29 de junio de 2025

La mitad de la vida V

El amor tiene que ser radical para que sirva. Creo que he aprendido esto en la mitad de mi vida. Las dudas son posibles, pero no los cálculos. Si hay cálculos todo se distorsiona y el ingrediente esencial comienza a faltar. A mí ya la lista de requisitos que uno tenía antaño me da igual. Me importan otras cosas ahora. A mí lo que importa ahora es sentirme enamorada, que no me pasa jamás, o muy rara vez. Lo que me importa es que haya un deseo que me calcine, y sentir admiración por alguien. Las otras consideraciones son secundarias. A mí me gustan las personas que me hacen reír. Que me hacen reírme de mí misma con cariño. Me interesa la pasión, por un quehacer, por la vida, por una relación. Una convicción total. Las dudas ahora me dan risa. Sé inmediatamente si algún candidato a pareja llegó a mi corazón o no. Que tenga eso la mitad de la vida. Haber afinado la intuición. Por ejemplo Maël llegó a mi corazón, pero es caótico y no logra ponerse de acuerdo con él mismo. Hay una parte de mí que eso le causa gracia. No es que me ría de él, pero me causa ternura. Tal vez eso me gusta también. Su terquedad. Su obstinación por querer organizarlo todo. Comprenderlo todo. Gobernarlo todo. Ser amado incondicionalmente aunque todo sea un desastre. A mí me gusta su tormenta constante. Tiene algo que me atrae. El componente de fragilidad me genera deseo, pero sólo cuando va acompañado de pasión e insistencia en lograr lo deseado. Como la que tenía Adam. Una vulnerabilidad acompañada de una valentía a prueba de todo. La sensación de lo infinito, de poder alcanzarlo, eventualmente. El gusto por la vida que tiene Maël me divierte, su manera de funcionar. Ahora hace unas semanas que no me habla porque quería reflexionar. De acuerdo, le dije, suerte con eso. La pasión arrecia siempre. Darling, so it goes, some things are meant to be.

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