Café esta mañana con Elis Regina. Sol absoluto en Lyon de nuevo. Un disco que compré hace muchos años en ese país poderoso, igual que la voz de ella. Aquella voz apagada tal vez por la represión en su país, dos años después de mi nacimiento. A los veinte años escuchaba este mismo disco en mi habitación. Me gustaba la canción “Casa no campo”, sobre todo cuando dice: Eu quero uma casa no campo, meus discos e livros e nada mais. Me parecía una vida perfecta, no tanto por la casa en el campo, sino por los discos y los libros y nada más. Veinticinco años después estoy junto al río en mi casa con mis discos y mis libros y nada más, lejos de aquellas playas y de aquella ciudad donde mis manos recibieron por primera vez esa voz de Elis Regina. Voz que me siguió hasta aquí para decirme: Onde eu possa ficar no tamanho da paz, e tenha somente a certeza, dos amigos do peito e nada mais, e tenha somente a certeza, dos limites do corpo e nada mais. Me siento como con los pies en la arena, las olas, el mar brillante con el reflejo de ese sol que calienta. Elis Regina cantando. Sin duda lo estaría haciendo de estar aquí, en su casa en el campo, donde poder sentirse en paz.
27 de octubre de 2026
26 de octubre de 2026
Seducción XVII
Gran sol hoy en Lyon. Gracias, Brasil. No estaba todo dicho. Yo quiero ver muchos más delirantes por ahí bailando en una calle cualquiera, canta Charly García, la alegría no es sólo brasilera. Hace casi un año ganaba la extrema derecha en el país en el que nací. Ayer se derrotaba a la extrema derecha en ese país que adoro, el que he recorrido en varias oportunidades, siempre con una alegría desbordante. Estuve un verano en Salvador de Bahia, otro verano en Florianópolis, otro verano en Rio de Janeiro. Aprendiendo esa bella lengua, intentando comprender aquellas culturas que pueblan ese inmenso país. Siempre fue el éxtasis. Me habría quedado viviendo en Rio de Janeiro. Prometí hacerlo algún día. Ayer fue un gran día. Enorme carnaval. De aquí en adelante son los triunfos de la democracia. Cómo olvidar el éxtasis de estar vivo. Presiento el fin de un amor en la era del color, canta Charly García. Latinoamérica es innumerable y está unida. América completa, unida. No hay que confundirse, Estados Unidos no es América. Estados Unidos está en un fragmento de América. La alegría es brasilera, americana y planetaria.
23 de octubre de 2026
Seducción XII
Por dónde empezar cuando se ha perdido todo pero se ha ganado tanto. Lo brillante del presente neutro es que jamás es neutro. Hay sin embargo en ocasiones esa sensación de la suspensión absoluta. De ir remando y cuándo se van atando esos cabos. Una sensación de playa interminable y qué es lo que llevamos todavía encima. De horizonte lejano y cuándo es llegar. A veces no sé si llegué realmente a algún lado. ¿Es esta indicación arbitraria? ¿Cuándo se llega cuando falta tanto? Hay en la militancia un eterno recomenzar. Jamás fijar límites. Pero cuándo es llegar. ¿Cada vez que finaliza una conversación? ¿Cada vez que se traza una nueva ley? ¿Cada gesto completo que libera a alguien de un potencial yugo? Dónde está el límite. La militancia corroe pero más da fuerza. Si la vida me fue dada, no veo por qué no tendría que decir que no puede ser quitada. Hay sin embargo un trazo aún más insondable. Esta nos pertenece de manera completa. Tampoco puede ser arrebatada su integridad. Las prohibiciones son peligrosas en todo orden de cosas. Una pareja posesiva, un gobierno autoritario, un partido racista. La raíz es la concepción errada de dominio. No nos pertenecemos ni a nosotros mismos, para decidir sobre el cuerpo de los demás. Hoy un individuo abrió fuego desde su automóvil a unas personas porque estimó que aquellas facciones no eran dignas de existir. Una hipótesis simple, esas personas, como no se parecen a mí, mejor que perezcan. Desprovista de lógica, por supuesto. Pero cuándo ha sido lógico el racismo. Es lo más irracional que hay. Algo bien instalado en los partidos que temen a la integridad. Estamos hechos de fragmentos. Francia es un país multicultural donde se insiste en un universal falso. Una caricatura además anticuada. En Francia, el modelo de la asimilación tiende a ocultar en parte nuestra diversidad social, escribe Michelle Perrot, los extranjeros que llegan a Francia son naturalizados: en los hechos, se reprimen las diferencias. Los países son movimiento, como todo lo demás. Elegir lo unívoco peligra el equívoco. Nada más indeseable que ser una caricatura de uno mismo.
Seducción XI
Como la democracia es algo a ejercer, nosotrxs nos reunimos y la llevamos a cabo. Hablamos de un país que recorre las calles en busca de un mejor pasar para quienes lo habitan y nuestra contribución en este grito colectivo. De temporales sabemos y podemos aportar el impulso que tan bien aprendimos. Estamos en nuestro país, eso es lo bueno. Que algunxs crean que no es así no nos hace mella. País es probablemente donde uno está. Donde uno intenta construir un futuro. Donde el presente puebla el corazón de una esperanza a veces olvidada. Nosotrxs vinimos a quedarnos porque eso es un derecho. Este país es el nuestro y lo queremos como tal. Conocemos la falta de democracia y en eso no se transige jamás. Esta tiene que quedarse. Por eso nos afanamos en reunirnos, para que no se vaya ahora, para que no se vaya en abril. Una democracia trata sobre resguardar el orden público, pero trata también y sobre todo, acerca de crear algo entre todxs. Pero entre todxs. No tal vez entre todxs y sólo algunxs. Tal vez entre todxs y para nada todxs. En ese todxs estamos nosotrxs, alegres de que este sea nuestro país. En ese todxs van aquellxs estudiantes que van señalando que aquel futuro se ve cerrado, como aquella posibilidad de manifestar por quienes gobiernan. Prohibir las calles nunca ha sido la vía. Ya sabemos adónde lleva eso, y las salas siguen siendo frías o hirviendo en una canícula desatada por esas mismas fuerzas de la catástrofe. A veces cuesta escuchar, pero entonces cuál es el nuevo nombre de un país organizado como república. El orden público es una razón ambigua para suprimir lo que debe ser escuchado. En su nombre se han cometido grandes atrocidades. Venimos de regímenes autoritarios, así es que sobre esto podemos dar cátedra. Una cátedra humilde, como quien sabe que el género humano es complejo como la vida. Pero no se transige. Porque la democracia es lo que tenemos y nos aferramos a ella. Nos aferramos porque sabemos que existir sólo es posible con ella. Como a un mástil nos aferramos, y ejercemos esa conversación infinita.
