11 de septiembre de 2018

Walt Whitman - Song of Myself


I, now thirty-seven years old in perfect health begin,
Hoping to cease not till death.

Creeds and schools in abeyance,
Retiring back a while sufficed at what they are, but never forgotten,
I harbor for good or bad, I permit to speak at every hazard,
Nature without check with original energy.

Walt Whitman


A los treinta y siete años de edad, gozando de perfecta salud,
Comienzo y espero no detenerme hasta morir.

Que se callen los credos y las escuelas,
Que retrocedan un momento, conscientes de lo que son y
Sin olvidarlo nunca.
Me brindo al bien y al mal, me permito hablar hasta correr peligro.
Naturaleza sin freno, original energía.

Walt Whitman

4 de agosto de 2018

Instrucciones para afrontar el verano (una vez más)


Una ducha fría
Mercy Street, de Peter Gabriel, o puede ser Big Time
Quisiera vivir en el océano

Soñar no basta
Hay que avanzar
Escribir y escribir

Pero el calor da fuerza
Dan ganas de subirse a un caballo y pelear con la espada
Es extraño, por decir lo menos

Soñar no basta
Quizá una ducha fría
Que serene los pensamientos que se entrecruzan

Pero el calor da fuerza
A campo travieso perderse
Una velocidad arrolladora

Soñar no basta
Pero juro que me gustaría vivir en el océano
Contigo

Una ducha fría
Las historias de los caballos para otra vez
Este es el tiempo de la lógica

Soñar no basta
También se puede soñar
Soñar, soñar, soñar, y que te dejen tranquilo

Pero el calor da fuerza
Puede que termines haciendo el loco
Esta vez el caballo está detenido, toma agua

Una ducha fría
Y volver a las ideas
Sin llorar

Pero el calor da fuerza
Y te preguntas:
¿Cuándo acaba esto?

Soñar no basta
Puedes hacerte caballero andante
Para luego darte cuenta que eso fue demasiado lejos

Una ducha fría
Y volver a las ideas
Piensa, pero no tanto (no en caballos)

Soñar no basta
Yo habría querido derribar los molinos
¿Estaré a tiempo?

Pero el calor da fuerza
Cuando caí en cuenta estaba ya tan lejos
Y todo por promesas etéreas

Soñar no basta
El verano sigue pasando
Pero la fecha sigue fija

Una ducha fría
Bueno, puedes llorar un poco
Ir al fondo del jardín y observar la colina, verde

Soñar no basta
Tomar mucha agua
Olvídate del viento que no llega

Una ducha fría
Y lo mejor quizá sea:
Irte a dormir

Y soñar con caballos
Y explanadas
Y velocidad

O con un atardecer
Una cama
Y la ventana abierta

3 de agosto de 2018

El calor humano y la justicia


Hace dos años se fue mi Iaia, y yo sigo aquí, sin ella. Pero cuánto amor, ¡cuánto! hay en mi corazón. No podría precisarlo. Pero lo siento, como un bombo, late fuerte. Es el amor incondicional. Son tantos años de paraíso a su lado. Incontables. Tenía ella una capacidad sobrenatural, de alargar los minutos, de detenerlos. Reírnos, y reírnos, y el tiempo no pasaba. Simplemente no pasaba. Los momentos se volvían elásticos, igual que ella, que todo lo sabía y todo podía hacerlo. El tiempo vuela, le dije una vez. Depende, me dijo, si lo estás pasando mal, pasa muy, pero muy lento. Siempre tenía el contrapunto. Con ella las horas volaban, a pesar de parecer detenidas. Todo lo que decía era interesante. Qué capacidad de sorprenderme.

Hoy me sucede algo hermoso, esa complicidad que tenía con mi Iaia, la tengo hoy con mi madre, acentuada, ya que lleva ella ahora toda la energía. En este día lleno de emociones, quisiera rendirle un pequeño homenaje, como línea que continúa y nunca se detiene. Camino que sigue hoy en mi ahijada Agustina, que me hace reír como no pensé que era posible. Es un pequeño universo que se desplaza, no pensé que el mundo pudiese expandirse de esa manera, ni que cada pequeño detalle pudiese ser observado desde puntos de vista impensados y tan graciosos.

Mamá, no tengas pena porque la Iaia partió. Mira, la Agustina y yo estamos aquí, y todo sigue igual de bello, sólo diferente. Pienso que lo que importa de habitar los días, y luego un día irse, es haber sembrado algo bello en otros, sembrado algo bello en el mundo, salir del círculo de continuidad hasta el infinito, crear una interrupción. Tú, mamá, has cambiado el mundo, ya nada es igual. Interrumpiste la inercia con tu canto constante a la vida. Iniciaste a quienes te rodean al calor humano, al verdadero calor humano. Tu corazón bondadoso está lleno de gozo, y yo lo sé, porque sabes ahora que hay una cierta justicia, aunque a veces dudemos. Una vez iniciados al calor humano, la interrupción hace su parte. Y a un mundo, rodeado de belleza, la tuya se acopla y ya no hay que temer de la intemperie. Porque nada, no importa cuán amenazante, nos detiene cuando se trata de un corazón bondadoso creado a partir de la bienvenida al calor humano. Supongo que ese calor humano es más fuerte que cualquier vacío. Por algo seguimos aquí.

Mamá, cambiaste la faz del planeta con tu fuerza. Que la alegría esté siempre instalada en tu corazón, como nos enseñó la Iaia, una y otra vez con su buen humor y su cariño. Mamá, deja que las gaviotas toquen tu puerta, deja que los pelícanos entren, la fiesta ya comienza. Todo se ha gestado como una bella interrupción, como esa capacidad elástica del tiempo que a veces nos indica: el calor humano está ahí, siempre disponible. Aunque algunos partan, a pesar o gracias a cada transformación: el calor humano está ahí, siempre disponible.

El océano se vuelve aún más extenso gracias a tu presencia. Y la fiesta ya comienza, como interrupción, como calor humano, como esperanza. Como aire fresco, como resistencia. Como vuelo, y como fiesta. Baile, baile, baile. Hasta renacer a algo nuevo, y volver a comenzar, con el calor humano en el alma, y en el corazón: justicia.