Volví a preguntar y es cierto. No me consuelo. No hay más conversaciones. Tu energía crea diseños en la estratósfera. ¿Y aquí qué? No veo que existir pueda tener el mismo perfume. Vivir cansa. Y si van partiendo quienes te entregaron su mundo secreto. Tuve el tuyo entre mis manos. Quemaba. Siempre el punto de vista que me dejaba volando en el aire. Aldo, tu mirada es excepcional. Y ya no la tengo. Eras energía vital y nada más. Universos por explorar. Por qué partir. Hay el dolor borroso y el dolor nítido: el del amor que se va. El del amor que no puede reemplazarse. El de las relaciones que se van transformando y quedan suspendidas como una flor arrancada en su momento más brillante. Así te arrebataron de la vida, como el sol arriba al mediodía. Clavado en su punto más alto. Para qué seguir. Cerrar las cortinas cuando la función sigue. Qué injusto. Tu risa tenía todavía cosas que decir. Tenemos todavía puesto los trajes. La coreografía iba exhibiendo la fuerza de quien no tiene miedo. Yo quería escucharte. Aldo, no hay remedio para tu inmersión en la oscuridad. Todo se ha detenido y ya no habrá vuelta a casa. Y ahora dónde dirigirse cuando el camino ha cerrado sus senderos y sólo queda el acantilado. Estar cerca tuyo era recorrer el borde del precipicio. La activación total de los sentidos y las certezas que tambalean. Eras simplemente algo sobrenatural. Las genialidades puestas en fila. La sensualidad en hilera como abanicos que se abren y descubren el viento. Aldo, es irreal tu partida. Si todavía dudas, si el universo se curva, vuelve. Estamos fuera del agua, pero respiramos, algo podremos todavía mostrarte. Nos hemos movido pero las ganas de cambiar el mundo están intactas. Aldo, la presencia de tus pies en la tierra era fascinante. No puedo tener tu universo pero para lo que queda atesoraré todo lo que vislumbré de él, y te prometo que no voy a rendirme. Sólo queda renunciar a ti pero tal vez el amor se transforma. Olvidarte es una utopía.
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