21 de octubre de 2026
Seducción X
Es seductora la idea de entregarse al deseo como una condena. No sé si es real. Tiene consistencia. Este silencio impuesto me carcome. La música toma la estructura de tu cuerpo. El reflejo del tímido sol en el agua que sale entre las nubes es un bálsamo de los grandes acordes. Me gustaría que este habitar los días no siguiera siendo con tu ausencia. Cada día es un día más sin tus palabras. Cada segundo es una frase que no llega. Qué haría sin la literatura para que imite al deseo. Se anunciaba el alba, y sólo tengo en mis manos el otoño. Sólo tengo letras y letras de canciones que hablan del secreto que compartimos. Este amor impermeable al tiempo. Esta vibración del pecho que se parece a estar vivo. A una razón para seguir. Para que cada mañana esté poblada de aquel anhelo invisible. En el proceder de los mecanismos hay una cierta evidencia. Una proposición de esa exploración más acabada. Por un lado me alegro que cumplir años sea decantar lo relevante. Pero cuál es el precio. Centellean las olas para abstraerme de la pasión que me embarga. Entre las líneas encuentro consuelo. Posibilidad de redención. No voy a renunciar, ya lo sé. Cargaré con una certeza autónoma a los acontecimientos. Ahora sé que el amor es compatible con la vida. Que la literatura es tan sólo cauce de esperanza. Intento de libertad y renacimiento. Siempre es volver a comenzar. Me gustaría que fuera contigo. Con este sol que sale entre las nubes. Con el agua que veo por mi amplia ventana. Este río que se manifiesta en cada vuelta. Para qué nos traen a este circo del existir. Quiero creer que hay un sentido. Sé que lo tuve una vez en tus brazos. En esa promesa de los descubrimientos infinitos. De la música sin final. ¿Y para qué? Si todo terminó. Si ya no puedo evocar lo que era tu abrazo. El temor de aquellos atardeceres sin tu voz es algo que me persigue. No quisiera que eso continúe. Pero no me engaño, dejé de lado hace tiempo las novelas románticas. Esta es diferente. En estas páginas es un seguir a la seducción para que nazca la bienaventuranza sin hundirse en el deseo. No creo que sea una condena. Más bien una coincidencia implacable. Contigo la casualidad encontró su significado.
Seducción IX
No hay tregua posible al oficio de vivir. Si yo tuviera algo más que estas palabras en el aire, perdidas en su camino a casa. Lo incomprensible toma la forma de estación cuando no sabe adónde ir. No hay reposo, está claro. Esa expectativa es algo que no termina de asentarse. Lo raro es cuando tu sonrisa toma el contorno del poema. Cuando tu fisonomía se vuelve silueta del horizonte. Hay ocasiones en que el humor no alcanza ante la grandeza del sentimiento. Se queda observando perplejo. Tan larga una existencia, para quedarse sin herramientas cuando es más necesario. De qué me han servido estos 45 años si en la manera cómo el destino está cifrado no puedo extraer tu nombre. Para qué creer que el tiempo es lineal si todo converge en un solo punto. Si el recorrido se difumina y ya no sé para dónde iba. Cómo confiar si todo adquiere el aspecto de la futilidad salvo aquellas palabras que una vez pronunciamos. Si veo el sol que aparece pero sólo se asemeja a tu sonrisa. No he aprendido nada, en definitiva. He estado autorizando el tiempo a transcurrir para atiborrarlo de frases que reflejen el peso de la comprensión imposible. Soy como un árbol desprovisto de hojas. Cerros de ellas en la tierra húmeda. Caigo como aquella que se balancea en el viento. Es una brisa suave pero concluyente. Se lleva las hojas, no hay vuelta atrás. Las ramas sin abrigo son idénticas a mis brazos. Estáticas en una mueca del deseo sostenido. Imitan mi corazón a la deriva. La literatura se inventó para resguardarse en los días fríos, no tengo dudas. Se inventó para que el sentimiento no quedara aprisionado a su suerte en el pecho. Necesito alcanzarte. Sentir tus caricias y el susurro de tu voz en mi oído. Saber que tu cuerpo existe aún en esta dimensión. Quisiera que tu boca roce mi cuello. Un escalofrío que me despierte de este letargo del suplicio. Recuerdo tus manos en detalle. La configuración de tus dedos y la sensación de tu piel. La profundidad de tu voz y tu humor absoluto. Es extraño cómo todo comienza a hacerse grande cuando el deseo se instala. El amor es lo más misterioso de existir. Se abre camino como río desbocado. La catarsis es inminente.
20 de octubre de 2026
Seducción VIII
La verdad se abre paso siempre en relación a lo que importa. Creemos a veces que da lo mismo, y no. Tuvimos en nuestras manos una promesa que quedó suspendida. Que se escabulló hacia otros horizontes. Bailar al unísono fue una proyección que imaginamos. No sé exactamente en qué estábamos pensando. Tampoco lo sé ahora. Sólo dejo que el otoño me sugiera salidas. Que la lluvia acune esa incertidumbre y me deje algo para cobijarme. La música siempre me termina acompañando. La que conocí contigo, y otra música. Todas me llevan hacia ti, sin embargo, en esta estación de las hojas multicolores. El silencio acordado cae como gotas que me dan en el pelo mojado, de esta agua que no cesa de surgir de las nubes. Conocí lo que son las nubes contigo. Las conocí bien. No me importa, conocí también otras cosas. La ausencia de nubes. Las tormentas eléctricas y los ríos caudalosos. Un cierto sentido de la vida con el que estaba de acuerdo. Fue en ese espacio donde nos encontramos. Donde la música tenía sentido. Donde la literatura era sin cesar sugerencia. Donde el amor era urgencia. Donde era posibilidad de existir sin resguardos. Cada canción delineaba el paraíso de que había algo más. Siempre algo más. Por descubrir, por inventar, por crear, por disfrutar. Las promesas se acabaron todas, pero quién sabe. Nunca fuimos diestros en el arte de comprender cómo se maneja el tiempo. Cuáles son sus trampas y emboscadas. Algo estático tal vez. Que no deja de transcurrir, sin moverse. El sentido de existir nos guiña el ojo siempre desde lejos, para que vayamos a buscarlo. Es lo que hicimos. Por un momento creímos tenerlo entre los brazos. Pero luego cuál era. Partimos a otros quehaceres, porque el tiempo no se detenía. Sólo se detuvo ese tiempo que estuvimos juntos y que prometió aspectos que no llegaron. Lo inconcluso del amor es lo que está en disputa. Eso no se puede saber de antemano. Sólo sentirlo. Imaginar nuevas canciones cayendo como hojas a la tierra mojada. Camino con mi paraguas por la ciudad cerrada. No quiero que las gotas me caigan todas encima. Tengo suficiente con tu voz que me asalta en los pasajes tenebrosos. El sentido fue una canción que no he olvidado.
