A Night at the Opera es un álbum fantástico. Lo escucho en bucle. Cuando yo tenía dieciocho años tenía por novio a una persona que tenía en su poder un plectro de Brian May, de Queen. Donde yo vivía le decían uñeta, a ese pequeño pedazo de materia con forma de lágrima al revés que se utiliza para tocar instrumentos de cuerda, en este caso, una guitarra. Este pequeño elemento era un bien muy preciado para él, por supuesto. Su vida era el rock y las guitarras. Aprendí mucho de música con él. Mucha música rock que escucho hasta el día de hoy con mucha pasión. El asunto es que un día el guitarrista cayó en cama, con mucha fiebre. Pero mucha fiebre. Tanta que empezó a tomar formas extrañas y a recitar cosas. Fue una situación alarmante. Se decidió finalmente por Shakespeare. Then live, Macduff, decía, what need I fear of thee?, but yet I’ll make assurance double sure, and take a bond of fate, thou shalt not live, that I may tell pale-hearted fear it lies, and sleep in spite of thunder. Y se levantaba de la cama, seguía, Shall live the lease of nature, pay his breath, to time and mortal custom, yet my heart, throbs to know one thing, tell me, if your art, can tell so much: shall Banquo’s issue ever, reign in this kingdom? Después dejó a Macbeth de lado y se fue por Romeo and Juliet. With love’s light wings did I o’erperch these walls, decía, for stony limits cannot hold love out, and what love can do, that dares love attempt, therefore thy kinsmen are no stop to me. Seguía, I have night’s cloak to hide me from their eyes, and, but thou love me, let them find me here, my life were better ended by their hate, than death proroguèd, wanting of thy love. Yo no sabía si me estaba hablando en serio o la fiebre había tomado posesión de sus facultades mentales. La obra completa se desplegaba frente a mis ojos. Yo sentada al lado de la cama mirando desconcertada. Por un lado era fantástico, pero por otro no sabía si estaba a punto de morir o qué. Y aquí viene lo interesante de la historia. El plectro de Brian May. Me parece que habían conversado una vez y él se lo había regalado. No recuerdo exactamente por qué él tenía ese objeto tan genial. Lo importante es que estaba ahí en su habitación, iluminándola. Entregando energías musicales del rock más intenso. Cuando iba en, I doubt it not; and all these woes shall serve, for sweet discourses in our times to come, and trust me, love, in my eye so do you, dry sorrow drinks our blood, Adieu, adieu, decidió que había llegado el momento. Se dirigió al altar del plectro. La fiebre en 40 grados. Yo observaba, no sabía si decirle que se acostara inmediatamente o continuar esta escena de rock. Lo tomó en sus manos, y poniéndose de rodillas, me dijo: esto me lo dio Brian May, y ahora quiero que lo tengas tú. Quiero que tú tengas al maestro en tus manos y en tu corazón, donde ya estoy perdido yo. ¿Me estaba hablando en serio? Yo me dije, pasada esta fiebre ese pequeño tesoro va a faltarle. ¿Cómo podía aceptarlo? Podía aceptar el corazón de alguien, pero no el plectro de Brian May. Me superaba. En mi poder el plectro. My Precious. Quizá tuve un momento como Gollum. What’s it saying, my precious, my love? Is Sméagol losing his nerve? Por un momento tuve al anillo en mi mano. Fue mío. Lo vislumbré. It’s ours! Ours! We must get the Precious! Pero no. No podía aceptar algo así. Finalmente, era el plectro de Brian May. El que él había tenido en sus manos y el que había tocado sus cuerdas. Probablemente lo había puesto entre sus dientes, como se hace al tocar guitarra, su lengua lo había tocado, su saliva. Ahí frente a mí estaba el anillo. Pero no. Mi amor, le dije, tu regalo me honra, sé lo que significa para ti, pero no puedo aceptarlo. Tienes fiebre. No tiene que ver con la fiebre, me dijo. ¿Ah no? ¿Con qué? ¿Con el amor? Sí, dijo. No es lo mismo. ¿Cuál es la diferencia?, pregunté. No sé cómo demostrarte que estoy enamorado de ti. Créeme, lo sé, pero Brian May tiene que quedarse en esta habitación. Yo lo vendré a visitar aquí. Como hemos estado haciéndolo hasta ahora. Como quizá sigamos haciéndolo. Eres el amor de mi vida, me decía. Acuéstate, le dije. Esperemos que pase la fiebre. Que pase, que pase. La fiebre. Brian May y la fiebre eterna. Sonaba, Love of my life, you've taken my love, can't you see? Cantaba, Because you don’t know, what it means to me. El plectro de Brian May y la fiebre. Queen en la ciudad y la primavera. La primavera y su fiebre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario