Me casé dos veces. También me separé dos veces. En ambas ocasiones lo di todo de mí. Una gran convicción de que se podía crear algo genial. Pero no todo depende de uno. La primera vez la decisión de finalizar la tomé yo. La segunda vez sucedió contra mi voluntad. Ahora, espero con paciencia, que mi marido quiera continuar su vida conmigo. Dejar cumplirse toda impresión y todo germen de un sentir totalmente en sí, dice Rilke, en lo oscuro, en lo indecible, en lo inconsciente, en lo inaccesible al propio entendimiento, y aguardar con honda humildad y paciencia la hora del descenso de una nueva claridad: esto es lo único que se llama vivir como artista, en la comprensión como en la creación. No hay medida en el tiempo, escribe Rainer Maria: no sirve un año, y diez años no son nada; ser artista quiere decir no calcular ni contar: madurar como el árbol, que no apremia su savia, y se yergue confiado en las tormentas de primavera, sin miedo a que detrás pudiera no venir el verano. Pero viene sólo para los pacientes, advierte, que están ahí como si tuvieran por delante la eternidad, de tan despreocupadamente tranquilos y abiertos. Yo lo aprendo diariamente, confiesa, lo aprendo bajo dolores a los que estoy agradecido: ¡la paciencia lo es todo! El amor, por supuesto, existe fuera y dentro del matrimonio. De hecho el amor y el matrimonio son dos cosas totalmente distintas. No tienen nada que ver. A veces van juntas y a veces no. En este caso está el matrimonio, pero sobre todo está el amor, que me desgarra. Ningún terreno de la experiencia humana está tan provisto de convenciones como éste, dice Rilke. En lo personal el matrimonio me da igual, lo que quiero es recuperar a mi enamorado. La institución tiene un montón de problemas que habría que replantearse, como todas las instituciones patriarcales. No entraré en esos detalles aquí. Quizá mencionar que cuando está inserto en materias migratorias, donde el racismo es la regla, genera grandes distorsiones y discriminaciones, como la sospecha automática de que podría haber matrimonio y no amor, por lo perverso de un sistema que te da como opción el casarte para permanecer en el territorio. Es esto, está el amor, el sistema te empuja a que haya el matrimonio para que pueda continuar el amor en el territorio, y luego te tira encima la sospecha de que quizá no había amor y sólo había matrimonio. Sólo un par de veces sentí recaer esa sospecha en mí, pero la rabia que genera es inmensa. Dan ganas de decir, váyanse al diablo con sus reglas migratorias y déjenme tranquila con mi amor que es sublime y no necesita convención alguna. Nosotros vivíamos cada uno en su casa por opción, por varios años. Es cierto, afirma Rilke, que muchos jóvenes que aman falsamente, esto es, simplemente entregándose y sin soledad, sienten lo opresivo de ese error, y quieren también hacer capaz de vida y fértil la situación en que han caído, mediante su manera propia y personal; pues su naturaleza les dice que las cuestiones del amor, menos aún que todo el resto de lo que es importante, no se pueden resolver públicamente y según tal o cual acuerdo; que hay cuestiones, cuestiones próximas de persona a persona, que en cada caso requieren una respuesta nueva, especial, sólo personal; pero ellos, que ya se han lanzado juntos y ya no se delimitan ni distinguen, es decir, ellos ya no poseen nada propio, ¿cómo habrían de encontrar una salida de sí mismos, desde lo hondo de la soledad ya disipada? Ahora bien, que hayamos firmado ese contrato me parece lo más romántico y vertiginoso que hay. Para dos personas con nuestras características volátiles, es una proeza que eleva el gesto a un nivel de romanticismo superior. Estar casada con el amor de mi vida me parece fascinante. El problema es que mi enamorado por el momento no me quiere en su vida. Lo que es un obstáculo importante, casi esencial. Pero lo que permite profundizar acerca de qué obstruía la comunicación, de qué esperamos de las otras personas, de cuánto esperamos que se amoldaran a algo, cuánto exigimos que las cosas se desenvolvieran de manera perfecta, nuestro concepto de perfección, sin ver a quién tenemos al frente y cuáles son sus propios conceptos. La perfección es algo por definición imposible en el ámbito de las relaciones humanas. Cuando hemos perdido todo nos damos cuenta de cuánto nos gustaba la persona como era, así tan cual. Si mi enamorado no vuelve a mis brazos, quizá un día vuelva a casarme, quién sabe. Qué son varios matrimonios en una existencia cuando se ama demasiado la vida.
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