Seducción VII
Hubo momentos en que creí recuperarlo, pero existir tiene esa consistencia escurridiza. Tal vez lo particular del otoño es que disminuye la capacidad de transformar la vida en una novela, es como si la realidad hiciera su aparición para quedarse bien instalada. Para que no exista sublimación posible y sólo el hecho de dos palabras extraviadas ineludibles: te extraño. Por un lado existir no comporta sorpresas, esto ya lo sabía de antes. Pero estaba pensando en otras cosas. En novelas. Para qué vendernos simulacros, el tiempo es una entelequia, no tiene poder frente al sentimiento. Existir es terrible, totalmente atroz con esta carga del amor inconcluso. No tengo las destrezas necesarias para evadir el presente. Nunca aprendí esto. Como tampoco aprendí a olvidarte. Sólo tuve en mis manos aquellos atardeceres que me hicieron dejar de lado aquel amor que no quería llevar encima. Tarde o temprano regresa lo que fue de uno. Puede ser un cuerpo, o un recuerdo. Una ensoñación o un horizonte. Hubo esa intención que tomaba la forma del desastre. Lo importante es desorganizado. Estamos tan mal entrenados para lo relevante del existir. Vuelve el recuerdo y ya no sabemos ni cuál era nuestro nombre. Los atardeceres se confunden todos y creemos que llevaban por estandarte un solo rostro solitario que nos observa desde el final de cada página. Las ideas se mezclan y resultan en un solo confín firme como aquellas creencias tozudas que no sabemos ni de dónde aparecieron. Una especie de regresión a un estado de paraíso lejos de lo concreto de los fenómenos. Una poesía dispersa que intuimos, secundada por la imaginación desbordante. Por el amor que sabemos fue algo real, y como el otoño es real invita a estos sentimientos que saben abrirse camino para recuperarnos. A mí me habría gustado aprender a olvidarte, sin embargo. Entonces las hojas que caen no tendrían ese carácter de certeza. Esa noción de lo que quedó por llevar a cabo. Soñé lo más grande contigo. Una música que me acompaña hasta ahora, pero no comprende el concepto de que la existencia tiene materialidad. De que hay eventos que tal vez nunca van a ocurrir. Las novelas románticas nunca fue lo mío.
Seducción VI
La lluvia se decidió a llegar y quedarse. Tal vez algo más se decidió a llegar y quedarse. La expectativa, la razón, el delirio. La contextura de existir es multicolor como las hojas de los árboles en la estación de la ausencia. Verde, amarillo, café, naranjo, resistiendo a la caída, como tu recuerdo. La evocación de tu risa y de aquella voz tuya que me abrasa. Las perspectivas son cromáticas, variantes de intensidades distintas que nos agarran por el cuello. Nos mantienen en el aire para despertarnos. Adónde pretendes ir. Existe una cierta voz interior que cuestiona aquella caída y aquella multiplicidad de matices. La estación de la ausencia es simplemente distinta. Permite otras cosas. Saber que hemos amado, por ejemplo. No intento seducirlo, esta es la temporada de las ramas desnudas. No hay corazas, no hay escudos. Sólo queda el sentimiento. Frente a frente a la existencia. No hay sucedáneos, no hay evasiones. Un gran sentimiento observando el tiempo. Rebelde a los embistes de los acontecimientos. Un gran sentimiento autónomo, capaz de valerse por sí mismo. Un gran sentimiento íntimo como aquello que apenas nos atrevemos a confesarnos a nosotros mismos. Baby, you’re all that I want, canta Bryan Adams. I could spend my life in this sweet surrender, canta Aerosmith. Cuando no queda nada surge tal vez lo que siempre estuvo. Ese entusiasmo de habitar la vida. De conversar por horas para extraer algún sentido. Esa reverencia a los eventos que nos transforman. Ese encuentro en lo más esencial que hemos conocido. El otoño es brutal como el hecho de haberte perdido. Es feroz como la posibilidad incierta de reencontrarte. Escondido tras esa muralla de exigencias y aspiraciones. Mi anhelo es simple como un charco de agua en el suelo. Refleja mis ganas de ti que regresan como esta estación del diluvio. Qué es un horizonte. Esta temporada no da cabida a tal asunto, sólo sabe de deseo aprisionado en un cuerpo que vibra. Nunca he comprendido esta temporada, pero no me engaño, trae en su seno palabras sinceras. Palabras que siempre estuvieron esperando ahí para ti. En definitiva, nada se modifica, aunque parece que va a modificarse. Mi existencia sería mejor a tu lado.
19 de octubre de 2026
Seducción V
No lo puedo olvidar. Es un hecho. Como si no fuese suficiente la policía represiva y desorganizada y la amenaza de la extrema derecha. El frío instalado y las hojas en el suelo. El deseo se crea. Esa es la seducción. Como proyectar una obra de arte. El deseo no se crea para nada. El deseo te aniquila simplemente. Como una bomba lacrimógena que te llega en la cabeza. Como una sala de clases atestada de alumnos y no comprendes en absoluto de lo que se está hablando. Como la falta de una mesa y una silla para escribir unas palabras que necesitas decir. Los eventos van siempre repitiéndose, como aquel deseo testarudo. Me seduce la idea de la democracia, y me seduce la idea de su cuerpo. De cuando en cuando no comprendo bien la idea de la ausencia. La sensación de la ausencia. El otoño es por definición la estación de la ausencia. Es como si esos colores tomaran la forma de lo olvidado para volver a materializarse. Salir a las calles para decir: esto nos hace falta. Gritarlo al viento para que se haga vendaval. Escribirlo en libros para que la sugerencia se vuelva promesa. Se vuelva pacto que incita. Cuando el deseo es grande todas las estaciones son las de la ausencia. Esta tiene sus particularidades. La noche se adelanta y podemos creer que no habrá salida. Que el deseo jamás tomará cuerpo. Crece el deseo y a veces crece el silencio. Crece el frío y la necesidad de calor. Se distorsiona la música y parece palo que golpea el pecho. Decimos, de acuerdo, ¿y esto era la democracia?, ¿y esto era el amor? ¿Qué eran? Queremos evocarla, queremos sentirlo. Hablo y me llega una granada de ruido. Hablo y toda posibilidad se aleja. Cómo decir. Cómo se evocan las palabras en la estación de la ausencia. En la temporada del silencio. Cómo decir con aquellas cuerdas vocales que bailan al ritmo de la pasión. Que imitan las hojas cayendo y esos colores del vacío. Contener la pasión es batalla perdida. Sobre todo, cuando nace de aquellas peticiones que tienen su raíz en la desesperación. Hablamos para enunciar un presente que se nos escapa. Compuesto del capricho de querer seguir existiendo. Seducir no es suficiente en la estación de la ausencia. Actuar es una vía.
