Hubo tal explosión. Cuando miré en aquella dirección Arthur H ya
cantaba. Entorné los ojos para observar con más precisión. El sol me daba
directo en la retina. Me acerqué.
Hubo tal explosión. Cuando me desperté me operaban a pecho abierto. Lo
que no sé es qué dejaron en el lugar de mis tripas.
Hubo tal explosión. Mi cerebro también estalló. De pronto estaba en
medio de la pequeña calle. Miré para todos lados. El gentío seguía caminando
tranquilo en todas las direcciones. Me pregunté si había dejado bien cerrada la
nave espacial. O si habrá entrado algún agente extraño que ahora no puedo
reconocer con claridad.
Hubo tal explosión. Sólo intentaba explorar. Y ahora en la otra orilla…
me siento en la arena y miro hacia enfrente, pero no logro reconocer casi nada.
Hubo tal explosión. Pensé: quizá me estaban apuntando desde lejos.
Quizá ya me habían reconocido. Quizá yo era el objetivo secreto. Quizá el
asesino de la noche tenga más información. Quizá, quizá, quizá.
Hubo tal explosión. Doblé la esquina y el panorama cambió
completamente. La escenografía entera. ¿Y ahora qué?, pensé. ¿Subirse al barco
y que me lleve a la otra orilla?
Hubo tal explosión. Demasiado tarde. Cuando el artefacto se detonó ya
estábamos arriba del barco. No hubo tiempo para preguntas.
Hubo tal explosión. Caminamos por el borde del mar. Cuando quisimos
mencionarla ya todo se había desintegrado. Me preguntaste qué pasaría con las
fotografías. Exponerlas, claro, exponerlas. Sobreexponerlas. Y luego
olvidarlas.
Hubo tal explosión. ¿Y los textos?, me dijiste. Parecen estrellas.
Están lejos, y nacen. Eso es lo que había en el pecho. Ahora entiendo, tú lo
pusiste ahí.
Hubo tal explosión. Vagué por las calles, pregunté a quien quisiera
escucharme si sabían algo. A quien se cruzase por mi camino. Interrogué a todos
a quienes pude. Sólo saqué algo en claro. Había una fecha. No había un móvil.
No había un plan posible a descubrir. Sólo insinuaciones que revelaban algo
importante. Me sumí en el presente redondo y transparente. Un continuo, un
continuo, y miles de pequeñas cimas fantásticas.
Hubo tal explosión. Vaya, la luminosidad era asombrosa. La esparcí por
mi piel. Luego caminaba distinto. Brazos y piernas ligeramente abiertas. Más
lentamente. Quizá me elevaba un poco y juro que vi los maniquíes reír. Quizá el
material radioactivo me había afectado el lóbulo frontal. No puedo precisar si
el efecto ha cesado o aún me posee. En cualquier caso, las casas siguen
cambiando de color.
Hubo tal explosión. El vaso estaba vacío. Voló en mil pedazos. Los
recogí todos, pero la incertidumbre se había expandido más allá de lo posible.
Miré con paciencia. Abrí un poco más los ojos. Apenas pude le hice una
zancadilla, y cuando ya la tenía en el suelo me dio una oportunidad. Y luego
desapareció para hacerse omnipresente.
Hubo tal explosión. Perder, perder, dijo. Claro, perder. Volverse frágil,
y abrir los brazos para abarcarlo todo. Con una sorpresa que excita el cerebro.
Con unas ideas que tienen formas nuevas. Con un libreto para hacer estallar los
sesos. Y sentarse a contemplarlo. Como queriendo preguntarle ¿cómo? Como
queriendo descubrir los pormenores, los mecanismos. Pero sabiendo que es
ilimitado y que las respuestas nunca podrán ajustarse al espacio disponible. Sólo
transportarse. Pensar con más ahínco. Sentir las respuestas, eso es, sentirlas.
Y delegar. Delegar a la intuición.
Hubo tal explosión. No hubo aviso. No hubo tregua. Subirse al skate y
luego toda la ciudad pasaba frente a los ojos rápidamente. No sé si era en
círculos o qué. Grandes círculos. Cuadrados. Hasta triángulos podría haber
sido, pero las imágenes se repetían. Pero iterando. No hubo un lugar igual al
otro. Pero había algo lineal exquisito. Suspendido. Flotando. Habría seguido
con el skate hasta el muelle y me habría lanzado al mar. No sé si para ampliar,
o porque el universo enviaba códigos que necesitaba alcanzar.
Hubo tal explosión. Hubo varias explosiones, qué digo. Fueron varias.
Todavía sigue estallando todo. Ahora mismo, incluso. El pecho no podrá volver a
cerrarse. Difícil que el cerebro quede en su sitio. Imposible que lo sensible
no se mueva. La realidad se ha vuelto múltiple y el asesino de la noche me
posee. Mátame, mátame, no creía que esto fuera posible. Desgárralo todo y en el
tren todo será factible. Adiós a la solución única. Adiós a lo objetivamente
realizable. Mátame, mátame, y en el tren todo será posible. Asesino de la
noche, explosión constante.