4 de marzo de 2026

El caos verdadero XVI

Hay un tema del que no se habla suficientemente y me parece grave. La cantidad de malabares y estrategias que una tiene que crear para existir sin verse continuamente expuesta a imposiciones en la obligación de desenvolverse en un mundo con hombres. Manon Garcia lo explica muy bien en “Vivre avec les hommes. Réflexions sur le procès Pelicot”, “Vivir con los hombres. Reflexiones sobre el proceso Pelicot”. Observemos. Fui ayer a mi clase de alemán. Me senté en mi puesto de la vez anterior. Todxs se sentaron en el mismo puesto (un curso de quince personas). Salvo, una persona (hombre), que se cambió de puesto, y se sentó al lado mío. Yo no me percaté cuando llegué que se había cambiado de puesto, si no me habría sentado en otro lado, porque ya le había encontrado perfil de acosador cuando lo vi en la biblioteca antes de la clase (una tiene ya entrenamiento para este tipo de identificaciones). El resultado fue que tuve que hacer los ejercicios con él, siendo que no quería. Lo que era evidente, porque no intercambié con él más que una sola palabra cuando me lo encontré en la biblioteca: bonjour. Pero no, tenía que sentarse al lado. Hice los ejercicios casi sin mirarlo porque no quería tener que interactuar con él. La profesora le dijo de hecho a mi anterior compañera de asiento, te cambiaste de puesto, y ella replicó: no me cambié de puesto, me robaron el mío. Me surgen una serie de interrogantes. Por qué cada vez que participo en cursos, grupos o talleres, si hay hombres, hay que estar escapando de alguien. ¿Debiera ser normal esto? Es lo más incómodo que hay. ¿Qué parte de quiero aprender alemán y no tener que estar preocupada de otras cosas, no se entiende? No es complicado. Compadre, no te hablé porque no te quiero hablar. No es difícil de entender. Cuál es esta voluntad eterna de someter a la gente. Hay algo muy podrido y aceptado de la manera de funcionar del sexo masculino que en incontables ocasiones impone. Hay dos problemas en verdad, o varios, pero aquí voy a mencionar dos. El primero es que hay que instalar la idea de que no porque una participe en actividades mixtas está necesariamente buscando alguien con quien interactuar más allá del tema propuesto. Pero el segundo, y más importante, es que una puede querer, o no, pero lo que tiene que modificarse es lo siguiente: si está claro que alguien no quiere interactuar contigo, o hacer algo, no se puede imponer. Eso tiene distintos nombres, abuso, acoso, violación, y otros. No debiera ni ser necesario tener que estar diciendo que no, si no hay un sí, un indicio, algo, entonces es: no. Compadre, no quiero hablar contigo, no te conozco, me incomodas, y vine aquí a aprender alemán. La cantidad de herramientas que una tiene que desarrollar en un mundo de hombres es inacabable, siempre surgen nuevas cosas, cambiarte de puesto, vigilar tu vaso en un bar, evitar lugares, horas, personas, ropas, bloquear en redes sociales a desconocidos, pedirle ayuda a amigxs, inventar estrategias para no quedar como exagerada en los acosos insidiosos pero brumosos, decir cosas de frente que no quieres, considerar la posibilidad de andar con gas pimienta en el bolso, pensar si aprender defensa personal es buena idea, escuchar todo tipo de frases incómodas u obscenas, cambiarte de acera, practicar gritar fuerte por si te pasa algo, tener miedo constantemente, llevar encima un nivel de alerta absurdo, y saber que en cada situación habrá un esfuerzo adicional que no tiene que ver con lo que viniste a hacer. La tranquilidad en los objetivos es algo desconocido para las mujeres. Vivir en un mundo con hombres es la promesa del acoso constante. 8 de marzo: queremos vivir en paz, sin que nos acosen, nos violen y nos maten. 