17 de octubre de 2026
Seducción III
Hay en la seducción algo macabro. Las ansias de pertenencia. Yo quiero que se me devuelva lo que me perteneció. And I want everything back that’s mine (Ani DiFranco). Deseamos lo perdido porque nos conecta con una imagen olvidada de nosotros mismos. Con una imagen que creemos más pura, más impoluta de lo que somos actualmente. Como si avanzar en el tiempo fuera en realidad llenarse de ironía y de desesperanza, un descenso irremontable. Hay algo de eso, pero no solamente. Anhelamos ese candor vacío en el que podíamos refugiarnos. Ser joven es en verdad espantoso. Nos equivocamos en ese anhelo. Es porque borramos con el tiempo lo más molesto. Que era casi todo. Una existencia por construir llena de incertidumbres, dudas, inseguridades, rabias, indefensiones. Es como querer retroceder en el tiempo a la época en ser mujer implicaba no poder hacer en definitiva nada de lo que realmente te interesaba hacer. No tiene sentido. Bueno, tal vez si no estabas en una categoría oprimida y ahora te sientes amenazado esto te parezca fantástico. Puede ser. Ser joven es confuso, y al mismo tiempo, es aportar ideas distintas, más libres, menos atiborradas del miedo que da existir cuando los aluviones te han llegado todos encima. No estoy orgullosa de mis miedos. Batallo con ellos como mejor puedo. Tal vez en el fondo admiro esa capacidad que tenía antes de seguir adelante con menos cortapisas. Así como me encantaría volver a sus brazos, aunque sepa que habría que comenzar todo de nuevo porque nada sigue adelante sin modificarse. Sentirnos por sobre los que son más jóvenes es una actitud errada de dominación. Cada uno tiene que construir su mundo de manera autónoma. No hay ninguna diferencia con esa superioridad delirante que algunos van señalando sobre los animales o las mujeres o una cierta religión o un cierto color de piel. Como si ser joven implicara no ser todavía un ser humano. Más bien un objeto de uso, y no un sujeto de derechos, que merece también ser cuidado, como todos los demás. Mejor nos quedamos callados y escuchamos, por una vez. No seducimos a nadie con nuestros sermones ridículos.
14 de octubre de 2026
Punk
Chao guías ambientales. Aclaró el gobierno de aquella larga franja de tierra atrapada entre la cordillera y el océano. Unos meses después, aluvión, tormenta, granizo, inundación, tornado. Chao guías ambientales. Hola guías ambientales. Como la canción de The Beatles. Tú dices chao, yo digo hola. El gobierno dice “chao”, la tormenta eléctrica dice “hola”. El gobierno va diciendo “chao”, y las catástrofes naturales van diciendo “hola”. Las catástrofes naturales son como alguien que te acosa, tú les dices chao, y ellas dicen hola. No entienden con palabras solamente. Se requieren acciones. Tú quieres que sea chao, y no. Antes lo llamaban crimen pasional. Ahora se llama feminicidio. Antes lo llamaban ecología. Ahora algunos lo llaman ideología. Es una ideología singular, bastante arraigada en lo que está ocurriendo. Una ideología que intenta combatir la verdadera ideología. La que va arrasando los bosques y cascadas. Bienvenidas las guías ambientales. No las llamaron para la fiesta, pero ellas se invitaron solas. La tormenta es punk, no me invitaron, vengo igual. Es un espíritu rebelde, como el que habita ese continente, desde antes del saqueo y la matanza. Como el que habita otros continentes del llamado “sur” del mundo. La gente de la tierra y el cielo llega en forma de tormenta a los territorios de gobiernos cuyos antepasados guardaban personas en campos de internamiento y asilos. Estoy escuchando ahora una canción de Ani DiFranco que dice: And I want everything back that’s mine. La tormenta punk tiene sugerencias para nosotrxs. Por ejemplo, no sigamos votando por esos de la negación. Aquí en Francia también quieren hacerse del poder. Van mintiendo para lograr este objetivo. No dije eso, ni escribí eso, no pienso eso. En términos conceptuales, podemos llamar verdad a lo que no logramos cambiar, escribe Hannah Arendt, en términos metafóricos, es el espacio en el que estamos y el cielo que se extiende sobre nuestras cabezas. Este cielo nos trajo una tormenta punk con aluvión, tormenta, granizo, inundación, tornado. Bienvenidas guías ambientales (aprendamos algo que sea: nunca la extrema derecha). 18 de abril: ellxs no. Seamos la tormenta punk.
