3 de noviembre de 2018

Veinte explosiones y media


Hubo tal explosión. Cuando miré en aquella dirección Arthur H ya cantaba. Entorné los ojos para observar con más precisión. El sol me daba directo en la retina. Me acerqué.

Hubo tal explosión. Cuando me desperté me operaban a pecho abierto. Lo que no sé es qué dejaron en el lugar de mis tripas.

Hubo tal explosión. Mi cerebro también estalló. De pronto estaba en medio de la pequeña calle. Miré para todos lados. El gentío seguía caminando tranquilo en todas las direcciones. Me pregunté si había dejado bien cerrada la nave espacial. O si habrá entrado algún agente extraño que ahora no puedo reconocer con claridad.

Hubo tal explosión. Sólo intentaba explorar. Y ahora en la otra orilla… me siento en la arena y miro hacia enfrente, pero no logro reconocer casi nada.

Hubo tal explosión. Pensé: quizá me estaban apuntando desde lejos. Quizá ya me habían reconocido. Quizá yo era el objetivo secreto. Quizá el asesino de la noche tenga más información. Quizá, quizá, quizá.

Hubo tal explosión. Doblé la esquina y el panorama cambió completamente. La escenografía entera. ¿Y ahora qué?, pensé. ¿Subirse al barco y que me lleve a la otra orilla?

Hubo tal explosión. Demasiado tarde. Cuando el artefacto se detonó ya estábamos arriba del barco. No hubo tiempo para preguntas.

Hubo tal explosión. Caminamos por el borde del mar. Cuando quisimos mencionarla ya todo se había desintegrado. Me preguntaste qué pasaría con las fotografías. Exponerlas, claro, exponerlas. Sobreexponerlas. Y luego olvidarlas.

Hubo tal explosión. ¿Y los textos?, me dijiste. Parecen estrellas. Están lejos, y nacen. Eso es lo que había en el pecho. Ahora entiendo, tú lo pusiste ahí.

Hubo tal explosión. Vagué por las calles, pregunté a quien quisiera escucharme si sabían algo. A quien se cruzase por mi camino. Interrogué a todos a quienes pude. Sólo saqué algo en claro. Había una fecha. No había un móvil. No había un plan posible a descubrir. Sólo insinuaciones que revelaban algo importante. Me sumí en el presente redondo y transparente. Un continuo, un continuo, y miles de pequeñas cimas fantásticas.

Hubo tal explosión. Vaya, la luminosidad era asombrosa. La esparcí por mi piel. Luego caminaba distinto. Brazos y piernas ligeramente abiertas. Más lentamente. Quizá me elevaba un poco y juro que vi los maniquíes reír. Quizá el material radioactivo me había afectado el lóbulo frontal. No puedo precisar si el efecto ha cesado o aún me posee. En cualquier caso, las casas siguen cambiando de color.

Hubo tal explosión. El vaso estaba vacío. Voló en mil pedazos. Los recogí todos, pero la incertidumbre se había expandido más allá de lo posible. Miré con paciencia. Abrí un poco más los ojos. Apenas pude le hice una zancadilla, y cuando ya la tenía en el suelo me dio una oportunidad. Y luego desapareció para hacerse omnipresente.

Hubo tal explosión. Perder, perder, dijo. Claro, perder. Volverse frágil, y abrir los brazos para abarcarlo todo. Con una sorpresa que excita el cerebro. Con unas ideas que tienen formas nuevas. Con un libreto para hacer estallar los sesos. Y sentarse a contemplarlo. Como queriendo preguntarle ¿cómo? Como queriendo descubrir los pormenores, los mecanismos. Pero sabiendo que es ilimitado y que las respuestas nunca podrán ajustarse al espacio disponible. Sólo transportarse. Pensar con más ahínco. Sentir las respuestas, eso es, sentirlas. Y delegar. Delegar a la intuición.

Hubo tal explosión. No hubo aviso. No hubo tregua. Subirse al skate y luego toda la ciudad pasaba frente a los ojos rápidamente. No sé si era en círculos o qué. Grandes círculos. Cuadrados. Hasta triángulos podría haber sido, pero las imágenes se repetían. Pero iterando. No hubo un lugar igual al otro. Pero había algo lineal exquisito. Suspendido. Flotando. Habría seguido con el skate hasta el muelle y me habría lanzado al mar. No sé si para ampliar, o porque el universo enviaba códigos que necesitaba alcanzar.

Hubo tal explosión. Hubo varias explosiones, qué digo. Fueron varias. Todavía sigue estallando todo. Ahora mismo, incluso. El pecho no podrá volver a cerrarse. Difícil que el cerebro quede en su sitio. Imposible que lo sensible no se mueva. La realidad se ha vuelto múltiple y el asesino de la noche me posee. Mátame, mátame, no creía que esto fuera posible. Desgárralo todo y en el tren todo será factible. Adiós a la solución única. Adiós a lo objetivamente realizable. Mátame, mátame, y en el tren todo será posible. Asesino de la noche, explosión constante.