Uno le pone onda y todo, pero siempre hay malos entendidos. Tal vez sea necesario aclarar algunas cosas. He organizado un sinfín de grupos y proyectos en esta ciudad, profesionales generalmente, y en ocasiones recreativos, con distintos resultados, pero quisiera hablar aquí sobre un aspecto importante. Sólo en dos ocasiones que recuerde he decidido hacer convocatorias mixtas, con el siguiente desenlace: un desastre. Por qué. En esas dos oportunidades surgieron hombres que querían proponer sus casas para llevar a cabo la actividad, un grupo para tocar música y un grupo de escritores. Hasta ahí vamos bien. Pero luego qué. Esa propuesta iba junto con hablemos por teléfono, veámonos para organizar la actividad. ¿Es una técnica? Por supuesto ninguna de esas propuestas se llevó a cabo dada mi decisión de cambiar los lugares, y verme obligada a eliminar a estas personas del grupo. Qué sucede entonces. Tal vez lo siguiente, un mito anclado profundamente y falso que es necesario zanjar aquí: la creencia de que querer relacionarse con seres humanos en actividades es querer buscar pareja. Ese es el número uno. No es tan grave pero cansador. El segundo es más arduo, el mito de que una siempre está disponible para cualquier cosa, porque obvio hay que aprovechar cualquier oportunidad para acosar. Ante estas dos creencias, sucede lo siguiente, ayer conversaba con una amiga para organizar un grupo de estudio para aprender alemán, y cuando iba a proponerlo en un grupo mixto: me abstuve. Quisiera concentrarme en esa actividad, y no en lidiar con otras problemáticas que no tienen relación alguna. Entonces aclaremos, no es todos los hombres, pero es cada vez que he armado un grupo con hombres en esta ciudad. ¿Se entiende la sutileza? El resultado sin embargo es el mismo: no quiero perder mi tiempo ni mi integridad. Surge entonces el tema del consentimiento cada vez, que es crucial, y puede ayudar a aclarar estas creencias instaladas. Puntualicemos entonces, con optimismo, o sin, cuando quiero formar un grupo para hablar sobre libros, por ejemplo, lo que me interesa es hablar sobre libros, no encontrar una pareja ni tener sexo, porque entonces organizaría otro tipo de grupo, o ninguno. Grupo de hablar sobre libros: quiero hablar sobre libros. Con personas del sexo o género que sea, eso es irrelevante, mientras me hablen sobre libros, que es lo que me interesa, y no sobre cualquier libro, sobre el tema que se haya convocado, porque si se leen libros sobre escarabajos, por ejemplo, y se convocó a un grupo sobre novelas, a menos que sea la metamorfosis, no veo cómo. Ahí hay otro punto: si no lees novelas, es mejor abstenerte de integrar el grupo de lectores de novelas. Hay como una sensación de no importa, no hago nada de eso, pero igual voy a ir a conversar un momento. Aclaremos: no es interesante conversar en un grupo de lectores de novelas con personas que no las leen. Tal vez es clave entonces, de manera más general y para que salga más fácil, atenerse a esto: si voy a un grupo de lectores de novelas, tengo que querer llevar eso a cabo y hacerlo, y no esperar que los demás quieran hablar sobre escarabajos o intentar, por la insistencia o la fuerza, abordar el cuerpo de esas personas. No pierdo las esperanzas. Por el contrario, si yo no quiero leer novelas, y en cambio quiero abordar el cuerpo de alguien, lo voy a expresar con claridad y esperando su consentimiento. No pierdo las esperanzas.
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