12 de octubre de 2026
Piano (Novela)
"Piano"
o
Prefacio
“Piano” es una novela. Es la continuación de “Fuga”, que es a su vez la continuación de “Revolución”. La serie completa es esta: “Lisa y la pasión”, “Aventura”, “Revolución”, “Fuga”, “Piano”. La escribí en el otoño naranjo de Lyon. Antes y después del aluvión en la Cordillera de los Andes en Santiago de Chile. Es una novela sobre la imposibilidad de ir “piano”, sobre la condición literaria y la personalidad intermitente. Intenta sobre todo situar la locura en un contexto feminista. Sacarla de donde la pusieron, alejada de todo problema, e instalarla al centro para que no se la saque cada vez de escenario. Mucho se ha utilizado esta palabra para llevar al margen. Igual que en el aluvión, a veces nada detiene la corriente. Intenta también unir literatura, creatividad y supuesta locura, para que el aluvión nos ayude a repensar todo eso que no estamos viendo. No vemos materias en ocasiones, porque estaban escondidas, porque no las habíamos pensado, porque estaban prohibidas, se habían ocultado, se habían desfigurado, y tantos otros motivos. De pronto se nos afinca al frente con fuerza, cual ola. Sobre todo, río y cauce. Caudal y corriente. No queda más que considerar. Me fui de Chile hace casi 14 años, paso mi vida escribiendo libros en mi casa frente al río Saône en la ciudad de Lyon. He tenido tiempo para pensar en el diagnóstico que me lanzaron sobre los hombros antes de partir, el cual me tomé en serio, en parte. Lo observé con distancia, cada vez mayor, y opté por dejar la química de lado inmediatamente y abocarme a otras cosas, las que tenía en mente, y los obstáculos eran considerables. La reflexión feminista es prolífica, fértil como la gran naturaleza que estamos destruyendo de a poco. Lo que se destruye vuelve en forma de ola. Inmensa ola que va uniendo en el recorrido árboles y elementos. Así estamos. Avanzamos como río y llegamos al mar. Esa inmensidad que nos ha hecho sentirnos como en casa. Todo está siendo dicho, todo está siendo escrito. Todo está siendo conversado, todo está siendo creado. Lo que intento siempre es entrelazar todas las dimensiones de una existencia, un plano mayor junto al más íntimo. En estos tiempos de ocasional banalidad me gusta sin cesar acordarme de la complejidad de los fenómenos, de lo absurdo de los polos estancos. Conozco este asunto de los polos, jamás son estancos. Nada está incomunicado, salvo las máquinas. Esas máquinas sin cuerpo son capaces de lanzar piedras sin sentir nada. Fácil así. Pero ser humano no es eso. Este aluvión nos trajo sentimientos y solidaridad también. Somos emociones, somos alegría y cólera a veces. Somos animales, queremos estar a salvo, a resguardo de la tormenta, vivir tranquilos, poder alimentarnos, recibir amor, darlo, en la mayor medida posible. Conocer la empatía es saber que también tenemos que cambiar aspectos. Comprender que estamos cerca e interconectados. Como lo está la cordillera, el río y el mar. Como lo están las estaciones, que van intercalándose inevitablemente. La literatura es arte, pero desea también ser movimiento. Tomar el riesgo de ser humano. Es mucho más difícil que ser máquina. Mucho más productivo, imaginativamente hablando. Este es un libro sobre la creatividad y sus posibilidades, y sus descalabros, y sus miedos, y sus desastres. Su permanente catástrofe. Sus oasis y sus montañas rusas. No hay algo más alto que me haya ocurrido que el amor, la música y la literatura. Es el deseo de habitar, de agradecer, de llegar más allá. De que nos salvemos de esta. Para los que vienen, al menos. A nosotros nos va quedando poco, pero qué estamos entregando. Qué diablos estamos entregando. Tal vez con el arte vaya unida también la vida. No saldremos vivos de este pasar por los días, pero disfrutemos, cuidemos. Una parte de la felicidad está cifrada en constatar que vamos acompañados. Si el feminismo ha puesto énfasis en esto, que de cuando en cuando se olvida, ya es bastante. Todos los cuerpos importan, también ha aspirado a señalar eso. Como en otras dimensiones, se ha pretendido reducirlo a una caricatura, a una multitud de histéricas desviadas, esto es un error. Los errores salen caros eventualmente, y la ola baja aunque nadie la había llamado. La represión nunca ha sido la vía. Aquí la juventud queriendo participar, alzar la voz, integrar una comunidad. Proyectar un futuro que se ve cerrado de tiempo en tiempo. Hacer callar trae olas, ríos. Escuchemos, consideremos. Nos queda poco a algunos, pero qué estamos entregando. Nada nos pertenece. Que la democracia y el arte nos salven la vida.
Gracias.
Andréa Balart-Perrier
Lyon, 12 de octubre de 2026.
9 de octubre de 2026
Piano XXV
Escribía yo ayer sobre sentimientos que una deja de lado y vuelven en forma de ola que te cubre. En ese mismo instante, sin saberlo, en Santiago de Chile, en las faldas de la Cordillera de los Andes, apareció una gran ola de barro, piedras, rocas y árboles que decidió bajar por las calles, arrastrando todo a su paso. El incendio de todas las colinas aledañas el verano pasado no ayudaron a retener aquella feroz corriente, que debiese haberse contenido, si no fuera por la ausencia de raíces y los conductos obstruidos. La idea a retener es la siguiente: el aluvión se lo llevó todo a su paso. Convengamos que el clima está cambiando, y que no sólo los sentimientos van a volver en forma de ola, sino más bien todo, personas, animales no humanos, árboles, rocas, casas, autos, etc. Sucede que varios integrantes de mi familia y sus perros, viven en esas calles que se convirtieron en caudal gigantesco, lo que implica que entra el agua, se anega la posibilidad de volver a la casa, y de saber que la cordillera va a ser cordillera y no río enloquecido. Aquí no iba “piano” el agua, sino “forte” y “alla morte”. Si no podemos ser cordillera, entonces que se ahoguen todos, parecía decir el fango raudo. Se nos desfigura el planeta, hermanxs, y viene la ola, independiente de si algunxs consideran que este es un detalle intrascendente. Si algunxs consideran que las especies, protegerlas, para qué. Que el medio ambiente es una suerte de extraña ideología ocultista. La ola: viene. Llegó ayer. Antes de ayer. Mañana. La ola viene: forte. Está forjada con barro y rocas como la de Sísifo. Si todos los días cargamos la piedra como él hacia la catástrofe, cada día nos dará fuerte en la cabeza, hasta que ya no tenga sentido inventar ideologías ocultistas porque ya no habrá nada que proteger. Más bien no tendremos la posibilidad de pensarlas porque ya no vamos a existir nosotros tampoco. Mejor nos ocupamos de esto “forte” y no “piano”, como aquella tromba de lodo. Basta de negaciones inconducentes. Para los sentimientos que vuelven en forma de ola hay soluciones, para las cordilleras que vuelven en forma de caudal no hay impedimento posible: estamos bajo el agua (ahora).
