6 de noviembre de 2022

Chéri, je suis en train d'écrire

Los hombres dicen no escribas sobre nosotros, queremos ser borrosos. Estar impunes en nuestra falta de claridad. Enfrentar lo difuso requiere un esfuerzo de análisis, y la literatura se inventó para eso: dar forma al silencio para interceptarlo. La principal función de la literatura es la justicia. Vengar lo indecible. Crear formas nuevas que despejen la niebla. Es una ocupación fantástica. Como una montaña rusa. La adrenalina es total. ¿Llegaré al final del trayecto? Esa pregunta siempre está presente. ¿Me abroché el cinturón de seguridad? ¿Podía sacar los pies y las manos del carro? Creatividad y estrategia. No hay estimulante más poderoso. Riesgo puro. ¿Cuántas vueltas dará este carro? ¿Cuántas antes de que llegue a puerto? Bueno, con los hombres es parecido en algunas cosas, a veces más entretenido y otras veces menos. Hace un tiempo conocí a uno que era del grupo borroso. Una situación particular dentro del grupo, bastante extendida. En realidad casi todos pertenecen al grupo borroso, parecen haberse puesto de acuerdo. Bueno, este era del grupo borroso porque no son capaces de decir que salen con alguien más desde antes, lo que no es difícil de intuir, dada la errancia. Visto desde afuera, parecen locos furiosos, manotazos de ciego sin ton ni son. Todo por dejar abiertos todos los frentes, porque uno nunca sabe. Y para qué ponerse en el lugar de las otras personas. El objetivo es lo más importante. Ganar. Ganar a cualquier precio. Que todas estén disponibles. Uno es como los víveres en el pasillo del supermercado. Quiero elegir bien cuál me voy a llevar. Salvo que los paquetes de tallarines no tienen sentimientos. Y las personas, sí. La seducción en esas circunstancias es aburridísima. Nefasta en realidad. La capacidad de elegir es un bien preciado. La sinceridad también. Por qué tratar a las personas como si fuesen tontas. Como si fuesen paquetes de tallarines. En definitiva ellos se comportan como si fuesen tontos, y no entendieran lo que está ocurriendo. Siendo que es tan evidente. Lo borroso es siempre voluntario. Y es una solución de facilidad. Sí sólo sí preguntas directamente obtienes una respuesta. Pero no siempre. A veces mienten derechamente. También hay de esos. Las maneras masculinas a veces tienen algo de siniestro. Las femeninas también supongo, por otras razones, quizá. O en el fondo por los mismos problemas. Está totalmente mal entendido lo que es la seducción y su atractivo. Observar los palos de ciego es lo menos atractivo que hay. Querer ganarlas todas también. Como si fuera una competencia. Bien, logré lo mejor del mercado. Aunque igual voy a seguir mirando, porque podría haber algo mejor, quién sabe, hay que estar seguro, nunca acaba esa posibilidad, el consumo infinito, ¡que no se detenga! ¡Quiero tenerlo todo! ¡Ahora ya! ¡Sin esforzarme nada! ¡Por qué no puedo tenerlo todo! Los hombres quieren seducir como si fueran multinacionales que destruyen el medio ambiente: es una mierda. Ponle un poco de humanidad a la cuestión. Si el sexo es rico pero hay otras cosas. Todo el mundo tiene cosas que hacer. Más que perder el tiempo miserablemente con pantanos nublados. Se puede hacer exactamente lo mismo hablando. Y las personas pueden de esa manera expresar si quieren o no, quienes son, qué buscan, qué les acomoda, lo que sueñan, sus expectativas, sus límites, sus maneras de funcionar, sus propias verdades. El consumo masivo homogeniza todo. No hay tiempo de distinguir una cosa de otra. Una superficialidad desarmante. Mientras las mujeres no dejemos de ser objetos de consumo no hay mucha posibilidad de evolución. Somos personas, no objetos. Compren tallarines si quieren, pero nosotras ya no estamos en el supermercado. La peor actitud es querer ganar a cualquier precio. Unidos contra el consumo masivo. No somos objetos en una vitrina. 

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