3 de marzo de 2026

El caos verdadero XV

Fui a deslizarme por el cemento con las zapatillas color azul como el firmamento para sentir cada músculo de mi cuerpo adormecido por el invierno que termina. El paseo junto al río estaba recién aparecido luego de una inmersión en el caudal del río por lo que la ruta era principalmente barro. La primavera es como salir de bajo el agua, igual que el paseo. El barro queda, luego se va. En cuanto a la historia en mayúsculas, cubierta de agua: nunca sale a flote. Barro, y agua, y ahogo, todo junto. Una inmersión completa. Así están las cosas. Luego subí una escalera muy larga hacia el cerro (la que subió Napoleón en caballo para llegar a la Croix Rousse un día, no recuerdo cuál). Partí corriendo, pero era tan larga que después tuve que caminar. Si hubiese tenido el caballo como Napoleón, tal vez otro gallo habría cantado, pero no fue el caso. Sólo mis dos pies, y firmes piernas, que ya es muchísimo, para subir esa empinada escalera de pequeños escalones en los que uno pierde el equilibrio a veces. Lo perdí. Siempre lo pierdo. Soy una especie de goofy en ocasiones, ese perro de Disney, que choca con las cosas, y le suceden pequeñas anécdotas absurdas. Quisiera ser Minnie Mouse, pero no. Goofy. Una va adelante con lo que toque, si no para qué. Volví luego al paseo del río, más barro. Las zapatillas en el barro. Pero no solamente. Nunca es sólo barro. Siempre hay algo más. Por momentos cemento solo, flores por tramos. Blancas en este caso, y amarillas. Unas en los árboles y otras a ras de suelo. Y el barro. En ese segmento del recorrido no perdí el equilibrio. No caí al barro. Pero mis pensamientos sí caían. Eso no cambia. Mis pensamientos son una constante pérdida del equilibrio. En la primavera es una combinación entre literatura-feminismo-amor-música. Por separado y todo reunido. Grandes carnavales, como el que vamos a armar el domingo. A la vuelta me dediqué a leer una porción de distintos libros, como un gran carnaval también. Un poco de Goethe, de Proust, de Eva Illouz, de Judith Chemla. Asir el destino humano desde distintos lugares, como si una hubiese estado ahí. ¿Un desorden? La primavera tiene, además del barro, un componente caótico (sí, sabía que esperaban que apareciera). Siempre llega. Hace unos días bajé unas aplicaciones de esas para conocer gente, para mi propia sorpresa, porque no pensé que me aventuraría a esas lides, pero sí. La verdad que no he vuelto a mirarlas, pero lo importante a decir aquí es que una de ellas me solicitaba obligatoriamente elegir una pregunta y contestarla, para orientar a los exploradores de personas en cuanto a mi naturaleza. Sin gran motivación observé todas las preguntas. Ninguna me gustó, pero había que elegir una. Qué personaje de ficción te representa, elegí, para poder continuar adelante con la inscripción gratuita en la que me hallaba sumergida. Anoté: Frances Ha. Me pareció acorde con mi esencia caótica, y mi humor negro persistente. Anotar Goofy como que no le venía, a pesar de mi gran parecido con aquel perro en relación a su manera de existir en el mundo animado. En mi caso es en el mundo real. Yo me comporto en verdad como Frances Ha. Esto consiste en hacer un sinfín de cosas que no tienen un sentido aparente (o tal vez realmente ninguno, pero esa información se adquiere con posterioridad). Escribir Frances Ha es sin duda disuasivo para alguien que navega por la aplicación esa. Pero a mí eso no me importa mucho. Lo que indica mi nivel de motivación en relación a los posibles pretendientes que pueden aparecer. Soy muy fiel para esas aventuras. Fiel a la nada, ojo. ¿Fiel a la literatura? ¿A la primavera? ¿A quien ocupa mi corazón estos días? Nunca he podido hacer muchas cosas a la vez. Voy de a una. En estos instantes está extrañamente habitado por Judas. A quién se le ocurre. Traer a Judas al corazón. Ya sabemos cómo terminó la historia de aquel personaje, como la historia en general: mal. Pero para mí el deseo no es una ciencia exacta: le entra agua por todos lados, hasta que termino en el fondo del río. Aniquilada por el deseo. ¿En el barro? ¿Como un pequeño cerdito? Existir es una serie de equivocaciones sin remedio, pero con puntos culmines. La primavera los concede porque guarda misteriosos secretos que desafían a la ciencia exacta. Si el amor es racional, dónde está la música. Mejor el barro con los cerditos. 

2 de marzo de 2026

El caos verdadero XIV

¿No para esta gente de causar problemas? No hay tregua, se ve. Una quiere hacer su vida y no estar con el alma en un hilo de manera permanente, pero no tendremos esa suerte al parecer. Con tanto simio al mando. La primavera, una entelequia. Y los otros prometiendo aberraciones preventivas. Cómo encontrarle un sentido a tanto sobresalto siniestro. Duele, es como una especie de burnout. No me olvido de la música, pero cómo hacerlo. Me escribió Judas que quiere venir. Me parece bien. Pero nunca lo entiendo. Me excede. No digo que yo me entienda más a mí misma, pero en ocasiones renuncio a la comprensión. A veces no sé qué espero de mí misma o los demás. Por qué le es tan difícil a Judas asumir las cosas de frente. Dar la cara y dejarse llevar. De eso se trata el amor también, ¿no? Él está aferrado a la ambigüedad y su manera de funcionar me desespera. Además da distintas versiones de las cosas dependiendo de con quién hable. No me parece normal. Quién eres. Qué quieres. Por qué es tan difícil aceptar un deseo. El deseo no muerde. Creo. ¿Muerde? Tal vez ahí está el tema. La mordida del deseo. Que no deja respirar. Pero luego hay que asumirlo, en caso de seguirlo. Decir: sí, hay un deseo. ¿Cuál es el problema? ¿Duele mucho esa mordida? ¿Luego queda todo devastado? ¿Para qué más vivimos? Si no es para seguir a ese deseo que estremece. Que eleva y tritura. Si es profundo la promesa es más alta. La sombra más errática. Yo lo deseo. Hace años. Él lo sabe muy bien. Sé que no estoy sola en esto. Pero a veces se requiere valentía. Abrir la compuerta a la vida. A la primavera. A las flores intensas y sus estropicios. Puedo escribir porque estoy abierta a la vida. Porque me habita el caos verdadero. Tal vez todo se explica porque el caos verdadero soy yo misma. Ahora caigo en cuenta. No había tal separación. Tengo la pasión de una existencia llevada a cabo hasta las últimas consecuencias. Esa es la música. El ritmo indeleble que entrega la posibilidad del movimiento. Tal vez se me ubique en la oscilación, pero mis sentimientos no cambian en lo más profundo cuando son verdaderos. Y el deseo me estrangula cuando se presenta. Me hace añicos, me describe, me transforma completa y se aparece el milagro. La epifanía del arte. Eso que nos salva, cuando no hay tregua. El deseo me hace consciente de que aún poseo la vida.