29 de septiembre de 2026
Piano VIII
La literatura no es realmente una vida, es un simulacro de vida, un sucedáneo. Algo que se le parece, pero no la alcanza. La mira de lejos. La siente en el cuerpo, pero sin materializarla. Es una prohibición de vida. Un campo minado. Una reja con alambrados. Allá al otro lado está la vida. Esperando. Jamás en la carne, siempre en el intelecto absurdo. Jamás en la efervescencia y sí en la soledad. Hay que concluir que tal vez no me interesa la vida, y quizá sí alguna otra cosa. Una a descubrir. Ahí el esfuerzo. Tal vez me interesan las tinieblas de la vida. Al menos esas son las que encuentro. Me interesan los jirones de la vida. Lo que esta va dejando atrás. Lo que esta esconde, o abraza sin proponérselo. Lo que esta rehúye, evita a toda costa. Ahí estoy a mis anchas. El camino fácil nunca me llamó la atención. Lo veía infértil. Pero quién sabe. Quizá fue otro gran cuento que me conté. Para atrapar la fantasía. Para encapsularla, explorarla. En el microscopio. Para lanzarla como cometa y que se perdiera en el espacio sideral. Donde nunca llegaré. Apenas salgo de mi biblioteca. De mis montañas de libros y mi piano. No siempre tengo buenas razones para hacerlo. Las busco, sin embargo, por momentos. Por ejemplo ayer compré un pasaje para acompañar al verano en Santiago de Chile. Ocasión que atesoro. A ver si ahí hay la vida. Nunca sé qué significa esto. Sueño sin detenerme, eso siempre. Soy presa de delirios, tal vez. Pero soy perseverante. A pesar de mis intermitencias. La literatura es una vocación impecable. No entiendes nada pero sigues. Es misterioso igual. Pintoresco, fantasmagórico, opresivo, destellante. En realidad no sé si lo escogí o no. Pero quiero hacerlo. Quiero encontrármelo, y decirle lo que siento. Ya todo se mezcla, él, los libros, la literatura. No sé bien a quién estoy hablándole, si a él, si a mí misma, si a los libros por venir. Ojalá todo se conjurara en un solo destino. Ojalá la literatura me permitiera, a pesar de todo, la vida.
Piano VII
Aprendí a tocar el piano hace 40 años, a la misma edad que aprendí a leer y escribir. El paraíso llegó todo en un mismo momento, la literatura y la música. Cómo manejé tal explosión con serenidad. Tal vez no tuve serenidad, quién sabe. Es fantástico pensar que llevo 40 años leyendo sobre lo indómito, sobre la constante rebelión a la planicie, sobre el relieve de la existencia. Es un aniversario maravilloso: 40 años de literatura en el cuerpo. 40 años de tesoros incrustados en mi porvenir inclemente. No hay aniversario más trascendente. Ese acceso al parnaso y las turbulencias. El verdadero amor lo conocí ahí no tengo dudas. En la fantasía corrosiva. En el humor que penetra. En todas las promesas de mundos misteriosos que me entregaban esos libros que se evaporaban en mis manos. Ha tomado tantas múltiples infinitas inacabables formas esa pasión en 40 años. Sus diferentes caras y propuestas han llegado con desesperación a mis venas, a mis neuronas deseosas de transformación planetaria. He aprendido dos cosas, amar el mundo tal como es, y modificarlo todas las veces. Una especie de renuncia sin jamás renunciar. La belleza prolifera. Toma forma, se instala, lo intenta, se desfigura. La justicia, la democracia, la libertad. Está en esos 40 años de libros y afuera. Todo queda dentro. Sigue gestando la revolución. Luego dar a luz esos libros de la esperanza intacta. Del desistimiento que no es tal, sino todo lo contrario. 40 años del amor más puro, el más transparente, las tinieblas totales, todos los mundos posibles. Viaje es la palabra correcta. Ha sido un viaje. Un viaje largo y escarpado, en cada experiencia un éxtasis. Siempre queda algo. Cada libro enseña algo. Aunque sea lo que no es literatura, o lo que no es para nada democracia. También hay que aprender eso. La curiosidad es el único motor posible. 40 años de edén permanente. La gloria del arte y todas sus facetas. Imposible no ser feliz.
28 de septiembre de 2026
Piano VI
Soy como una especie de trampa, una alucinación. Me veo como una especie dócil y cándida, una promesa de aventuras fantásticas sin consecuencias, y luego la realidad ingresa. No hay almuerzo gratis. La literatura es carísima. El encuentro con la literatura, peor. Qué espera alguien de una relación. Ahí está el punto. ¿Diversión? ¿Irresponsabilidad? ¿Olvidarlo todo? ¿Partir de nuevo? ¿Reír? ¿Prometer? ¿Bailar? ¿Cantar? También hay todo eso. Todo eso y más. El tema es cuánto de uno hay que dar por eso. ¿Entregarlo bajo qué modalidad, la de la donación, la de la sumisión, la de la imposición, la de la igualdad? ¿Tiene que haber una finalidad? El encuentro con los de mi clase es la promesa total de la diversión, es la diversión real, y luego la incomprensión. Qué es esto. ¿Una relación o una novela? Nunca hay claridad. Yo me debato entre formas absurdas y no me da el tiempo para zanjar totalmente esta duda. Lo delego a la ambigüedad y ahí tenemos las consecuencias. Las relaciones se acaban, y logro llegar hasta el final de la redacción de una novela. Es bastante. Tal vez soñar con una relación es aspirar a una cierta novela. Con ciertas características. A continuación, improvisar, porque lo que el presente entrega es invaluable. A mi favor tengo que decir que nunca he ocultado mis profesiones y oficios. El aspecto proyecciones y expectativas es cierto que siempre juega en contra para ambas partes. Lo que sucede es que soñar e inventar es lo que da la combustión. El carburante es esa historia que nos contamos cada vez. Una historia insólita, pero da resultado. El ingrato ajuste viene con posterioridad. Cuando la verdadera novela se acaba. La que gestionamos en nuestro interior. Ese deseo de ser otra persona. De saltarnos las reglas, de innovar en temáticas archi vividas. Lo bueno es el candor, la ternura, tragarse la alucinación, para que la diversión sea completa.
