Malograr la poca paz que tenemos es comprometer todo el porvenir del mundo, escribió Gabriela Mistral, porque la guerra, además de ser una quiebra de la humanidad y una señal de que ha fracasado nuestra cultura, es también la quema de las empresas nuestras que están a medio madurar. Pero, sobre todo, escribe Mistral, la guerra representa la liquidación del pequeño bienestar, del sorbo de dulzura, del ahorro duramente acumulado en bien de los hijos, por esto, la causa de la paz viene a ser la causa de los niños y tenemos que defenderla con una porfía terca y con todo el fuego del corazón. Amar la paz, escribe Gabriela, es sencillamente amar la Vida y amar al mundo como a un racimo de otras patrias que no hemos visto todavía y a las que hemos de ir. Pedir la Paz es lo mismo que pedir el alimento primordial: leche o pan, escribe Mistral, ella es el estado natural del ser humano, mientras que la guerra significa la torcedura de nuestra índole. La boca llena de sangre nunca pronuncia palabras de paz, escribe Elaz Ndongo Thioye. Nuestra mirada no es negra, escribe Thoiye, pero tiene sabor negro, al diablo vuestros léxicos peyorativos que nombran mi identidad, llámame negro, sólo negro al pie de la letra, porque llevo la memoria viva de mi difunto padre, que tenía en sus ojos de luz los recuerdos de los antepasados. Somos los descendientes de las mujeres de Ndeer, escribe Elaz Ndongo, estas reinas en un martes de fuego que libera, y consume las oscuras pasiones de los cuerpos de imbéciles, que nunca han alojado en la clasificación de Hombres. Caen en lo más profundo de la tierra, escribe Thoiye, la mirada de los hombres débiles y despiadados. Nuestro cuerpo es el lugar para alojar la horizontalidad radical, porque con él vamos cada día. En nuestra mirada perdida. En nuestra mirada que encuentra. En nuestra firmeza en exigir el fin de la violencia. Una firmeza amorosa que no puede cargar con más jerarquías. Nuestro territorio, nuestro sexo, nuestra especie. Es todos los territorios, todos los sexos, todas las especies. La resistencia es horizontal porque no cree en las categorías que sangran. En esas clasificaciones cuando oprimen. En esa organización impuesta que nunca nos ha representado. Que nos aniquila, desde el miedo y hacia la ciencia. Desde hoy renuncio a todo territorio, sexo o especie. No vine a esto. Vine a la dulzura del atardecer en silencio. Vine a encontrar el amor que he visto en cada mirada. Desde hoy adhiero a la horizontalidad radical porque no vine a esto. Vine a otra cosa. Vine a conocer todo el fuego del corazón. Llámame nada. Vine a amar a todo ser vivo.
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