4 de junio de 2022

Aldo (VI)

Aldo, hablemos de los moldes que nos imponen, de los que tú te reías, de los condicionamientos. Y ahora que la muerte me queda grande no estás acá para darme la idea imprescindible, el consejo perfecto. Tenías la generosidad de escuchar, de explicar tu punto de vista cuando hacía falta, de contestar exactamente lo que se te estaba preguntando. No evadías nada. Y podía expresarte cualquier cosa. Era el terreno de lo ilimitado, el lugar sin fronteras. La confianza es algo insustituible. No se adquiere de un día para el otro, ni con cualquier espíritu. Sólo las almas libres pueden acoger la autenticidad del vuelo. Era tan interesante conversar contigo. Tan real. Tan real. La conversación es una comunión. Para ti era sagrado el momento de escuchar y descubrir el mundo juntos. Todo lo que decías escapaba de los patrones establecidos. Era tan esencial que todo el resto del mundo desaparecía. Sólo quedaban tus palabras y tu amor impreso en cada intercambio. Es mágico. Construimos una confianza a través de los años. Pero la semilla germinando siempre estuvo ahí, desde el primer momento. No me conformo, Aldo, te juro. Lo tenías todo. El amor, la inteligencia, la juventud, la belleza, el sentido del humor. Creo haberte dicho alguna vez todas estas cosas. Por suerte. Pero me habría gustado repetírtelas. Me gustaría tener tu cuerpo una última vez. Tu sonrisa. Tu mirada profunda. No sé si esas cosas se pueden volver a conseguir. Tenemos cuarenta, y me dejaste flotando a la deriva. Nos quedaba tanto tiempo. Y ahora qué. Veinte, cuarenta, sin ti. Tu libertad me acribilla ahora. Por qué forzaste las circunstancias. Por qué sumergirse en la muerte. Algún día me voy a ir a una isla, me dijiste una vez. Lo que no me dijiste es que ibas a abandonarme en la mitad del trayecto. Arréglatelas sola. Busca respuestas en un escenario imposible. ¿Eso querías que lograra? Bueno, aquí estoy, y me he quedado sin respuestas, sin tu amor sublime. La muerte es una putada. Quien diga lo contrario miente. Eso sí lo puedo responder. Aldo, no voy a despedirme, no esta vez. Te quiero. Quizá había tiempo de desaparecer juntos, como alguna vez quise proponértelo. El tiempo es otra putada. Implacable. Sólo las palabras pueden rellenar mi tiempo que ha quedado vacío. Más vale que haya otra vida porque lo único interesante que había era nuestro viaje a otro planeta fuera del tiempo. El amor era entre nosotros, y ahí se va a quedar. Me faltará tiempo para esperarte. Te obligaste a dejarme partir, con tu corazón roto. No puedo volver a componer el mío ahora. Te quiero, por siempre.  

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