El loco no es solamente una carta del tarot, que habla sobre aventura y libertad, es también la persistencia de la nocividad que intenta ser seducción en apariencia. Es también la insistencia oblicua que hace caso omiso al: desaparece. Hace unos días un comentario en mi revista, ¿en qué idioma hay que hablar? Cuando tenía yo diecisiete años y estaba en el colegio, comencé una relación con alguien que tenía siete años más que yo y se preparaba para trabajar como psiquiatra. Relación que duró hasta unos meses antes de mi cumpleaños número veintiuno. Mucho tiempo, sobre todo a esa edad. Lo pasábamos bien y conversábamos mucho, tocábamos música, aprendí bastante. En el ámbito sexual había limitantes y la experiencia podría haber sido mejor, pero no tenía punto de comparación en ese momento así es que no lo podía saber, todavía. Un buen día, de la nada, decidió que había que terminar la relación “por mi bien”. ¿De qué estamos hablando? Mi identidad había ido construyéndose con fragmentos de él así es que la sensación fue exactamente igual que estar en un balcón y que te empujen hacia abajo sin gritar agua va, esto es: sin ningún tipo de red de salvataje para retener tu caída libre. Por mi bien. Me dijo hablemos en un mes más. Yo pensé que en un mes el asunto retomaba, me quedé en la perplejidad tratando de entender algo. Al mes, nada. Sólo era para saber cómo estás. ¿De qué estamos hablando? Llorar todas las noches. Un año después, cuando yo estaba en una relación con otra persona, enamorada y feliz, en el punto más alto luego de casi un año juntos, reapareció. Esto volvería a repetirse en un sinfín de oportunidades, pero sólo para molestarme un rato, caí en cuenta años después. Nunca en casi veinte años después del fin de la relación sus palabras fueron ciertas, qué siniestra manera de funcionar, ahora lo veo tan claramente. Volvamos a su aparición un año después de su abandono imprevisto. Claro, como todo iba bien en mi vida, había que hacer algo. En su retorcida mente había que tramar algo, supongo. No sé si concertado o no, pero por una casualidad, para mí, terminé sola con él en su departamento un día. La escena no parecía preparada, en apariencia. Puso toda la música que más me gustaba, luces bajas. ¿De qué estamos hablando? Mi enamorado me esperaba. El loco lanzó toda la caballería, completa, hasta con regimientos que yo no conocía, todos salieron a la pista, el ataque fue total. Me pidió matrimonio, cásate conmigo, estoy desesperado, bla bla bla bla bla. La manipulación es su especialidad, en eso se graduó con honores. ¿De qué estamos hablando? Yo tetanizada, deseando desaparecer sin más, de aquella hipnosis funesta, como una serpiente alrededor de tu cuello. Nos besamos, y luego logré partir. Le dije, por supuesto, que no iba a casarme con él, porque estaba emparejada con alguien más, a quien él conocía bien, pero sobre todo, porque no quería. Cien llamadas al día durante los meses que siguieron, nunca contesté, y explicándole a mi enamorado la emboscada, rogando porque me perdonara. Hay muchos más capítulos en esta historia, ¿pensaron que se acababa acá? ¿De qué estamos hablando? Cada cierto número de meses volvía a aparecer, y siempre era el mismo discurso, no estoy enamorado de mi pareja (tenían ya un hijo, luego dos, luego tres), eres mi tesoro secreto que guardo en un baúl, mi único amor, no puedo dejar de pensar en ti, bla bla bla bla bla. ¿De qué estamos hablando? Por supuesto no se movía un ápice de donde estaba, pero siempre relataba las peores experiencias por las que pasaba con su pareja, vida familiar, etc., era algo horrible, nunca la he querido. Todas las veces me desestabilizaba, pero siempre lograba ponerle freno. Un buen día, yo no estaba en pareja, años después, un año antes de mi desaparición definitiva de Chile. Le dije, ok, seamos pareja, si eso es lo que quieres. Su familia contaba ya con tres integrantes, además de él y su pareja, pero él nunca la había querido, eso decía, siempre. El delirio, de su parte y la mía, duró un par de días. Pero hay una diferencia clave, yo lo decía en serio, y él no, como siempre, recordemos que maquillar la realidad es su habilidad suprema. Nos juntamos a almorzar para concretar lo conversado. Llegó con cara de funeral. ¿De qué estamos hablando? No puedo, no puedo, hacer esto, es lo que quiero, pero soy una pobre víctima de las circunstancias, el hijo maldito de un destino torcido que se ensaña contra mí una y otra vez, soy lo más desgraciado del planeta tierra y del universo completo con todas sus estrellas. ¿De qué estamos hablando? Terminó el almuerzo, él en su nube se ponía a caminar a ratos más adelante sin darse cuenta siquiera que yo me quedaba atrás. ¿Existía alguien más para él, que él mismo? En general parecía que no. Sus rasgos se parecían a los de un narcisista perverso. ¿Creen que la historia termina ahí? Por supuesto que no. Le pedí, como ya lo había hecho en incontables ocasiones, que no volviera a dirigirme la palabra, pero esta vez se lo había pedido con más énfasis que otras veces, dado el tamaño del delirio. Retrocedamos un poco, me lo encontré una vez en una celebración de matrimonio de un amigo en común, él con su pareja, la que no quería, eso decía. Al llegar y saludar, ella no me saludó. Me quedé con el ademán de saludarla y luego