31 de enero de 2024

Viajar

Tal vez la segunda experiencia más relevante de mi vida hasta ahora y que ha definido quién soy es haberme desplazado por el mundo siempre que pude para conocerlo de primera fuente: viajar. Recorrer mochila al hombro los lugares para obtener secretos que de otra manera me estarían vedados. Romper la inercia. Preguntar el sentido de otras vidas. En cuanto pude tener auto recorrimos Chile entero, el país donde nací, desde el desierto florido hasta islas en el sur. Luego con diversas personas exploramos distintos rincones de Latinoamérica. Lugares perdidos en la nada, desde selvas primarias hasta ruinas en las montañas. Luego Europa todas las veces que me fue posible, una vez con mis dos hermanos, otra vez sola con grandes mapas, y así. Luego cuando llegué a vivir a Francia nos dedicamos a pasear en auto por todos los lugares a descubrir. He intentado consistentemente captar algo de la esencia de existir, lejos de donde abrí los ojos por primera vez. Tal vez el mundo no fuera tan ancho o ajeno, o tal vez fuera todo lo contrario, algo inabarcable y de lo que yo no tenía noticia alguna y tuviese que combatir una y otra vez la perplejidad. Creo que han sucedido las dos, como todo en la vida, saber que somos lo mismo y algo totalmente distinto. Nuestras costumbres son arbitrarias y nuestros sueños los mismos: amar y ser amados. He caminado a consciencia por treinta países, en varias ocasiones por trabajo también. Llevo en mí un fragmento de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, Uruguay, Costa Rica, República Dominicana, México, Estados Unidos, Alemania, Austria, Bélgica, España, Francia, Italia, Países Bajos, Portugal, Suiza, Reino Unido, Noruega, Suecia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Grecia, Turquía, China. Las fronteras son una entelequia creada para excluir. Las diferentes culturas son interesantes pero no es lo más importante. Nuestra humanidad común sí. Nuestra categoría de seres vivos junto a millones de otros seres vivos, con plumas, aletas o cola. Los animales también quieren amar y ser amados. Hasta los árboles quieren. Viajar a conciencia es entender el amor verdadero. Tocar las cosas, llegar al alma. La experiencia es insustituible. Lo desconocido es lo que nos abre. El movimiento es lo que nos despierta al amor. No aspiro a conocer el mundo entero, no me daría el tiempo ni el presupuesto, pero espero saber que hay más y que siempre está la posibilidad de ser mejor persona y comprender que en el respeto está la vida. Ser buena persona no es poco atractivo, como a veces se sugiere, como un gran malentendido. Es mucho más atractivo. Viajar a consciencia es comprender. 

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