial. Algo nítido como el cosmos. Como las palabras que nos insuflan parnaso para seguir escuchando el canto de los pájaros que va desapareciendo. Cada año menos pájaros, dicen los ornitólogos. Yo no puedo vivir sin los pájaros. No puedo vivir sin la fantasía. No puedo vivir sin la música. Son cosas de primera necesidad, como diría Nicanor Parra. Artículos de primera necesidad que son un lujo. Ahora sabemos también que los momentos sin que nadie sea destruido son un lujo también. Pero es la primera necesidad. Honrar la vida. De las personas y los pájaros. ¿Se va acabando el invierno? ¿Viene el cosmos a elevarnos? ¿A dejarnos flotando por universos desconocidos? En esta mañana asoleada de mayo le pido a la vida que no se rinda. Que la música llegue. Que lo perfecto, no por olvidado, se muera. Aprendamos del mundo de la fantasía.
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