29 de enero de 2024

La primavera de la vida y del mundo

Ser mujer probablemente sea sufrir constantemente en mayor o menor medida dependiendo de un sinfín de factores y un día darse cuenta que las cosas pueden ser distintas. Que no hay obligación de nada. Que otro mundo es posible. Hay que leer a otras mujeres. Sin parar. Para mí eso ha hecho toda la diferencia, de una vida de sufrimiento subyacente a una vida plena. Hablar con mujeres. Escuchar a otras mujeres. Publicarlas. Lo que tienen por decir. El mundo es simplemente otra cosa que hace veinte años, diez. Es mucho, muchísimo mejor que antes. No tiene nada que ver. Es casi perfecto en comparación a una seguidilla de experiencias que viví o supe de primera fuente durante mi vida. Ya no. Ya no están. Me siento en mi silla junto al río y cierro los ojos mientras el sol me alcanza escuchando Chopin a todo volumen en mi departamento propio. Lloro de emoción. Porque la vida será distinta para Agustina y Margarita, mi ahijada y mi sobrina. Porque las cosas fluyen y escribo. Porque tengo amigxs que me completan. Porque me completo a mí misma. Porque existe la música. Porque retomé el piano. Porque escribo la gran obra. Porque me rodeo de un círculo de amor maravilloso. Porque soy feliz. Porque el mundo es tan distinto y amigable. Porque sé que en lo más profundo, no he perdido la esperanza. Tengo la vida y la vivo. Cada día. Ayer mi amiga Trinidad me contaba que conoció en persona a la banda de rock Kiss, su amor absoluto desde pequeña. Yo le conté otras proezas que atesoro. Brindamos. Nos reímos. Viste, Andrea, me dijo, todo es posible. Tal vez sí. Sigue el esfuerzo para que la primavera los alcance a todxs. La comunión se produce encontrándonos con nosotros mismos. Cultivando el alma, como escribe bell hooks. La vida es en comunidad. Escucho a Chopin, leo a bell hooks, converso con mis amigxs, y sé que todo será posible.


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