(Menos
locura y más romanticismo, 2013)
Despidiendo al
amor ingrato: caer, aterrizar, levantarse
Uno se entrega entero
Cuando se ha de querer
No me di’ de a pedazos
Migas pa’ recoger
Ay!
Camila Moreno, Ay!
Deja que me vaya por siempre con el viento
Deja que me espante el soplo en la canción
Dulce marcha el fuego en tu corazón
El pulso en mi palma ya tiene su propia voz
Camila Moreno, Cae y calla
Caer. Aterrizar.
Levantarse. De pronto una canción que te entrega una claridad inusitada.
Llenarse de una fuerza insospechada. Nueva. No la había sentido antes.
¿Dónde estás?
No existes.
Eres una gran
nube, inasible. Flotas por el cielo, sin sustancia. ¿De qué estás compuesto?
Veía un cierto material del que estabas formado, pero ahora veo que no es real.
¿Lo inventé yo? ¿Qué eres? ¿Quién eres?
Caer-aterrizar-levantarse.
La nube sigue ahí. Ahora veo que era una nube. ¿Pero cómo, es la misma de hace
tantos años? Sigue ahí, idéntica, inmóvil, no va hacia ningún lado. Y está
exacta que antes. ¿De qué está realmente hecha? Sólo veo aire.
Le pregunto:
¿Hacia dónde vas? ¿Qué quieres? ¿Cómo es tu nombre? ¿Qué buscas? No hay
respuesta. Espero. Unos minutos. Espero más. Varias horas. Meses. Sigo ahí.
Años. Esperando. No hay respuesta. Aire. Solo aire. Quizá era solo eso. Aire.
Alargo la mano, no hay nada.
Caer, aterrizar,
levantarse. ¿Alguna vez avanzas hacia adelante? Hay varios paisajes, asuntos
por descubrir. ¿Tienes miedo? No, tranquilo, es posible avanzar. A veces hay
que llorar, sí. A veces hay que querer, sí. A veces odiar. Pero hay que elegir.
Hay que hacerlo. ¿Tienes miedo? Mira, para querer, hay que sacarse el corazón y
dárselo a otra persona. A una sola. Y entero. Sacárselo. ¿Tienes miedo? Las
personas no muerden, tranquilo. ¿Por qué me estás dando esa poca sangre? No,
así no se hace. Es todo el corazón, ya te dije. ¿Ese poco? La semana pasada me
diste otro poco. No, no quiero. No es así, ya te dije. ¿Qué hago con esta poca
sangre? Mira, se me va entre las manos. Ya no sé ni dónde está, se evaporó.
¡Como la nube! ¿Tú eras la nube? Esa que estaba fija en el cielo, afuera de mi
ventana. ¿Eras tú? Estaba tan estática. Parecía inerte. Le pregunté qué
esperaba, pero no obtuve respuesta, y esperé harto, mucho, créeme. Un día le
pregunté si me quería, si acaso por eso se quedaba afuera de mi ventana,
quieta, como esperando. Pero tampoco respondió. Pensé que era muda. Pero no
estoy segura. Creí escuchar que balbuceaba algo, parece que dijo sí, pero fue
bajito, bien bajito, no estoy segura si fue eso lo que quiso decir. Y luego le
pregunté si quería entrar un rato, acompañarme en la terraza, descansar, quizá
le saliera el habla, pero no, ni se movió, ni dijo nada más. Eso fue todo.
¿Eras tú? No lo puedo creer.
Caer/aterrizar/levantarse.
Mira, estuvo tanto tiempo ahí que terminé por enamorarme de ella. A pesar de
que no decía nada. Al preguntarle algo, la veía indecisa, pero claro, yo sé que
la vida a veces es confusa. No quería presionarla tanto. ¿Tenía miedo de que se
fuera? Pero ella nunca preguntaba nada. Parecía un monólogo. Y yo veía que a
veces hablaba con otras. ¿Nubes? No eran nubes parece. Eran personas. También
les daba un poco de sangre. ¡Ahora caigo en cuenta! Era la misma nube, ¡y
también les daba sangre a ellas! Ahora entiendo, tienes razón, era la misma, y
yo vi que le dio sangre a varias. Más de una, te lo juro. ¿Si alguna vez le dio
el corazón a alguna? No que yo haya visto. ¿Tú qué crees? Quizá no lo vi y sí
lo hizo. Pero a mí también me daba sangre así es que no creo. No habría tenido
para darme. ¿Si me dio siempre? Sí. Siempre. No sé por qué no se iba de ahí.
Quizá no sabía adónde ir. O quizá tenía miedo de moverse. Porque entonces no
sabes cómo será otro cielo. ¿Cómo saberlo? Mira, la verdad es que yo no me
movía mucho tampoco. Me fui un tiempo, pero volví. No sé bien por qué. ¿Por qué
habrá sido? La veía y sentía que la quería tanto, era eso. Era tan bonita, su
color, su textura, preciosa, realmente impresionante, te lo prometo. Si tan
solo la hubieses visto. Me quedaba encandilada. Cada vez que la veía. Por eso
volví yo creo. Era realmente hermosa, mágica, y me sentía tan a gusto con ella.