1 de marzo de 2026

El caos verdadero XIII

Primero de marzo, la ciudad asoleada, la situación mundial: lloviendo. No está fácil. Tengo encima del piano una foto de Simone de Beauvoir, que da justo frente a mi escritorio (écritoire, el lugar de escribir). Me mira fijamente y me pregunta, ¿estás haciendo lo correcto?, ¿cómo va el trabajo? Sonríe, mientras me observa el día entero. Quizá ríe un poco sin conmiseración de mi desorientación por instantes. Pero parece querer decir al mismo tiempo, sigue adelante, todo llegará, tal vez. Cada día converso con ella un manual que desarrollo internamente: cómo resistir. Este manual trata sobre: cómo es esto del caos verdadero. Por momentos quisiera yo caricias suaves al atardecer, pero la mayor parte del tiempo trazo las estrategias. Como una especie de doble personalidad. Una romántica intranquila. Un ser humano hecho de las dudas más descarnadas. De la sensibilidad más apremiante. Un cerebro instalado en una nave espacial sin remisiones. Amo a la vida, y le temo. Porque el sentido hay que buscarlo sin detenerse. Siempre las grandes preguntas tocando la puerta. La abro. Para cuando intento comprender bien lo que buscan se acaba el día. Luego viene otro. Otras preguntas, o las mismas. No me queda tiempo para las suaves caricias al atardecer. Me escribió Joseph, me pregunta si quiero verlo. Observo el río con el sol que me llega entre las ramas de los árboles sin hojas. No tengo respuesta. A veces creo que la tengo, y luego no. Luego nuevas preguntas que tocan la puerta. La pequeña motivación da paso a un mar de obstáculos. Me pongo a estudiar alemán, escucho Blumentopf intentando comprender algo. Anoto una serie de palabras y las dejo sostenidas con adhesivo en la pared para aprendérmelas. Pienso en el 8 de marzo, en el largo recorrido de estos seis años de feminismo militante. Vuelve a observarme Simone de Beauvoir. Sonríe, yo sé. La estoy viendo. Justo al frente. Dame una tregua, Simone, no me queda tiempo para las caricias al atardecer. No quiere entrar en ese asunto. Tiene otras preguntas para mí. ¿Estás haciendo lo correcto? Y yo no tengo ni idea qué es eso. Leo, escribo, converso, camino. Le pido que me dé más fuerza para comprender. Que me dé más fuerza para seguir firme. Le propongo que escribamos juntas el manual interno para resistir. Porque quién soy yo para estar diciéndole a la gente lo que tiene que hacer. A duras penas lo resuelvo para mi propia vida. Simone, esto del caos verdadero, ¿tú entiendes algo?, le pregunto. Sigue sonriendo. Al lado de ella, Tori Amos, una sonrisa ambigua, en un gran sofá donde tiene las manos apoyadas doblados los codos hacia arriba. También me observa. Acuérdate de la música, me dice. Acuérdate. ¿Estás haciendo lo correcto? No me dejan descansar. El sol se va a ir tras la colina, y no he ido a correr con las zapatillas nuevas que conseguí para deslizar mis pies por el cemento junto al río. Tal vez corriendo tome forma ese manual interno de cómo resistir. El movimiento es siempre deseable. Llena de sangre mis venas, y me recuerda el caos verdadero, de donde yo vengo, adonde yo voy. Una pequeña embarcación pasa por el río a toda velocidad dejando una estela, eso quisiera yo: que cada día me deje algo. Si no es amor, que sea paz. Acuérdate de la música. 

El caos verdadero XII

Primero de marzo, de este mes feminista donde nos duele todo, pero igual hacemos la fiesta porque los contratiempos ya los conocemos. Se enfrentan bailando, cantando, tocando música, marchando por las calles, porque así es como se resiste a la violencia. Parchadxs, nuestro colectivo feminista y antirracista latino de Lyon cumple seis años. Qué hemos hecho en seis años, principalmente: resistir. Estar aquí, en esta ciudad de la resistencia, y jamás del fascismo. Nos hemos dedicado a existir con fuerza, a reunirnos, a conversar, a comprender, a apoyarnos, a frenar a los acosadores, a hacer comunidad, y a cantar y bailar por las calles. Hemos resistido: lo que es ya bastante. Aquí estamos, y este 8 de marzo vamos a marchar con decisión como siempre, por los derechos, por la libertad de existir y vivir, por la solidaridad, por la paz, y por la alegría. El gozo de estar aquí, vivas, haciendo comunidad, haciéndole frente al poder, y soñando, siempre, con un mundo mejor, diferente, un planeta donde gane el amor y la vida de todos los seres vivos. No nos dejamos amedrentar, a pesar de que tenemos miedo a veces. Pero el miedo se conjura en la conversación, en el debate, en la creatividad, en el arte, en el activismo, en la lectura conjunta. No olvidamos a nuestras hermanas, porque en el recuerdo nos hacemos más fuertes. Aunque nos roben todo, tenemos más. Tenemos una calma de quien se las ha visto con los contratiempos. Somos felices, reímos, y conocemos el sol cuando aparece. Celebramos cada pequeño triunfo. Hacemos la fiesta, igual que este 8 de marzo. Con instrumentos musicales por los caminos, cada unx eligiendo el suyo porque así es más auténtico, así brota lo más alto. La vida es un carnaval, como dijo Celia Cruz. Por qué no. Este año es el carnaval. Lo hacemos entre todxs. Y como dice Vivir Quintana: ¡Justicia, justicia, justicia!

24 de febrero de 2026

El caos verdadero X

Vuelven las dudas afiladas respecto a este tema de la pareja. Hay dos aspectos claves que se verían severamente afectados, la libertad literaria, y el tiempo de lectura, y no sé si es algo que me puedo permitir. Tal vez dejarlo para otros, que tengan una motivación férrea en este sentido. No es mi caso, y si no se va a afrontar algo con pasión, ¿para qué? Primavera y todo, pero las prioridades son las prioridades. Tengo varias torres de libros esperándome al lado, y luego, cómo decir lo que tengo que decir. Me espera el caos verdadero, y sus manazas rómpelo todo. Tengo que abrazarlo con pasión, porque así es como funciona. Creo que voy a tener que continuar en la vida que no es vida, es la mía y me gusta así. Comprender el caos verdadero es una fuente constante de sacrificios. Ayer conversaba con mi amiga Tori sobre esto, ella entiende bien estos asuntos así es que conversando con ella me siento como en casa. Su pasión es la música y el mar azul. Yo también entiendo esos terrenos, y el cielo luego es azul. La música y la literatura es todo cuanto me guía, no tengo otro timón. Hoy comienzan mis clases de alemán, también me gustan esas peripecias, las de descifrar lo que no entiendo. Llegar más allá. La primavera tiene eso fuerte dentro, da un ánimo inusitado. Para el 8 de marzo vamos a marchar tocando tambores, bongós, panderos, panderetas, claves, maracas, flautas, castañuelas, güiros, ocarinas, ayer fui a conseguir instrumentos musicales y encontré unos cuantos, para que sea la fiesta. Porque más que pareja ahora necesitamos que sea la fiesta. Necesitamos contrarrestar el odio ambiente luego de esa marcha tenebrosa de lo más exclusivo del neo fascismo y neo nazismo francés, desfilando por las calles de esta ciudad de la resistencia. Así es que eso hacemos, resistir cantando, porque así es más efectivo. Así no tenemos que escuchar esos cánticos asesinos, que nos devuelven al punto cero. Con que no nos maten nos conformamos. Con que no nos deporten también. Nous, on répond : résistance.

