Hubo momentos en que creí recuperarlo, pero existir tiene esa consistencia escurridiza. Tal vez lo particular del otoño es que disminuye la capacidad de transformar la vida en una novela, es como si la realidad hiciera su aparición para quedarse bien instalada. Para que no exista sublimación posible y sólo el hecho de dos palabras extraviadas ineludibles: te extraño. Por un lado existir no comporta sorpresas, esto ya lo sabía de antes. Pero estaba pensando en otras cosas. En novelas. Para qué vendernos simulacros, el tiempo es una entelequia, no tiene poder frente al sentimiento. Existir es terrible, totalmente atroz con esta carga del amor inconcluso. No tengo las destrezas necesarias para evadir el presente. Nunca aprendí esto. Como tampoco aprendí a olvidarte. Sólo tuve en mis manos aquellos atardeceres que me hicieron dejar de lado aquel amor que no quería llevar encima. Tarde o temprano regresa lo que fue de uno. Puede ser un cuerpo, o un recuerdo. Una ensoñación o un horizonte. Hubo esa intención que tomaba la forma del desastre. Lo importante es desorganizado. Estamos tan mal entrenados para lo relevante del existir. Vuelve el recuerdo y ya no sabemos ni cuál era nuestro nombre. Los atardeceres se confunden todos y creemos que llevaban por estandarte un solo rostro solitario que nos observa desde el final de cada página. Las ideas se mezclan y resultan en un solo confín firme como aquellas creencias tozudas que no sabemos ni de dónde aparecieron. Una especie de regresión a un estado de paraíso lejos de lo concreto de los fenómenos. Una poesía dispersa que intuimos, secundada por la imaginación desbordante. Por el amor que sabemos fue algo real, y como el otoño es real invita a estos sentimientos que saben abrirse camino para recuperarnos. A mí me habría gustado aprender a olvidarte, sin embargo. Entonces las hojas que caen no tendrían ese carácter de certeza. Esa noción de lo que quedó por llevar a cabo. Soñé lo más grande contigo. Una música que me acompaña hasta ahora, pero no comprende el concepto de que la existencia tiene materialidad. De que hay eventos que tal vez nunca van a ocurrir. Las novelas románticas nunca fue lo mío.
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