7 de junio de 2022

Aldo (X)

Tengo las palabras, pero creo que eso es todo. Ni tu cuerpo, ni tu risa, que es lo importante. Esos decidieron hundirse en el mar para no volver. Hace una semana recibí la noticia infame: el océano te hizo suyo. Los kilómetros de inmensidad se fusionaron a tu fuerza. Qué desgracia del destino maldito. Escribirte ha sido como tener tu cuerpo por un rato. El aroma de tu piel. Acompañarte en tu ascenso a lo universal. En tu desintegración hacia el firmamento. Compartir con tu familia un poco de la felicidad inolvidable que me causaste. Quienes nos quedamos acá necesitamos palabras y recuerdos. Escribirte me ha permitido sobrevivir al hecho de que ya no vas a contestar. De que al otro lado está el vacío. El sinfín de preguntas sin respuesta. Una larga hilera de frases extraviadas entre las algas y los peces de colores brillantes y tornasolados. El eco de tu risa atrapada en las cavidades marinas. La lista de comentarios imposibles que no van a llegar a mi puerto porque no encuentran la salida de las profundidades. En lo más oscuro del océano se quedó el secreto de tu vida. Cuarenta años sublimes. Si cabe la posibilidad que tu grandiosidad haya sido a veces imperceptible, yo la vi, todo el tiempo. El mar también la vio. Quizá pueda hablar contigo en sueños. En llamadas de auxilio. En momentos de éxtasis en que te cueles entre las fibras resplandecientes de lo que estalla. Quizá quedes adherido a canciones y pueda conversar contigo en lenguaje musical inefable. Tal vez por el borde del agua tu energía me guíe hacia los vaivenes de lo fluido y flexible. Es muy probable que el recuerdo de tu risa me permita seguir viviendo. La reminiscencia de tu amor infinito. La evocación de tu majestuosidad y valentía. Me dijiste, la gente que se amolda sólo se está postergando, después viene la crisis de los cuarenta y recién se preguntan qué diablos hacen acá, yo no tengo la respuesta pero al menos sé que a los cuarenta ya voy a estar cansado de preguntarme. Yo te contesté, Aldo, ¿tú crees que vamos a cumplir cuarenta?, a este ritmo, no se ve fácil. Cumplimos cuarenta finalmente. Y te fuiste, ya te habías preguntado demasiado. Todo lo habías alcanzado. Me dijiste, ojo que el tiempo se me acaba, son ventanas que se abren y después desaparezco, tú te vas y yo también, así es que trata de hacerte un espacio, uno toma perspectiva. Te contesté, tranquilo, no creo que sea la última vez. Respondiste, yo creo que sí, ya estoy más maduro, este viaje es el último, y planeo sentar cabeza por un tiempo. Aquí estoy, Aldo, la sigo peleando, sigo batallando firme, acarreando tu recuerdo. No dijiste qué pasaba después de cumplir cuarenta y haberse hecho las preguntas. Y ahora cómo te digo lo que es. Una planicie insípida que tendré que volver a rellenar con nuevas ideas, con nuevas experiencias, nuevos desafíos. De acuerdo, seguiré por mí y por ti. Habrá nuevas preguntas, te lo juro. Tu muerte nunca será en vano. Seguiré amándote hasta que el mar me trague a mí. Está bien, descansa en una paz marina y celeste, adiós, Aldito, como yo te decía, las olas tendrán por siempre tu nombre. 

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