22 de febrero de 2026

El caos verdadero IX

Bolaño escribió en el cuento “El Ojo Silva”, acerca de la imposibilidad de escapar de la violencia. Leí el cuento hace muchos años, todavía vivía en Chile, y creo que en ese momento no capté en toda su dimensión a lo que se refería con la afirmación que abre el cuento: de la violencia, de la verdadera violencia, no se puede escapar, escribía Bolaño. De hecho, creo que fue lo primero que leí de Bolaño, en ese momento no me llamó especialmente la atención. He vuelto a esta afirmación en varias oportunidades, ayer fue una de ellas, e identifiqué que todo estaba tan claro ahora. Me fui de Chile hace 13 años, escapando de la violencia. Una violencia difusa que me ahogaba, que estaba en las instituciones, círculos sociales y en el ambiente. Una represión y una uniformidad muy extrañas que nunca comprendí del todo, pero que no me permitían hacer lo que yo tenía que hacer, que estaba muy claro. Sentirme libre para poder crear algo que valiera la pena. Ayer desfilaron por las calles de Lyon, autorizados por la administración, tres mil personas adeptas a grupos neo fascistas, neo nazis, de esas que se ponen a darles golpes a la gente a la salida de bares y manifestaciones, simplemente porque les parece que su orientación sexual o color de piel no es el correcto. Tantos golpes que en ocasiones asesinan a personas. Querían rendir homenaje, a uno de esos que golpea a la salida de los eventos, asesinado también a golpes por otros que respondieron a los ataques armados del grupo neo fascista, dejado atrás por sus compañeros de delirios, quienes no lo llevaron luego a un hospital, si no después de dos horas. En resumen, todos quieren resolver las cosas con golpes. No son los únicos. Yo quería entonces escapar de la violencia, pero de la violencia no se escapa. Cuando volvía a casa en la noche del día anterior a tan flamante manifestación autorizada, me encontré unos minutos antes de llegar con un grupo de seis individuos con chaquetas negras, que pegaban carteles con la cara del mencionado homenajeado. Me pareció una situación irreal, como si estuviese viviendo en una película, pero no. Ahí estaba yo, con esos seis tipos que al día siguiente estarían caminando con la cara cubierta, como buenos cobardes, y levantando la mano en el aire para hacer el saludo nazi. Personas de veinte años, pero no solamente. Por supuesto al día siguiente no salí de mi casa, me quedé leyendo el libro de Gisèle Pelicot, “Et la joie de vivre”, “y la alegría de vivir”, una maravilla que describe con simpleza cómo afrontó el hecho de enterarse que su marido la había drogado por diez años para que 80 hombres la violaran en su cama. De esa violencia tampoco pude escapar. Las encontré todas, tal cual aquí. Hace unas semanas en Chile, en una conversación, una tía mencionó que un tío abuelo mío había estado en Isla Dawson, prisionero. Sabía que había estado preso por el aparato represivo de la dictadura, pero no tenía esos detalles, ni me sonaba que hubiese estado ahí. Al día siguiente me quedó dando vueltas esto, y me puse a buscar si encontraba más información. Encontré algo mucho peor, que no sabía, fue torturado por las dos bestias más grandes de la organización criminal que implementó Pinochet, que desapareció a tanta gente, “Guatón” Romo y “Troglodita” Zapata. Leí el pequeño relato, que aparecía en un larguísimo documento de querella contra Pinochet y sus asociados, por la desaparición forzada de una larga lista de personas, entre ellas una persona que mi tío abuelo intentó proteger, razón por la cual fue preso. Sabía que luego lo habían obligado a irse de Chile, exiliado. Pero no sabía que había estado en las manos de los más grandes criminales de la historia de Chile. Este tío abuelo que mi abuela adoraba, que abogó para que ella pudiera terminar los estudios, cuando sus padres no lo creían necesario, y que luego supe, con inmensa emoción, que era escritor, y llevaba adelante un taller de escritura. Por qué me enteraba recién ahora de este tío escritor, que nunca conocí porque murió lejos de Chile, cuando yo todavía era una niña, cantando el himno nacional atrapada en una dictadura. No pude escapar de la violencia, ahora lo sé. Estos neo nazis van por las calles, en un gesto idéntico a esa policía represiva. Si pudiesen nos matarían, lo hacen incluso aunque todos estamos de acuerdo de que no tienen que hacerlo. Y todos esos hombres violando a una mujer drogada. Lo hacen incluso aunque todos estamos de acuerdo de que no tienen que hacerlo. Hay una sola explicación, sí pueden, en el fondo. Violar a una mujer, matar a una persona gay, no es tan grave parece. A mí me pasa con el tiempo, que todo se ha aclarado, y no sólo comprendí que no podré escapar así no más de la violencia, si no que veo todas esas vulneraciones a los derechos ahora, las violaciones, el abuso sexual, las torturas, el asesinato, y me parecen mil veces más graves que antes, como si ya simplemente no puede ser. Me cuesta integrar que sucede y que ha sido por tantos años algo aceptado, silenciado, tolerado, impulsado a veces, incluso. Como si de pronto estuviese inerme frente a la crueldad, y al mismo tiempo, con una gran fuerza para combatirla, un poco como lo que relata Gisèle Pelicot. Porque se lucha de muchas formas. Ella se presentó en ese tribunal, día tras día, por cuatro meses, en un juicio que ella solicitó fuera público, con objeto de modificar el destinatario de la vergüenza, como ella dijo. Cada uno va modificando a su manera, hasta que se acaben los saludos nazi y las violaciones colectivas. ¿Es mucho pedir? ¿Vivir, así, sin amenazas? ¿Es mucho? ¿Utopías? ¿El amor en vez del odio? ¿Demasiado? Como dijo Bad Bunny. Una quiere paz y amor, y no, la violencia siempre acechando. Sinceramente es muy raro vivir. Hay que hacer malabarismos con una serie de aberraciones sucediendo hoy, hoy mismo, ayer, mañana. No se trata de diversidad, sí, hay unos que son así, cómo lo hacemos, ya se va a arreglar. Ocupan puestos de poder y quieren ocupar más todavía ahora. Hasta cuándo las aberraciones. Febrero 2026, en el punto cero. Qué decía el relato de los hechos donde aparece mi tío abuelo Arnaldo, en relación a la desaparición de su amigo Luis: 
