Lo que me queda es que fuiste intensamente mío. No tenemos nada que probar, Aldo, como dijiste en la canción. Ya no estás, no hay más. ¿Te acuerdas que una vez yo te compuse unas canciones? Sobre delirios e historias que se repiten. El coro de una decía, lo que quiero es no necesitarte, pero no puede ser de otra forma, si me hipnotizas cada vez que te veo, si recorres mi cuerpo como nadie lo hace, si me derrito al abrazarte, lo que quiero es escuchar tu voz en mi oído por el mayor tiempo posible. La música fluía de tu encuentro. Otra canción hablaba sobre dos personas que vuelven a encontrarse, una historia acerca de lo inexplicable, sobre el anhelo de entender el mundo, el hecho de dejarse llevar, el amar despojado de otras consideraciones, una fuerza que persiste en el tiempo; una historia que se repite, pero no de esas que duran tanto que el amor se muere, sobre amar la incertidumbre del porvenir, descubrir de a poco lo que es el amor; una historia que se repite, sobre el amor sin nombre, cuando es mágico, sobre el deseo envuelto en amor, el amor envuelto en deseo. Todo lo que tengo ahora por ti. Ahora cantas Fast Car, que también es una canción sobre el tiempo circular, sobre la fatalidad, sobre la atracción, sobre las desilusiones, sobre escapar. Te diré algo: la muerte es el fin de las historias circulares. Ya no estás, no hay más. Me quedan tus palabras diseminadas por la estratósfera de mi mente. La sensación de tu piel y el perfume de tu cuerpo tibio. Me dijiste, a veces pienso que desaproveché la oportunidad, ese estado básico, desenfrenado, era un estado constante de máximo éxtasis, todas las neuronas activadas. Aldo, querías adaptar el mundo a ti, no al revés, vivir en la euforia. Me dijiste, lo que me gusta de ti es que estas súper consciente de lo que está pasando, analizando todo, pero a la vez tienes este ímpetu irrefrenable que te mueve, el resultado es que es muy entretenido verte ser tú, es contradictorio a veces. Me dijiste, más ganas dan de abusarte un poco, saber que piensas todo, lo hace más entretenido, que todo tiene múltiples dimensiones para ti, y me miras y piensas y te cuestionas a ti misma, nunca tranquila, siempre saltando de una idea a otra, y yo te dejo ahí, hasta que de repente esa cabeza se subyuga a algo más fuerte. Me dijiste, un día te vas a acostar, vas a abrir los ojos, y ya no vas a estar en control, ¿te ves a ti misma caminando?, ¿te ves a ti misma llegando a una esquina y quedándote quieta como una presa?, ¿te ves a ti misma mientras te doy un beso, de esos de la parte animal?, me acuerdo de tu boca, tus labios son finos, me acuerdo de tu lengua. Aldo, tu partida es irreparable. También me acuerdo de tu boca y de tus besos. De la catarsis sostenida. Del refugio de tus brazos. No tengo un auto tan rápido como para pasar a la dimensión paralela pero quizá podamos llegar a algún lado. Me acuerdo de la epifanía de tus besos de torbellino en el océano de tormenta. Cualquier lugar es mejor que el presente y tu ausencia.
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