29 de junio de 2025

La mitad de la vida VI

Entonces tenemos a Adam, a Kafka y a Elvis Presley partiendo en la mitad de la vida. ¿Y yo? Yo todavía aquí, incrustada en los libros. Pensando en Adam, en Kafka y en Elvis Presley. En la intensidad de la vida que impide que esta continúe. Shall I stay?, would it be a sin?, se pregunta Elvis. Las grandes obras son ahora, antes que la intensidad me rebane. Estuve la semana pasada en Marseille, en un barco por las Calanques. Me bañé en esa agua cristalina. Observé ese sinfín de riscos de roca que me dejaron boquiabierta del asombro. Quisiera perderme en esas islas gloriosas, en esas playas extraviadas y suspendidas en el tiempo. Tal vez ahí podría calmar la intensidad, o dispararla. Ahora sé que escribo gracias a esos paisajes y lo que causan en mi alma. Gracias a esos sentimientos que dibujan esos panoramas en mi espíritu a veces extraviado. Entiendo el afán de Adam de perderse ahí, el esfuerzo de Kafka de sumergirse en los castillos impenetrables, el intento de Elvis de disolverse en el ritmo. ¿Y yo? Yo sólo me pregunto esto en un atardecer de treinta y seis grados y unos paisajes por describir. Tal vez sea suficiente. Tal vez la vida puede tener sentido y mantenerse con un ahínco insensato por la descripción de esas perspectivas que nos capturan el alma y nos llevan a ese viaje para el que nacimos. Hay una suerte de secreto que se esconde en esas playas recónditas. Tiene que ver con el mensaje de que efectivamente es la mitad de la vida porque no lo hemos visto todo y quedan cosas por ver que ni imaginábamos. Tal vez cosas por sentir. Un nuevo paraje del amor. Una noción implacable de que en esa naturaleza indómita está la vida. En esa aspiración a capturar la esencia de lo vivo. La intensidad es esa certeza de que esas rocas esconden incógnitas aún ignoradas. La literatura vive por esas manifestaciones posibles. Por esas revelaciones que se van dando de tiempo en tiempo. Que nos devuelven al punto cero, como si no fuera la mitad. Como si todo estuviese simplemente comenzando. Como el verano ahora. La voz de Elvis me da una suerte de esperanza de poder capturar esos enigmas ocultos. Esos lugares por descubrir. Hay que aceptar que es la mitad de la vida y que queda espacio-tiempo a rellenar con palabras. Los días a veces se parecen mucho, pero no hay que olvidar esos acantilados escarpados que terminan en un mar infinito. La literatura es el mar infinito. La que perseguimos sin renuncia posible. Porque dimitir de la intensidad es quedarse varado en esa playa para siempre como un náufrago aburrido y desesperado. Por ese lado entiendo las decisiones de Adam, Kafka y Elvis. Por ningún motivo quedarse aburrido en la playa. Yo voy en el barco. ¿Combatí el hastío? Tal vez la desesperación. Intento no pensar mucho en esto, para no correr la misma suerte que mis compañeros de ruta. A fin de cuentas estoy a mitad del camino. “Only fools rush in”, but I can’t help, falling in love with you: una disposición hacia el presente de los paisajes eternos. En esas Calanques de Marseille tuve un nuevo impulso. Por las islas podré llegar a las frases que me salven. Es urgente. Estoy en la mitad de la vida.  

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