“2 de septiembre de 1974. 
LUIS ALBERTO GUENDELMAN WISNIAK, Rut 5.712.546, nacido el 28/09/49, 24 años. 
A la fecha de su detención, domiciliado en Ruiz de Gamboa 048, Las Condes, Santiago, casado, egresado de Arquitectura de la Universidad de Chile. Luis Alberto Guendelman Wisniak, fue detenido el 2 de septiembre de 1974, alrededor de las 22:30 horas, en su domicilio, en presencia de su cónyuge - María Francisca Hurtado - por 7 u 8 agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), armados y entre los que iban Osvaldo Romo Mena (“Guatón Romo”), y Basclay Humberto Zapata Reyes (“El Troglo”). Los agentes llevaban en calidad de detenido a un amigo de la víctima, Arnaldo Salamero, quien posteriormente saldría en libertad desde Tres Álamos, viajando a México. Luis Alberto Guendelman fue trasladado a la casa de calle José Domingo Cañas Nº1367 - recinto secreto de detención y tortura de la DINA - y, posteriormente, a Cuatro Álamos, desde donde desapareció. 
Los aprehensores se movilizaban en una camioneta amarilla o beige, tipo pick-up, marca Chevrolet, con toldo verde, en el que se leía “Carpas Gillibrandt” y cuya patente era UY- 55 de La Granja. A la mañana siguiente, 3 de septiembre, el afectado fue llevado nuevamente hasta su domicilio por sus captores. La empleada de la casa, Berta Carrasco, lo vio a las 08:30 horas de la mañana, demacrado y rodeado de civiles, los que procedieron a realizar un minucioso allanamiento del inmueble.
Anterior a los hechos, Luis Alberto Guendelman acudía normalmente al domicilio de Arnaldo Salamero donde recibía y hacía llamados telefónicos. La noche del 2 de septiembre llegó hasta esa casa una joven, que dijo ser Alejandra, y que venía de parte de Luis Alberto (Marcia Alejandra Merino, que llevaba tres o cuatro meses detenida en Londres 38, transformándose en colaboradora de la DINA), acompañada de un hombre joven vestido con chaqueta de cuero. No había pasado más que unos momentos, cuando se hizo presente un grupo de hombres comandados por Osvaldo Romo Mena, quienes comenzaron a interrogar a Arnaldo Salamero en relación a Luis Alberto. Los agentes de la DINA detuvieron a Arnaldo Salamero y lo condujeron, en la camioneta, hasta el domicilio del afectado. Allí procedieron a la detención de la víctima, devolviendo al testigo a su hogar. Como a las 02:00 de la madrugada del 3 de septiembre, Romo se presentó de nuevo ante Arnaldo Salamero y le pidió las llaves de una casa que éste tenía en Las Vertientes, y que solía prestar al afectado y a su esposa. Como el declarante no las tenía, puesto que las guardaba en su negocio, Romo se retiró y, en horas de la mañana del mismo 3 de septiembre, apareció llevando consigo al afectado, en el negocio de Salamero. Le pidió las llaves y se fue, en la misma camioneta de la noche anterior.
En la noche del día 3 de septiembre de 1974, agentes de la DINA, comandados por Osvaldo Romo, detuvieron en su domicilio a Arnaldo Salamero, y lo condujeron hasta el recinto secreto de la DINA ubicado en José Domingo Cañas. Allí fue careado con el afectado, para después ser separados. Al cuarto día, Salamero fue interrogado otra vez, participando en el interrogatorio Romo. Al quinto día de su detención, el testigo fue llevado a Cuatro Álamos, donde, tres días más tarde, escuchó la voz de Luis Alberto Guendelman en el pasillo que conducía al baño. Al décimo día, Salamero quedó en libre plática en Tres Álamos, en donde se enteró, 5 días después, que a Luis Alberto Guendelman lo habían sacado de Cuatro Álamos con destino desconocido. Esta información se la entregó un detenido de nacionalidad austríaca a quien llamaban “PIL”. Posteriormente, nadie pudo darle nuevas informaciones sobre la víctima.
Cuando Arnaldo Salamero se encontraba en libre plática en Tres Álamos, concurrió hasta ese recinto Sara Wisniak -madre del afectado- a quien Conrado Pacheco, jefe del Campamento, impidió hablar con el testigo.
Tal como se señaló, en la detención del afectado participaron Osvaldo Romo, Basclay Humberto Zapata Reyes, con la colaboración de Marcia Alejandra Merino Vega, llamada “Flaca Alejandra”.
Por su parte, Miguel Antonio Albrecht, detenido por la DINA el 3 de septiembre de 1974, permaneció en un recinto que no pudo identificar, junto al afectado, en el que compartieron la misma celda. El 5 de septiembre del mismo año, ambos fueron conducidos en el mismo furgón a Cuatro Álamos, en donde permanecieron en igual pieza hasta el 13 de septiembre, fecha en que el testigo fue trasladado en libre plática a Tres Álamos.
