Aldo, lo estoy intentando, en serio. Pero no me está resultando. Tu cuerpo se me viene encima. Tu risa. Es todo muy misterioso. Esto de que ya no estás. Cuando vaya al mar tendré una conversación seria con él. Lo interpelaré cara a cara. Por qué te arrebató. ¿Querías ir al fondo de las cosas? Sé que buscabas los extremos, muchos extremos distintos, para dejar de pensar, tu cabeza funciona a una velocidad impresionante. Un proyecto tenía que ser el más difícil, crear algo no podía ser menos que tratar de cambiar el mundo, una presentación era entregarse al momento como si fuera la última. Con el tiempo dejaste de evitar ser tú mismo y te entregaste al vendaval creativo. Tu versión libre es sublime. Un oasis con peces nadando en espiral y el sol penetrando en el agua. Considerabas que uno puede escapar de versiones de uno mismo que quedan adheridas a los lugares. Te pasaba al moverte, y dejabas de arrastrar cosas. Reinventabas tu propio trabajo y mundo constantemente. En ese ritmo bailamos, mientras nos tiraban agua desde una ventana, el sol abrasando las entrañas. En esa pista oscura dejamos atrás las certezas por una vida real. Descubrimos que compartíamos la pasión por el presente. No hubo vuelta atrás. Y el presente ahora qué es. Tu fuerza que se me va de las manos. Lo ilimitado es aún más ilimitado. Rompiste el espacio-tiempo y ahora planeas por la dimensión paralela. Manda energía. Mandamos un poco de tu energía ilimitada. De tu explosión constante. De tu deseo de cambiar el mundo. No dejes de cantar canciones que nos llenen de ímpetu de libertad. De esa sensación inmortal que sabías entregar. Sigue mandando amor por la vida. Sigue. Sigue. Que no tenga final.
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