Una vez la abracé. Me llevó al universo, planeamos, por la inmensidad, los
planetas, flotando, un paisaje extraordinario, inverosímil, pasábamos por entre
las estrellas, si hasta pude tocarlas. Sí, por eso volví. ¿Cómo no iba a
volver? Conocí los planetas con ella. Era una nube sobrenatural. Un milagro.
Todavía la recuerdo y me impresiona. Brillaba como un diamante iluminado por el
sol. Te llegabas a encandilar. Nunca vi una nube tan bella como esa. Era única.
La más bonita que yo haya visto jamás. Me llevaba a esos planetas de colores.
Estaba llena de una imaginación desbordante. Nos reíamos mucho. Teníamos
nuestro propio mundo. Era hermoso. Hermoso. Había pequeñas cosas que nos hacían
reír. ¿Si fui feliz? Sí, fui muy feliz. Vi todo desde arriba. Le entregue mi
corazón entero. Me demoré un poco, pero luego se lo di. Es que veía todo desde
lejos, todo se veía maravilloso. Yo quería estar con ella toda mi vida. Quería
prometérselo. Yo podía hacer eso. Yo quería hacer eso. Quería. Quería. ¿Pero
qué pasó? Yo me llevaba mi corazón a veces, porque ella no me daba el suyo, pero
siempre se lo devolvía. Es que yo quería estar con ella para siempre. Para
siempre. Pero un buen día agarró mi corazón y lo tiró al río. Me dolió tanto
que pensé que iba a morirme. Me dolía tanto que incluso una vez deseé que se
desvaneciera. Para no tener que seguir viéndola todos los días ahí afuera de mi
ventana, porque mi corazón sangraba y sangraba, sentí que era el final. No
quería vivir, no quería seguir. No quería hacer nada si ella estaba ahí afuera
de mi ventana. Pero dándoles sangre a otras. Todavía lo recuerdo y se me
aprieta el corazón, que ya está en su lugar. Ya lo recogí del río, lo cuidé
mucho tiempo, mucho, mucho. Con mucho cariño, cuidado, con amor, lo acaricié
hasta que sanó, le mostré el mundo para que supiera que había más que el final.
Ahora está con nuevas energías, si lo vieras, palpita con brío. Tiene fuerza,
es valiente. Quiere recorrer el mundo. ¿Si se lo daría de nuevo? Es que ella ya
no existe, se evaporó. No, ya no se lo daría. Es que ya no quiero gotas de
sangre. Yo le dije que el corazón se daba entero. No, no me lo dio. Yo quiero
alguien que me quiera de verdad. Pero de verdad. Yo quiero querer de verdad.
Caer aterrizar
levantarse. ¿Hacia dónde voy ahora? Lejos. ¿De la nube? Lejos de todo. También de la nube. No, si no tenía
sustancia, se evaporó, te dije, ya no está. O quizá tenía sustancia, y luego se
evaporó. ¿Si le daría mi corazón de nuevo? No, porque ella no me lo dio, ya te
contesté. Nunca me lo dio. Ya no quiero
verla más, no quiero que vuelva a mi ventana. Y no tiene sustancia, acuérdate.
Si yo le pregunté qué quería. Su respuesta fue un gran silencio. No, ya no me
siento bien con ella, me arrastra a un lugar que no quiero ir. Me lleva a la
muerte, al vacío. Pero hay tanta vida, ¿por qué ir hacia allá? Yo estoy viva,
por qué ir a la muerte. No, yo quiero seguir viviendo. Seguir en esta caminata
luminosa que llevo. Creación y creación. Descubrimiento. Estoy tan lejos. Y
sigo alejándome. He encontrado tanta y tanta música. Vuelo y vuelo. La vida y
yo somos una sola cosa. Cierro los ojos y hay paz. ¡Hay paz! ¿Si pensé que la
habría? La disfruto, porque la anhelé mucho tiempo, y nunca se sabe cuándo me
abandonará por un rato nuevamente. Disfruto. La música, las palabras, la
amistad, el amor, la paz. Los parques. El sol.
Caer; Aterrizar;
Levantarse. ¿Si quiero despedirme? Sí, para siempre. Desearle suerte, desearle
amor, desearle que pierda el miedo. O que haga lo que quiera. Pero que no
vuelva a arrastrarme. ¿Si ya no la quiero? Parece que no. O al menos no quiero
estar con ella. No quiero morir. Yo quiero vivir. Yo voy a amar de verdad. ¿Si
vale la pena quererla? No, por supuesto que no. ¿Si me da lo mismo? Sí, ya no
me importa. Adiós. Ya no existes. No en mi corazón. Adiós.