29 de junio de 2025

La mitad de la vida III

Creo que el momento más feliz de mi vida fue cuando me casé con Jean. Por eso es un divorcio imposible el nuestro. Por eso esa suspensión constante. Esas preguntas hacia la vida. Hacia la mitad de la vida. ¿Qué viene ahora? ¿En qué va a consistir la felicidad? Pero el presente ocurre haya preguntas o no. Esa es su fatalidad. La necesidad de hacerle frente cada día. Yo por suerte tengo las letras. Pero este presente no está fácil, hay la solidaridad, pero hay el dolor. Lo bueno de haber sido feliz es que se puede ser feliz todos los días. La felicidad es una noción que hay que tener, para recurrir a ella cuando hace falta. Es una especie de pilar que nos va constituyendo. Como no sé si es la mitad ni si va a continuar, prefiero escribir sobre estas cosas que me han hecho feliz. Porque así habrá claridad. Porque así me pierdo menos en la vorágine que es existir. En todos los sinsabores que aparecen, o la dificultad constante de poner una letra luego de otra y que signifique algo. Todas esas situaciones que no entendemos bien, pero luego vamos sacando cosas en claro, aprendizajes, ideas. Mona Chollet critica la devoción total a los quehaceres cuando estos te transforman hasta quedar irreconocible. ¿Pero cómo más puede ser? En las letras para mí no hay otro camino. Es esa poesía verdadera de la exploración de la que habla Barthes, pero es sin retorno. No se puede entrar en las palabras y seguir siendo la misma. Por eso la mitad de la vida es importante, porque lo hitos dan cuenta de nuestras transformaciones. Nos anclan al presente para que al menos haya algo que no se modifica. Anclarse al presente permite la serenidad en un movimiento que no cesa. Las palabras para mí son serenidad, aunque hayan acabado completamente con mi cordura y con toda la estabilidad que alguna vez tuve en mi vida. Pero la pasión arrecia. Lo que nos da estabilidad y cordura es el sentido. La claridad de que al menos algo de lo que hemos hecho ha valido la pena. Aunque sea una sola cosa. Aunque parezca un detalle dentro de una vida de casi cuarenta y cinco años. El mensaje de Jean de hoy desata un nudo porque sé que todo valió la pena, y que ambos estamos de acuerdo. En estos tiempos turbulentos eso es algo muy grande. Un inmenso regalo, o tesoro, que puede llevarse para construir toda la poesía. Porque la poesía no es exigente, puede construirse con algo pequeño, pero es más profunda cuando está construida con cosas que han tomado tiempo. Eso es algo inexorable de la vida, lo efímero se desvanece, pero la belleza sostenida es otra cosa. La belleza cuando todo es más difícil. La belleza cuando es imposible, pero de todas maneras queda, se manifiesta. Eso es lo hermoso de Jean, su belleza no se empaña ni en la tormenta. Por eso el divorcio es imposible. Porque no está en la mitad, ni a medias, está en todo lo que lo mueve. La belleza completa es lo que dicta el asombro para seguir la otra mitad que queda. Admiro mucho a este hombre del alma intacta. Del alma bondadosa. He aprendido tanto de él. Me transformó, igual que la literatura. La mitad que queda voy con esa felicidad que conocí. 

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