Piano V
Paul B. Preciado es lo máximo. Leo sus columnas en la prensa. Siempre una idea nueva, lúcida y exacta. Da en el clavo con gran precisión. Un respiro en el mar de información. Tantas veces irrelevante. Gracias, Paul. Qué es una idea que sirve para algo. No intento discriminar otras ideas. El tema es que haya ideas. Eso es lo que a veces falta. El tema es que sea nueva, también. No una vil repetición. Que no ataque tampoco a colectivos sin motivo. Es mejor ir contra los poderosos, porque esos se defienden sin problema alguno. Esos la destrucción la manejan al revés y al derecho. Puedes caer en sus garras y luego no es tan fácil salir. Escribir no es producir frases, se escribe y se lee con el cuerpo, escribe Preciado en su última columna. Habla de la privatización informática del lenguaje. En el lenguaje vivo, cada palabra y cada sintagma, hace referencia a la experiencia de un cuerpo en relación social, escribe Preciado. Qué esperamos de un texto, que nos revele alguna experiencia, alguna forma novedosa, alguna metáfora que haga soñar, alguna rebelión cualquiera a la aridez, un escape a esta existencia innumerables veces plana. Eso implica viajar por la oscuridad antes de redactar la frase. Buscar en los confines del espíritu literario, secundado por una emoción posible pero escondida. Aspiramos a la belleza, a la honestidad de una afirmación. Al riesgo, al coraje. Está más o menos claro qué es la literatura, si una lee regularmente existe un cierto entrenamiento. Lo que es más escurridizo son los temas y la manera de abordarlos. Eso cambia constantemente, y a dios gracias sucede esto. No le estoy agradeciendo a dios, sino afirmando que es una gran suerte esta posibilidad. Hasta los treinta años leí más o menos lo mismo, era lo que había, hasta que por suerte, por suerte, se abrió el abanico. Qué placer. Fantástico. La escritura de otros cuerpos. Que no se veían para nada. Justo a mí me tocó en ese grupo. No escogí nada. Nací, y ahí estaba. En el grupo de los cuerpos invisibles. De los cuerpos clasificados como delirantes, histéricos, buenos para inventar, simular. Me costó salirme, pero luego en el mar de cuerpos que comenzaba a vislumbrarse todo fue más fácil. La ola de mierda que se venía encima disminuyó. Bueno, ahora es grande también, de manera a veces anónima, más encima. No se puede tener todo, pero se puede tener algo. Aspiro a leer de vez en cuando alguna idea que sirva, y a escribir de tanto en tanto algún texto que revele algún aspecto un tanto más insondable que lo que se cruza por mi cerebro y mi vista a cada segundo. El tiempo es clave, la madurez de las ideas, el reposo de las intuiciones. Aspiro a una profundidad que sé que existe, porque la he visto en muchos libros. Fue mi cuerpo el que se percató. Escribir y leer es emoción. Escribir y leer es pensar. Qué esperamos de la literatura. Alguna señal, alguna sugerencia de camino que no es una verdadera propuesta, sino sólo una invitación abierta. Sigo buscando, infatigable. Encuentro el éxtasis en ocasiones. Es mi única motivación para seguir recorriendo estos días organizados en meses y años. Una tiene que definir su motivación. Sentirla en el cuerpo. Busco, encuentro y siento.
27 de septiembre de 2026
Piano IV
Interactué ayer con la humanidad de carne y hueso. Fue fascinante. Escribí, claro, pero después salí de mi casa, era una tarde asoleada de sábado otoñal en Lyon, algo hermoso de presenciar. Grégory me invitó a un atelier de dibujo de maquetas en un festival de ilustración en la escuela de Bellas Artes. Al principio estaba un poco perpleja en relación a qué dibujar, pero luego me aventuré con una librería art nouveau, fue lo que se me ocurrió. Una le toma el gusto a este asunto de dibujar, aunque mis habilidades son limitadísimas en ese rubro, casi inexistentes. Pero saqué adelante la fachada de la casa, que luego había que armar como un dibujo plegable que queda convertido en algo real, con dimensiones en el planeta, una casa hecha y derecha, de papel, como las que habitamos usualmente, porque sabemos que todo es provisorio en el existir. Esta era de papel, con ventanas, puertas y vitrinas, azules, moradas y naranjas. Me divertí en grande. Hace un tiempo que no veía a Grégory, que estaba aquí en Lyon porque tenía un pequeño rol en una película que va a salir sobre Johnny Hallyday. Luego de bailar un momento en un concierto electrónico de ese mismo festival fuimos a un bar en el centro. Con él siempre son aventuras insólitas, grandiosas, como las que a mí me hacen soñar. Es un gran aliado de la literatura. Estábamos en una sofá, música R&B, y en las mesas de al lado un grupo de nueve mujeres celebraban el cumpleaños de veinte años de una de ellas, algo digno de ver, con mucha algarabía y fuerza, y al otro lado, un grupo rarísimo, que no logramos comprender bien de qué se trataba, si unos mafiosos o alentadores de la trata de personas, eran tres hombres mayores que hablaban alemán, de lo que se podía comprender por la música, más otros tres jóvenes que hablaban francés, y dos mujeres muy jóvenes, que al parecer también hablaban francés. Pidieron varias botellas completas y brindaban con gran euforia y majestuosidad. Una no sabía si alegrarse o tener miedo. Grégory estaba en un estado aún más abrumado por la existencia que las veces anteriores que lo había visto, lo que es para mí humor negro a raudales, porque nunca sé exactamente si me está hablando en serio o está exagerando hasta lo más lejos posible. Siempre está al borde del precipicio, una vida al límite, en el vértigo, hundido por la dificultad de tener que levantarse cada mañana y hacer algo digno con su existencia. Lidiando con una serie de exigencias atroces que no logra sobrellevar ni medianamente bien, más bien muy mal, y todo me lo cuenta serio, pero yo sé que es imposible que todo sea tan oscuro y siniestro en su cerebro, entonces yo gozo, porque es como que me siento comprendida, y porque sé que en el fondo sí disfruta de la vida, a su manera, llena de actividades, donde no para, afrontándola de manera frenética, y siempre, pero siempre, maravillado como que el espacio completo le abre nuevas posibilidades del milagro permanentemente. Tienes que ver la película “Vampira humanista busca suicida que consienta”, me dijo. Habla del suicidio como quien habla de ir a tomar un café. Grégory, le dije, cuando pienses en eso, mejor llámame, quedan aventuras por delante. De acuerdo, me dice él, tierno, obediente. Yo lo observo, lo encuentro guapísimo, y disfruto de sus desvaríos y derivas con un placer omnipotente. Es como una personificación de la literatura. Es un caso raro, único. Habita una especie de planeta del