Agustín Holgado Bloch, quien fue detenido el 12 de septiembre de 1974 y que pasara por distintos recintos de reclusión, el 25 de septiembre del mismo año fue llevado a Cuatro Álamos. Allí, el declarante llegó a una habitación en donde estaban Luis Guendelman y Luis Arce, hermano de Luz Arce, militante socialista que se transformara en colaboradora de la DINA después de su detención. El testigo lo vio en buenas condiciones físicas, íntegro, conversador, bien vestido, y le contó que efectivamente era pariente de los dueños de las tiendas Guendelman. En la mañana del 26 de septiembre, los agentes llamaron al afectado y le dijeron que se llevara “sus cosas”.
En noviembre de 1974, el Departamento de Estado de Estados Unidos informó al Senador J. William Fulbright -por escrito- que la Embajada de ese país en Chile había sabido extraoficialmente, por medio de fuentes del Gobierno chileno, que Guendelman se encontraba en Cuatro Álamos en buenas condiciones de salud. El 6 de febrero de 1975, la Embajada de Estados Unidos en Chile informó -también por escrito- al Decano de la Universidad de California, Berkeley, señor Milton Chernin, que informalmente había sabido que el afectado se encontraba en Cuatro Álamos, sin que hubiera cargos en su contra. “Su nombre -se agregaba en la nota de la Embajada- no aparece en ninguna de las numerosas listas de detenidos a quienes se les ha permitido abandonar Chile, que han sido publicadas por el Gobierno chileno”. La misma información entregó la Embajada norteamericana en Chile al Profesor Clarkson H. Oglesby de la Universidad de Stanford.
Además, Simón Guendelman -hermano de la víctima y con residencia en Estados Unidos -supo, extraoficialmente, que Luis Alberto Guendelman había estado internado, por serios motivos de salud, en el Hospital Militar de Santiago entre los meses de noviembre y diciembre de 1974. En mayo de 1975, Manuel Trucco, Embajador de Chile en los Estados Unidos, declaró a un representante de la prensa norteamericana que, durante sus indagaciones, había recibido respuestas contradictorias referentes a la detención de Luis Alberto Guendelman. En junio del mismo año, un miembro de la INTERPOL, investigando el caso, afirmó en Buenos Aires que el afectado se encontraba recluido en una “provincia norteña”.
El 24 de octubre de 1974, se presentó en el domicilio de Luis Alberto, uno de los agentes que había participado en el allanamiento del 3 de septiembre de 1974, siendo reconocido por Berta Carrasco. El agente dejó una citación para la cónyuge del afectado. De ésta pudo colegirse que se trataba de un funcionario que pertenecía a un llamado “Grupo 3” del Servicio de Investigaciones.
El 12 de julio de 1975, la prensa chilena informó que en la localidad de Pilar, 45 kilómetros al noroeste de Buenos Aires, en el interior de un automóvil, se habían encontrado dos cuerpos semicalcinados y acribillados, y sobre los cuales había un lienzo que decía “Dados de baja por el MIR”. Los documentos que se encontraron entre los restos, supuestamente correspondían a Luis Alberto Guendelman y a Jaime Robotham Bravo (detenido por la DINA y actualmente desaparecido). La prensa chilena de la época dijo que a raíz del hallazgo de estos cadáveres se confirmaba que “muchos individuos que figuran como desaparecidos, son elementos que salieron clandestinamente del país”. Se agregaba que la identidad de los muertos había sido confirmada por las autoridades chilenas y que “Amnistía Internacional no tendrá otra cosa que borrar sus nombres de la lista de personas desaparecidas en Chile”.
Frente a esta noticia, Sara Wisniak -quien residía en Israel- viajó a Buenos Aires el 13 de julio de 1975. Junto al Cónsul Adjunto, señor Mujica, y a un familiar, concurrió a la Morgue de Pilar en donde exigió ver el cuerpo que supuestamente pertenecía a su hijo. El espectáculo -según lo describió ella- era horrendo: “había dos troncos humanos, totalmente carbonizados, a los que les faltaban las extremidades”. De inmediato se dio cuenta que el cadáver que se señalaba como el de la víctima, no correspondía a las características físicas de él. Luis Alberto Guendelman había sido operado de un fibrocarcoma que hizo necesaria la extirpación del glúteo izquierdo y se le removió parte del hueso coxis. El tronco que se le mostró a Sara Wisniak no presentaba absolutamente ninguna de estas características. Además, la dentadura presentaba dientes torcidos y extracciones. Luis Alberto Guendelman tenía una dentadura, completa, derecha y sana. Por otra parte, la cédula de identidad -que no mostraba signos de haber estado expuesta al fuego- de tipo plástico, estaba abierta a un lado y cerrada con corchetes, el apellido mal escrito, la fotografía no correspondía a la víctima, la huella digital no coincidía con la del pasaporte, la firma notoriamente falsificada, así como también resultó falsificada la supuesta firma del Jefe del Gabinete de Identificaciones de Chile.
El dictamen final fue que los restos no pertenecían a Luis Alberto Guendelman Wisniak. Igual cosa ocurrió con el cuerpo que se informó correspondía a Jaime Robotham. Todo había resultado una maniobra de la DINA destinada a distraer la atención sobre las numerosas denuncias de detenciones seguidas de desaparecimientos, conocida como “Operación Colombo”, y en la que también se insertó el caso de otro detenido desaparecido, Juan Carlos Perelman Ide, cuyos restos también se supusieron encontrados en la localidad de Pilar, una semana después de ocurridos estos hechos.”

