6 de junio de 2022

Aldo (VIII)

Soy lo que queda luego del fin de tu cuerpo. No es gran cosa. Ayer te veía, en el andén del metro, en el concierto entre la gente. Observaba el cielo de tanto en tanto en busca de alguna señal desconocida. Me habría entregado a los brazos de cualquier con tal de evocar tu piel. Con tal de conjurar el perfume de tu estampa. Tu abrazo era como estar a salvo de cualquier cosa. Tus halagos siempre me hacían sonreír. Una mirada que daba seguridad. Que devolvía la confianza. Eras la protección total. Te gustaba eso. Poseer. Eres implacable como quien se relaciona desde la sinceridad, pero tu mirada cariñosa era una caricia. Un gesto como una mariposa volando con un destino conocido: vivir sin saltarse ningún intersticio. Esa vez en el clima seco al lado del río, donde sólo se podía hablar al atardecer, ¿te acuerdas? Fuimos tan felices, sólo necesitábamos estar cerca, aunque fuera en el silencio. Me mostraste mundos desconocidos. Pasábamos de la meditación a la euforia. Todo era posible. ¿Te acuerdas de ese lugar en penumbras? Donde dejamos fluir el deseo en la mitad de la pista de baile en el suelo, y te pedí matrimonio. Nos reímos mucho rato, mientras el público dark observaba la escena alentándonos y con la indiferencia de quien no se sorprende realmente con las vidas ajenas. Sentía contigo el deseo de vivir y de morir. Una sensación completa que abarca todo el registro de sensaciones posibles. Iba explorando todo el abanico de lo potencial. Una vez me dijiste, agradezco mucho todo tu cariño, hace mucho que no me sentía tan querido por alguien, se me había olvidado lo hermoso que puede ser. Me dijiste, ese día que te saqué los zapatos y te tapé fue lejos el momento más lindo que he tenido en mucho tiempo, no te lo dije entonces, pero espero que lo hayas sentido. Me dijiste una vez que yo era una de las mujeres que más habías querido. Y ahora te busco entre la gente y no he podido encontrarte. Ayer recorrí un sinfín de lugares con música en vivo y ni un atisbo de ti. Bailaba con la certeza de tu ausencia. Le pregunté a varias personas por tu paradero pero nadie parecía entender. Al final de la noche pude quedarme sola con mis recuerdos y fue duro. Muy duro. A ratos siento que no puedo respirar, como tú bajo el agua. Sólo pido que el mar te haya abrazado como tú me abrazabas. Con todo el amor que existe.
 

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