19 de julio de 2025

Misterio

Suele ser una suerte de misterio la vida. Parece un lugar común decirlo, pero hay que captar bien el alcance metafísico de esto. Se intenta ponerle números a cuanta cosa circula, explicaciones a cuanto suceso acaece, de acuerdo, pero observemos bien: estamos perdidos. A veces sentimos que nos encontramos, que se aliviana un poco la carga, que hay razones, caminos: no dura tanto. Una apariencia de cosmos alojado en el desierto más absoluto. Tal vez por eso se inventó la música. Olvidar por un momento hace que todo adquiera sentido. Tenía un amigo en la universidad, que partió el año pasado, era músico, se llamaba Calixte, que me decía, yo creo que existimos para pensar, como dice Kant, no para ser felices, como dice Aristóteles. El año pasado decidió que ya era suficiente de existir. Me apenó mucho la noticia. Es alguien que tuve muy presente, aunque hace muchos años que no lo veía, porque recordaba siempre escenas o conversaciones con él, y me hacían reír. Una vez en una fiesta nos presentaron al hijo de un embajador europeo, creo que francés, había mucho ruido, y Calixte le dice, de manera no muy audible, pero audible al fin y al cabo: me importa una raja conocerte. Se estaba riendo de él porque era alguien lleno de maneras y reverencias, me importa una raja quiere decir, me tiene absolutamente sin cuidado conocerte o no. El asunto es que esta persona, diciéndose a sí mismo, es evidente que no fue eso lo que dijo, respondió, perdón, indicando que no había entendido bien, a lo que Calixte insistió, diciendo esta vez: estoy encantado de conocerte. Igualmente, dijo esta persona, con mucha pompa. Yo estaba al lado, con Clara, y nos pusimos a reír, por supuesto, luego de saludar a la persona en cuestión y partir un poco más allá. Era una broma estúpida, no hay duda, pero eran ese tipo de cosas que hacía Calixte que nos hacían reír mucho. Yo con mi espíritu diplomático y más bien tímido, jamás hubiese dicho nada similar. Pero Calixte era un misterio. Una no podía saber qué esperaba realmente de las situaciones, de las personas, de las actividades, de las motivaciones. Un completo misterio. Como si viviese con una intensidad total, pero al mismo tiempo odiara a todo el mundo. No había manera de dilucidar qué atravesaba su impulso. La mitad de la vida tiene algo pesado, imponente, que te tira hacia abajo, como queriendo enraizarte para lo que queda. Sugerirte que esperes un poco, que has visto ya la mitad, pero eso no significa que lo has visto todo, que en ese tránsito de anclarse en ese hito que estrangula seguirán surgiendo cosas. Me importa una raja conocerte. Cada vez que me acuerdo me pongo a reír. Como si Calixte lo alivianara todo, aunque no pudo alivianarlo para él mismo. Como si en la mitad de la vida hubiese que decirle a la existencia: me importa una raja conocerte. Para que todo siga fluyendo. Decirle: no me importa. Déjame tranquila: no quiero entenderte. Me importa una raja conocerte. Con estar aquí es suficiente. La mitad de una vida es una tregua. Si logramos saltar el muro sin estrellarnos al intentar subir, o bajar. El año pasado perdí dos amigos, Calixte, y Kaleb, un compañero de escuela, en circunstancias similares. Conversaba mucho con él en los tiempos de recreo en el colegio, me gustaban mucho sus reflexiones. Me parecía alguien atípico e interesante. En el último año de escuela había una actividad a fin de año en que las mujeres se ponían la ropa de los hombres y viceversa, era una actividad extraña en realidad, pero bueno, yo intercambié ropa con él. Usábamos un uniforme en el colegio, por lo que él se puso mi falda, y yo su pantalón. Ahora que lo pienso, no sé cuál habrá sido la motivación de esa actividad, pero en ese momento era divertido. Bueno, Kaleb también se declaró cansado el año pasado, como Calixte. Se dijeron: yo de este misterio no quiero más. Tal vez tenían razón. Se dijeron: me importa una raja