19 de febrero de 2026

El caos verdadero VIII

Yo este año quiero conseguir una pareja, no vínculos inconducentes, que en esos ya soy experta. Mientras resolvía cosas conmigo misma después de haberme separado, sirvieron, sin duda. Agradecí cada uno de ellos y todo lo que trajeron. Ya no. Me aburren enormemente, y no quisiera proseguirlos. Ahora ya quisiera algo con más sustancia. Más emoción, más pasión. Ahora quisiera el caos verdadero. No más caos apócrifo. Algo entretenido, profundo, que me muestre cosas originales, que me lleve a algún lado que todavía no he ido, tal vez. No me hago grandes ilusiones, en cualquier caso, sé cómo funcionan estas cosas. Desde el principio una sabe que todo va a ser cuesta arriba, estamos hablando de hombres, no lo olvidemos, que son los que me gustan a mí, pero he sido feliz con hombres. He sido muy feliz, así es que sé que existe eso. A veces ocurre, por lo que la expectativa está ajustada a la realidad. Todo consiste en dejar de lado lo inconducente, y ocuparse de lo que la apasiona a una, el resto llega solo, a veces. Creo que todo está en el estado mental, y yo estaba terminantemente cerrada a cualquier cosa que condujera a algo. Ahora es la primavera, y bueno, un tercer matrimonio, por qué no. He sido tan feliz.  

