Elegir los caminos del asombro. Hablar de amor sin feminismo es entrar en terrenos pantanosos donde los significados de las palabras en ocasiones juegan en contra de esas mismas palabras. Esto es, el amor puede ser una y mil cosas, que en realidad no tienen que ver para nada con el amor. A veces se dice amor y en realidad se está hablando de alguna otra cosa. Tal vez no hay palabra que haya sido objeto de mayores manipulaciones en la historia. En otras oportunidades su definición se acerca a su sustancia. Por ejemplo, Troy me dice, Lisa, en menos de cuarenta y ocho horas, tendré tus labios, tus ojos, tu cuello, tu lengua, tus orejas, tus hombros, tu piel, tu espalda, tu vientre, tus senos, tus nalgas, tus piernas. Todo tendrá un sentido, me dice. Pero cuál es nuestro propósito. ¿Amar flotando en el universo? ¿Como satélites? ¿Orbitando? ¿Amamos sin observar el plano mayor? ¿Nos fundimos con el ser amado y que todo se disuelva? ¿Ir de un temporal al otro y no ganar en sustancia? Nos ahogamos en la culpabilización, y en ocasiones la olvidamos completamente. No todxs tenemos la misma oportunidad de olvidarla. A veces las hojas que caen nos hacen pensar que nuestra valía no es suficiente. Que el amor es una entelequia y algo que nos supera completamente, que nunca podremos obtener ni conocer realmente. Nuestro cerebro intenta integrar todas esas concepciones del amor que se han ido anquilosando en sus cavidades. ¿El amor tiene entonces que ver con sobrevivir, con vivir? Cuánta libertad tenemos en realidad. Cuántas posibilidades reales de elegir. En qué se basa esa elección. Cuánto está condicionada por el asombro, cuánto por el miedo. Creo que hay que darle una oportunidad al asombro. Guiarse por esa intuición que es posible escuchar en el silencio de la habitación. Nos exigimos demasiado y a veces exigimos demasiado a los demás. El asombro es la poesía que se intuye. La poesía que se siente. Es necesario sentir. El asombro sólo podemos obtenerlo cuando sentimos. El asombro es la emoción de oasis. Algo que se vislumbra en medio del desierto. Algo que despierta. Algo que posibilita conocer el verdadero significado de la palabra amor. Lo que tengo es el asombro, que está muy cerca de la lengua, porque las palabras son emoción. Cuando las comprendemos nos encienden. Entonces podemos amar, porque lo aprendimos. Amar se aprende. Con el corazón abierto al asombro.
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