En
un momento dado, decidieron ser escritores. Se eligieron como tales. Organizaron
su vida para trasladar a la palabra escrita esa vocación que, antes, se contentaba
con fabular, en el impalpable y secreto territorio de la mente, otras vidas y mundos.
[…] Pero, empeñarse en serlo, decidirse a orientar la vida propia en función de
ese proyecto, es ya una manera—la única posible— de empezar a serlo. […] ¿Qué
origen tiene esa disposición precoz a inventar seres e historias que es el
punto de partida de la vocación de escritor? Creo que la respuesta es: la
rebeldía, Estoy convencido de que quien
se abandona a la elucubración de vidas distintas a aquella que vive en la realidad
manifiesta de esta indirecta manera su rechazo y crítica de la vida tal como
es, del mundo real, y su deseo de sustituirlos por aquellos que fabrica con su imaginación
y sus deseos. […] Lo que importa es que ese rechazo sea tan radical como para
alimentar el entusiasmo por esa operación —tan quijotesca como cargar lanza en
ristre contra molinos de viento— que consiste en reemplazar ilusoriamente el
mundo concreto y objetivo de la vida vivida por el sutil y efímero de la
ficción. […] Sin embargo, pese a ser quimérica, esta empresa se realiza de una
manera subjetiva, figurada, no histórica, y ella llega a tener efectos de largo
aliento en el mundo real, es decir, en la vida de las gentes de carne y hueso.
MARIO VARGAS LLOSA, Cartas a un joven novelista
Por qué
escogí este libro de Vargas Llosa, entre otros tantos que tengo por leer. Ese
azar me encanta. Y los libros llegan en el momento justo, una intuición que
lleva a una pequeña encrucijada, a desviar un tanto el camino, a explicar todo
un pasado, todo encaja, de pronto, por momentos, encontrar explicaciones o
constataciones tan profundas, de tantos y tantos momentos, meses, años, vidas,
de reflexión. Y él tenía la respuesta. Él tenía la respuesta: la rebeldía. Es
por eso que empecé ahora y no antes, no estaba lo suficientemente desencantada.
Ahora que ya nada me importa, o todo me importa demasiado, como para seguir en
el mismo camino, veo que fue el momento preciso, ni antes ni después. Ahora, es
ahora, la rebeldía, me impulsa. Tomo el lápiz, escribo a toda velocidad, pero
saboreando cada palabra, cada frase, voy dándoles vida a los personajes con un
gozo indescriptible, como que fuera lo más importante de la existencia, darle
vida a estos seres que casi existen. Respiran, me hablan, se rebelan, quieren
ser parte, quieren tomar su propio curso, pero yo lo tomo en mis manos, y los
voy moldeando, y los dejo también caminar solos, para donde quieran ir, porque
no todo puede organizarse, a veces hay que escuchar lo que va pasando, los
caminos que se van abriendo, decidir. Y quiero a mis personajes, porque nacen
del momento, porque encarnan todo lo lindo, todo lo difícil, todo lo vital, la
razón por la que lo dejé todo para poder crearlos, porque no veo que haya más
que esto, o mucho más, poder darle vida a estos personajes, aunque mi
existencia entera se vaya en esto, respirar, y dar vida, respirar, y dar vida,
y respirar al compás, de la vida creada, que ella misma crea más vida, y más
vida, que cambie todo, que el mundo pueda transformarse, de una vez, si no en
la realidad, al menos en estas páginas, que son como la vida misma, que van a
cambiar el mundo, el mundo impalpable, aquél que rige nuestros designios,
nuestro porvenir, nuestras sensaciones, nuestros sentimientos, aquél que nos
hace vivir o morir, aquél del que está compuesto el día a día, nuestra
felicidad o nuestra miseria, todo lo que nos rodea, y todo lo que nos compone, relaciones
y relaciones que se entremezclan, en un espiral fusionado maravilloso, que nos
da la profundidad para seguir, para no pasar de largo, para entender algo, para
acercarnos a nosotros mismos, y a los otros, y comprender que esa fibra íntima
es la que cambiará nuestros destinos, no la fibra palpable, tantas veces vacía,
tan vacía, tan subrepticiamente vacía, pero vacía al fin y al cabo, y todos
esos espirales de relaciones y sentimientos que van poblando nuestro desenlace,
nuestros segundos, minutos, horas, tantos días, llenos, llenos de bellísima
información, que reemplaza el vacío, y como un gran viento nos eleva, entregándonos
un sentido para seguir aquí, para estar aquí, y poder sonreír, segundos,
minutos, horas, tantos días, un sentido, que nada podrá reemplazar, nada más
que esos espirales, de relaciones, de sentimientos, nada más que ese núcleo de
pureza, tan impetuoso, tan colmado de energía, ese núcleo que nunca podremos
obtener en el ruido vano, en la locura de llenarnos de estímulos vacuos, de
perdernos las puestas de sol y el viento magistral que eleva todo por los
aires, de perdernos los ojos de los gatos iluminados por un rayo de sol, ese
mundo natural, animal, totalmente ancestral, que nos enseña tanto, y nunca
podremos comprender si no es mirando en los ojos de los animales, en los ojos
de nuestros hermanos, pero directamente a los ojos, sin desviar la mirada, y
mirando también al techo, y respirando, y sólo respirando, y mirándonos a
nosotros mismos, y sanando nuestras heridas, tan nuestras, y dando la
oportunidad a otros de relatarnos las suyas, y escuchando a todos quienes quieran
hablarnos, porque todos necesitan un poco de nosotros, y nosotros necesitamos
un poco de todos, y así crearemos ese núcleo, tan maravilloso, tan liviano, y
tan profundo, así dejaremos ir al vacío, y tendremos un sentido para seguir,
estos personajes que creamos, con cariño, desde las profundidades de la tierra, desde el vuelo de una mariposa, riendo,
y llorando tanto, y riendo, y dando gracias por creer, en nosotros mismos, en
quienes somos, en nuestro lugar en el mundo, en que podremos alcanzar eso que
soñamos.