27 de octubre de 2026

Seducción XXII

Café esta mañana con Elis Regina. Sol absoluto en Lyon de nuevo. Un disco que compré hace muchos años en ese país poderoso, igual que la voz de ella. Aquella voz apagada tal vez por la represión en su país, dos años después de mi nacimiento. A los veinte años escuchaba este mismo disco en mi habitación. Me gustaba la canción “Casa no campo”, sobre todo cuando dice: Eu quero uma casa no campo, meus discos e livros e nada mais. Me parecía una vida perfecta, no tanto por la casa en el campo, sino por los discos y los libros y nada más. Veinticinco años después estoy junto al río en mi casa con mis discos y mis libros y nada más, lejos de aquellas playas y de aquella ciudad donde mis manos recibieron por primera vez esa voz de Elis Regina. Voz que me siguió hasta aquí para decirme: Onde eu possa ficar no tamanho da paz, e tenha somente a certeza, dos amigos do peito e nada mais, e tenha somente a certeza, dos limites do corpo e nada mais. Me siento como con los pies en la arena, las olas, el mar brillante con el reflejo de ese sol que calienta. Elis Regina cantando. Sin duda lo estaría haciendo de estar aquí, en su casa en el campo, donde poder sentirse en paz. 

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