seguí de largo. Dos veces en mi vida me ha pasado que las parejas actuales de ex parejas mías no me saludan. En ambas ocasiones me he quedado realmente intrigada, ¿qué les habrán dicho? Ya me veo algo del tipo, todo es culpa de ella, me persigue. Qué terrible. Pero volvamos a la petición. No se demoró mucho, y decidió crear un blog, en sus palabras, “para existir por ahí”. ¡De qué mierda estamos hablando! Cómo pedirte, en qué idioma, no quiero saber más de ti, es tan difícil de entender. Todos los días un texto, de personajes, en que él era el paciente, y hablaba con un psiquiatra. Por supuesto él era la pobre miserable víctima, que me había perdido, por estar enfermo, por estar loco. En lo último tenía razón. Era un loco. No de esos amorosos, en su mundo, creadores, uno totalmente sombrío y fúnebre. Por primera y única vez en mi vida tuve una crisis nerviosa, luego de escribirle un correo, donde le pedía casi de rodillas que no quería, nunca más, pero nunca más saber de él, por ningún medio, físico, virtual, señales de humo, ondas en el agua, telepatía, nada, por ningún medio. Yo con crisis nerviosa y él nada, en su puto blog dedicado a mí con sus personajes delirantes. Sálvame, dios mío, creo que me convertí al catolicismo, o estuve cerca, para poder rezar con más ahínco. La historia no termina ahí, por supuesto. Había que llevar siempre la manipulación a un nivel superior, no vaya a ser que las técnicas fallen y no apruebe el examen. Una vez yo en Barcelona, adivinen: reapareció. Ahora sí, seguro, no hay vuelta atrás, me decía, seguían siendo tres los integrantes de su familia además de su pareja, porque supongo que ya cuatro era mucho, quiero verte, eres mi tesoro en el baúl, bla bla bla bla bla. Voy a organizar un viaje, alguna conferencia, para ir a visitarte, listo. En buen momento llegó el año nuevo y con eso una vida nueva para mí y no volví a dirigirle la palabra ni a pensar nunca jamás en él. Pero ahí no termina la historia. Recuerden que cada cierto número de meses volvía a atacar, parecía un mono porfiado, íbamos ya en el año dieciséis contando desde el fin de la relación. Se dice rápido, pero es bastante tiempo. Adivinen: reapareció, yo en Chile, mensaje. Cómo estás, yo, él: mal, desajustado, semana infernal, y yo, pero vi por una foto que volviste con tu ex, él: ah sí, pero justamente, por eso, el cambio de casa, me aceleré mucho. Yo, ah, por eso fue satánico, ok. Creo que fue la primera vez que pude ver el plano completo de la manipulación ahí claro. Procedí, al fin, a cerrar todas las vías posibles de comunicación, más vale tarde que nunca, es lo que dicen. De eso hace ya varios años. Pero adivinen: ahí no termina la historia. Siguió buscando maneras, porque me imagino que el no, no es una palabra de su vocabulario, alguien tan centrado en él mismo no puede creer que yo ya no quiero hablar con él, hay que inventar nuevas vías. Resolvió contratar a mi mejor amiga como abogada para divorciarse. Porque cualquier estrategia es válida para seguir marcando su poderío, como un perro orinando en cada árbol. No fue tan buena idea, ella pudo constatar de primera fuente sus estudios superiores en manipulación y ver el nivel de devastación y destrozo que causa su manera de funcionar. De vez en cuando, antes de que yo bloqueara todas las vías de contacto, anotaba mensajes públicos que iban dirigidos a mí en clave, simulando que eran para alguna otra con la que compartía su vida. Qué pesadilla. Lo peor, creo, es la diferencia entre la apariencia y la realidad, esa pleitesía que parece rendirle todo el mundo, esa imagen modificada de él mismo que proyecta y que al parecer tantos se tragan. Lo otro muy nocivo, es que no entienda que no quiero saber nada de él, y volvemos al comienzo del texto, no quiero nuevas estrategias, no es necesario que comentes en mi revista para que yo lo lea, gracias, pero no hace falta, además con un nombre de twitter tan ridículo, y siempre mostrándose como que está por sobre los demás, donde no está por supuesto. Quizá lo que más le molesta a alguien como él es que yo haya desaparecido de su vista, y que ya no le rinda pleitesía también, lo que alguna vez hice, cuando lo que teníamos valía la pena, creo, y lo que nunca más, gracias a dios, volvió a repetirse. La locura a veces causa mucho daño, y más todavía cuando las acciones son deliberadas. En el fondo, nunca le han importado mis peticiones ni las de nadie, sólo lo que él quiere conseguir, que es, la pleitesía a cualquier precio, con opresión o sin, pero siempre con desconocimiento. No se rinde pleitesía a alguien así, sabiendo. Ni siquiera sé si estar en esa consulta será recomendable, pero ahí no voy a emitir opinión, porque afortunadamente eso no me ha ocurrido. Hubo buenos momentos, pero es un seductor barato que causa daños irreversibles. Para un poco, en serio, para. Quizá tratarse, ¿se arreglan esas cosas? Todo lo que comienza como comedia, termina como tragedia, lo escribió Bolaño. Con que desaparezcas, me basta. Parece que no, pero un día las cosas se acaban, y dependiendo de cuánto hemos considerado a los otros, a veces acaban mal. El loco es mucho más que una carta del tarot. Es la voluntad de volver mierda lo que una vez valió la pena. Quizá ahí está la enfermedad.
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