dolor placentero. Yo sé que en definitiva quiere vivir, quiere habitar este planeta hasta el último centímetro, se nota, en su mirada, en su desesperación, de abarcar el oasis, de encontrar el destello en cada configuración de la realidad, ese hábito escurridizo de comprender al que todos aspiramos. No creo que sea amor lo que sentimos, es algo mucho más profundo, una estadía en el lado literario de la vida. A mí es casi el único lugar que me interesa, con el tiempo me voy dando cuenta. Pero quiero detener al fascismo, eso sí. Eso todas las veces. Es una de mis aspiraciones principales. Un objetivo claro, contundente, necesario. Porque con la música no se juega. Sin la música es la muerte, es más que el suicidio, es la muerte total, de todo lo conocido. Estoy encantada que ayer dejé los libros de lado un momento para disfrutar en ese bar extraño al que no iba hace mucho tiempo, y la conversación con Grégory, que me hace reír, de tanta desolación. A mí lo que me da la vida son esas aventuras imprevistas que surgen. Para esas siempre estoy preparada. Permanentemente lista para la literatura. Para el amor no sé, pero siempre hay un atisbo en las aventuras. Lo que me hace soñar son los lugares de la literatura, donde se manifiesta, donde se muestra, donde se despliega, donde se esboza. La humanidad de carne y hueso es lo más interesante que hay. El cuerpo de Grégory, su boca, su mirada profunda, sus palabras penetrantes. Necesito desarmarme, y las aventuras literarias me hacen partir de nuevo, desencajar esa estructura que he ido forjando, que me ayuda, pero me limita. Quiero ser libre y abrir mi cerebro a otras visiones, a una comprensión nueva. Sé tan poco y disfruto, porque voy vislumbrando otros puntos de vista. El mayor placer es salir de una misma, olvidar cada centímetro de imposiciones que una misma se arma para sobrevivir. Yo quiero vivir, pero que sea en lo más profundo de la literatura. En esas tinieblas del placer. En la desesperación de las palabras correctas, de las tramas agudas, de las aventuras reales. En las conversaciones sinceras es donde encuentro mi inspiración. Nací para este oficio. La honestidad es la música.
26 de septiembre de 2026
Piano III
Ahora caigo en cuenta lo traumático que es que dos de mis ex parejas que más he querido se hayan muerto. Quedan otras cinco, afortunadamente. Pero claramente las cosas cambian sin vuelta atrás después de eso. El tiempo queda sin duda suspendido. Pierde sentido, materialidad. Pierde coherencia y realidad. No salí con Grégory, le dije que estaba agotada, lo que era cierto. Había sido un largo día. El día anterior había caminado la ciudad completa después de una reunión. Necesitaba ver las calles, la vida, el espacio público, el movimiento. La existencia entre libros es extraña. También las cosas pierden materialidad. Pierden realidad, una cierta dimensión de la realidad. La vida en el arte, al menos en la literatura, está totalmente falseada. Una cree habitar castillos y combatir dragones. Hay algo de eso, pero hay más. La literatura es sin duda un refugio, aunque sea ese mismo refugio el que te ataca sin misericordia cuando estás más a la deriva. Cuando crees que un libro va tomando forma, y luego eres todo dudas. Grandes polémicas surgen de temas que ni habías pensado. Escribir ya es bastante complicado, para que ahora surja que hay personas que recurren a las máquinas para hacerlo. A mí eso ni se me ocurriría. No empleo máquinas para nada. Pluma, papel, libros físicos. Delinear las palabras en un ordenador, buscar de cuando en cuando información en la gran red, pero sin jamás recurrir a robots que me resuman nada. Jamás se me ocurriría anotar una frase o idea que no es de mi propio cerebro sin expresar dónde la adquirí. Es extraño, leo todos los comentarios a esta polémica y es como que sucede en el mundo de al lado, en algún otro planeta al que no he accedido, ni me interesa acceder, esa es la verdad. Me parece un atajo inconducente. La literatura es frágil, es difícil, es complejísima, para avanzar con muletas, no se puede ser humano y no enfrentarlo. Creo que no hay caminos breves, en este oficio. Es largo y doloroso. Además está toda la ideología que se nos viene encima, que nos lanzan encima, para criticar el trabajo, argumentando que no se trata de eso, sino de la calidad de la literatura. Hay muchas personas enojadas de que los temas cambien, de que haya espacio para otras cosas, y argumentan que entonces eso no es literatura. Por dios, es absolutamente literatura, lo que duele es tener menos tribuna, menos elogios, menos espacio, porque ahora hay otrxs que también quieren decir algo. Es triste de ver, y por otro lado da como escozor o ternura, de que sea tan evidente que la democracia les molesta. De que estaban contentos antes cuando era posible dominar sin interrupciones. Otra literatura se abrió espacio. No lo quieren escuchar, insisten en criticar, pero es que no comprenden bien, o quieren que no se comprenda, eso es tal vez. Pero está claro, y significa que no había espacio para otras cosas, eso es todo. Yo soy mucho más feliz desde que leo a autoras mujeres principalmente, en esos libros he ido encontrando todo lo que necesitaba, lo que soñaba, lo que intuyo, lo que me hace sentido. Lo otro estaba bien, pero faltaba algo, siempre faltaba algo, en el fondo sabía que no me estaban hablando a mí, y eso se siente. Ahora sé realmente qué es la literatura. Ahora me interesa mil veces más, ahora es un gozo perpetuo, algo real, algo vivo, algo que me alcanza, que me completa. Estoy en casa, siento gran serenidad. Es como que de pronto existo. Existimos. Ahora caigo en cuenta cuán aburrido era leer, en comparación al placer actual. Eso que antes, ya era fantástico, pero ahora es como una explosión de estrellas. Leo y no lo puedo creer. Lloro de emoción constantemente. Todo está en esos libros. Mi existencia completa, todo lo que me compone, si voy uniendo los fragmentos. Los que lloran por lo que había y ya no está, no tiene sentido, lo otro sigue estando, lo que pasa es que ahora hay más opciones. Parecen niños con berrinche, porque tuvieron que prestar los juguetes, tuvieron que compartir. Duele, puede ser, era más entretenido jugar solo tal vez, jugar con el compañerito que quería jugar a lo mismo. Hey, era aburridísimo para los demás, mirar sin poder jugar. Ahora que nos tomamos los libros, todo fluye maravillosamente. Los comentarios, eso no es literatura, o no es literatura de calidad: al diablo con eso. Lo que les duele es la democracia. Haber perdido terreno de dominación. Quién va a decidir qué es la literatura de calidad.
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