29 de octubre de 2018

El sol


Estoy en mi terraza. No me llega el sol pero lo veo enfrente. Al principio lamentaba que no llegara a mi balcón amado. Pero ahora me gusta, porque me recuerda que tengo que salir a buscarlo. Que está tan cerca. Unos acordes, unas calles y puedo encontrarlo. Tal vez, es que lo llevo dentro. Y siempre está conmigo. Por eso no me hace falta. Y por eso salgo a buscarlo, con una sensación muy parecida a la felicidad. Sólo quiero agradecer. Dar. Inspirar y elevarme. Olvidarlo todo. Y recordar que el sol me constituye. Que sus rayos y su calor se filtran por mis poros. Que no habrá final a la vida librada de sucedáneos. Que los pájaros vuelan y encuentran el calor. Que todo está provisto de un sentido. Y que la existencia es en realidad un oasis en el que podemos quedarnos. Hasta que las nubes surjan, para volver a desaparecer. Y así, saber que estamos vivos y que el paraíso no tendrá final. Sólo existe. Sólo hay que verlo. Reír, mientras los rayos muestren un camino. Asirlo, con determinación, con inocencia, y la existencia hará su parte.