conocerte. Fue un hecho triste, no como en esa fiesta, pero bueno, quién es uno para juzgar los misterios de la vida y las decisiones de los demás. Yo al igual que ellos, estoy diciéndole a la vida, me importa una raja conocerte, pero pasé al otro lado del muro, o así parece, o estoy en ese tránsito. Es intenso, doy fe, pero es como que se abre una dimensión desconocida al mismo tiempo, un misterio nuevo, como si no fuese ya suficiente: qué habrá en lo que queda. Junto con esto está la pregunta: qué es lo que quiero que haya en esta nueva mitad, luego de bajar del muro. Por el momento estoy arriba del muro, y miro hacia adelante, hacia atrás observo a Calixte y a Kaleb, con cariño, con agradecimiento, con alegría también, porque la mitad de la vida es ya bastante, y me digo, al mismo tiempo: quisiera conocerte. Quisiera conocerte, sin que el misterio me aprisione, sin reverencias interminables, sin la superficialidad que acompaña a veces a estos tiempos. Quisiera conocerte con magia, haciendo magia. Conejos, sombreros, etc. Escucho End of the line, del disco Siren, esta vez, de Roxy Music. Sirenas, eso me gustaría, algas, embarcaciones, lanzarme al mar siguiendo el canto de las sirenas. Reached the point of no return, canta Bryan Ferry. No quiero nada de lo miserable. De lo que conocí y me dio zancadillas. No quiero la realidad a secas. Quiero un misterio náutico. Quiero recordar el cansancio de Calixte y Kaleb, y saber que fueron también felices: no tengo dudas. Luego de este muro habrá de las dos cosas, tampoco tengo dudas. El misterio de la vida debe parecerse en una mitad y en la otra. Al final, todo es un río, hasta el mar. You know where to find me, canta Bryan Ferry. Now’s the time to take a dive, try a magic carpet ride, canta. Uno de los misterios ha quedado resuelto: en la alfombra mágica estará el viaje. La verdad es que no siempre me importa una raja conocerte: insisto en la literatura. En la alfombra mágica que me lleve a la música. Me siento cansada, pero no tan cansada. Es verano, tengo a Roxy Music. Tal vez es una especie de posta, donde uno va pasando el pequeño bastón de madera al siguiente, y ellos lo dejaron en nuestras manos para alguna clase de misión secreta a descifrar. Tal vez se puede afrontar como un juego de pistas extrañas. Para empezar hay que decir claramente: me importa una raja conocerte. Luego cambiarse la ropa por el compañero de al lado. Después ya no sé bien. Intento mirar qué hay más allá del muro, hacia el horizonte, o hacia el día siguiente: enigmas. Qué hay ahí en la semana que viene, en la próxima hora: incógnitas. Quien diga que no hay misterio es porque teme al fracaso de los pilares. También me ha pasado. Pero es asunto de escuchar música y se disipa la rigidez. Observaba ayer la película Le temps d’aimer, de Katell Quillévéré, sobre esas rigideces y su miseria, y esos espacios que se abren para amar de maneras inesperadas. Tal vez este sí sea el tiempo de amar de la humanidad. Podemos pensarlo de esa manera. ¿Quién nos lo impide? Desde aquí arriba del muro de la mitad de la vida quisiera crear esa música que cobije las maneras inesperadas. Cuando todo es misterio, queda la certeza, al menos de tener todavía la vida. Tengo mi pelo, tengo mi cabeza, canta Nina Simone, tengo mi cerebro, tengo mis oídos, tengo mis ojos, tengo mi nariz, tengo mi boca, tengo mi sonrisa. Queda la certeza: tengo tal vez las palabras y tengo mi cabeza. Tengo el misterio, y tengo, gracias a Calixte y a Kaleb, la sonrisa. Lo inesperado son oportunidades de comprender que amar es una posibilidad accesible: es gratis. Yo creo que ellos sabían sobre esto. Nos pasaron la posta. Quién nos impide hacerlo. Aquí no hay misterio: nadie. Quien quiera interponerse: me importa una raja conocerte. Juntxs es más posible. Siempre surfeando en el misterio (también es gratis). Estoy encantada de conocerte.  

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