14 de febrero de 2026

El caos verdadero VII

El último día en Chile sucedió algo inesperado, hilarante y aterrador. Creo que hoy catorce de febrero es un excelente día para abordarlo. Dado que siempre queda la duda sobre qué es el amor, y junto con ella qué no es amor, y más bien enfermedad, de la que al parecer yo estoy aquejada. Veamos. Observemos bien. Es lo que intento hacer. Situémonos bien, para poder comprender lo necesario. Es lo que intento hacer. Último día en Chile, sábado de fines de enero. Me pongo a escribir, como siempre. Decido comunicarle a Jacques que dada la situación, es mejor que dejemos cerrado el asunto y no volvamos a dirigirnos la palabra. Cuál es la situación. Una vez más queda claro que lo nuestro es fantástico, pero no tiene ni pies ni cabeza. No sólo nos distancia un océano, lo que podría subsanarse (por supuesto yo no me voy a mover de aquí), si no especialmente porque no vamos a ser pareja, como alguna vez lo fuimos, por nuestra incapacidad real de manejar esto de una manera que no sea el caos verdadero. Qué es el caos verdadero. Con él lo entiendo siempre a la perfección. Haré el esfuerzo de entregar aquí el conocimiento adquirido en 25 años de relacionarme con Jacques de distintas maneras, pero con escasas modificaciones, ahora lo sé. Bien, dicho esto, pasemos al protagonista de esta historia, que es un cuaderno. Un cuaderno perdido en una caja en el desván, que contenía información más que crucial, en la comprensión completa del caos verdadero. Luego de escribir y almorzar, al hacer la maleta, me puse a revisar un par de cajas que quedaban respecto de las que tenía que resolver cosas. De pronto, un cuaderno. Comienzo a hojearlo, sin entender por qué lo había guardado, dado que eran anotaciones de trabajo, de la tesis de la universidad, lista de bibliografías anotadas a mano, entre ellas con la letra de Jacques, y apuntes de reuniones de cuando trabajaba en la universidad. ¿Por qué guardé esto? Pero sabía que debía haber una razón, fui observando las hojas, sin encontrar nada que lo explicara. Cuando llego al final, en sentido contrario, como quien comienza un cuaderno por el final, veo que había unos textos, ah, me dije, por esto lo debo haber guardado. Comienzo a leer. ¿Qué es esto?, me pregunté. Cuando comprendí lo que era no cabía en mí misma de la impresión, y me bajó un ataque de risa que no se detenía. Fui al jardín, donde mi madre podaba y regaba unas rosas, y le cuento el hallazgo y comienzo a leer lo que estaba escrito. Se une a mi ataque de risa, y me dice: no puede ser. Sí, afirmé, te lo juro. Qué contenía ese misterioso cuaderno, que se había quedado rezagado del primer orden que había hecho unas semanas antes, esperando por arte de magia el momento perfecto para presentarse. A mí siempre la existencia me envía señales contundentes del camino correcto. Que no las siga es otra cosa, pero aquí eran innegables, de esas de las que no puedes liberarte, porque ya todo quedó al descubierto. Qué eran esas cuatro páginas que cambiaron el curso de mi comprensión, como si cuatro páginas fuesen un año completo sin parar de una terapia intensiva para modificar el comportamiento y el cerebro. Eran los apuntes que tomé casi veinte años antes cuando la relación con Jacques se acabó, luego de un noviazgo de seis años. Pero aquí viene lo interesante: se describía en esas páginas literalmente los mismos problemas exactos que estábamos teniendo en ese momento, veinte años después. Esa fue la parte aterradora. Que un cuaderno describiera, en un diagnóstico implacable, con fecha 31 de julio del año 2007, las razones de por qué había que cerrar la relación con Jacques en aquel entonces. Todo estaba ahí. Todo estuvo siempre ahí. Por qué yo lo olvidé. Por qué hice caso omiso. Por qué perdí ese cuaderno. Por qué continué adelante si todo estaba tan transparentemente establecido. Leí con extrema atención las cuatro páginas, y luego de inmensas carcajadas, me quedé un largo momento en silencio. No tuve que hacer ningún esfuerzo en comprender el caos verdadero, aunque llevaba años haciéndolo, todo estaba ahí. Como si el cuaderno hubiese venido a reforzar una decisión que me costó años tomar. Porque el amor tiene muchas caras, y muchas de ellas no son amor, aunque lo parecen, y qué busca una, eso se va siempre modificando. Qué decía el inflexible cuaderno, sin concesiones. Correspondían a unos apuntes que consigné luego de unas conversaciones con una psicóloga, cuando me estaba costando cerrar la relación con Jacques. “31 de julio de 2007. Relación ambivalente. Ahora destructiva pero existía desde antes, desde siempre. J (sic) tiene un problema con el dolor, quizá por eso no dice las cosas de frente porque no quiere verte sufrir. Debes explorar por qué sigues perseverando en una relación que te hace mal. Primero tendrás rabia o habrás tenido con la niñita fea (sic), luego con J, pero ahora debes tener rabia contigo misma, por qué sigo con esto. Con la relación ambivalente que tiene, tú te alejas y él se acerca. Hay algo obsesivo también en ese continuar. Después vas a mirar para atrás y verás que llevas años perdidos en una relación insana y que has perdido la oportunidad de tener relaciones sanas. Los dos (subrayado) alimentan la relación insana y no la terminan porque tienen miedo de separarse. J puede que tenga chispazos felices, pero a la larga no va a ser feliz porque ha superpuesto dos relaciones sin procesarlas. Alguno de los dos tiene que terminar con la relación insana. Has sido muy incondicional y eso no es bueno en una relación de pareja. Eso es para las relaciones padre-hijo, pero la relación cambia cuando ya no estás ahí incondicionalmente. Entonces la otra persona está emplazada a decidir, a hacer algo si le interesa. Para que J pueda vencer la herencia debe hacer algo, si no hace nada, no se libra uno de la herencia por arte de magia. Está repitiendo el patrón de su familia. Lisa, tú no puedes hacer nada para cambiarlo ni lo puedes ayudar. 07 de agosto de 2007. J sacaba lo peor de mí, mi pequeño núcleo obsesivo que todos tenemos, lo potenciaba a mil porque me daba inseguridad, de fondo, y respecto de otras mujeres. Entonces yo era la bruja. Siempre me tuve que mover yo por la relación. He buscado toda mi vida que las parejas cumplan el rol de papas, les he dado responsabilidades que no deberían asumir. Le conté de Jérémie (mi primera pareja el snowboardista). Me dijo que desde siempre he tenido relaciones muy serias, que apuntaban a matrimonio. Morgana (la psicóloga) me dijo, J está todavía demasiado inmaduro, dale tiempo, déjalo solo. Quizá nunca vuelva, pero así como está no puedes volver con él. A la relación le faltó compromiso desde siempre. Anda día a día. Hoy no lo llamo, hoy tampoco, como las drogas. 13 de agosto de 2007. Más que terminar un noviazgo fue como terminar un matrimonio. Mis papas me trataron siempre como una adulta en las relaciones de pareja y por lo tanto me abandonaron en eso. Aunque en los otros ámbitos eran estrictos y estaban encima. Debo cortar las relaciones ambiguas, en todo sentido. Vivir en mi casa, y cuando me vaya realmente irme, no a medias (como con J). Debo ver esto como una oportunidad. 21 de agosto de 2007. Yo lo esperé en el pasado para madurar, porque él seguía en la universidad. Él dio el paso al trabajo y la adultez más abrupto, salió de la universidad y se puso a trabajar de inmediato. Ahí decidió que no quería tener una relación tan comprometida, vivir juntos, y etc. Probablemente le queda cómodo salir con alguien más chico (sic), menos proyección, menos compromiso. Yo decidí mucho por él, ahora puede sentir que quiere viajar y eso, porque esta vez la decisión sale de él. Nadie lo presiona, es dueño de su vida. Él no estaba cómodo con que yo le programara su vida. También es más difícil cortar para mí ahora porque como trabaja lo veo más grande, entonces asocio que por eso está más maduro, y además ahora que se solventa económicamente las cosas serían más fáciles y yo siento que podría comprometerse más. Es un buen momento para mí para cortar ahora que empecé la nueva etapa de la vida laboral, porque a él no lo relaciono con esta etapa. Puedo empezar de cero. Debo evitar las situaciones que me recuerdan a él, por ejemplo pasar cerca de su casa. Yo debo ser una naranja entera, no una media naranja, si no siempre me voy a encontrar medias naranjas. Cuando apareció J en mi vida vino a llenar un espacio que estaba vacío (luego del término de la relación con Arsène). Él también tenía un espacio vacío entonces nos acoplamos como una amalgama, nos fusionamos. Por eso es difícil separarlo ahora y llenar ese espacio. Debo llenarlo yo, conmigo, no puedo fusionarme con nadie. Traté de resucitar al muerto mucho tiempo, todo este tiempo, tratar de arreglar lo no arreglable, pero ahora ya asumí que murió. Ahora estoy en el duelo de asumir que murió, cuando termine el duelo estaré sanada. Ahora estoy convencida que no quiero hablar más con él ni verlo nunca más. Si alguna vez nos volvemos a juntar será porque él me buscó, mucho. 28 de agosto de 2007. Morgana me encontró mejor que nunca antes de las veces que me ha visto. Me dijo que en mis relaciones he tenido papás. Mis novios han suplido a mi papá, han hecho todo. Tengo que mejorar eso o estar atenta en una nueva relación. 03 de septiembre de 2007. J aparece por los lados, no directamente, entonces lo que hacía yo siempre era aparecer ante su aparición, pero yo hacía la movida visible. 11 de septiembre de 2007. El proceso fue desde la herida. La decisión desde la protección. No debo incorporar al entorno en la ruptura.” Fin de las anotaciones. Esto es lo que tenía por decir de este catorce de febrero y el caos verdadero. Año 2026. El tiempo es una entelequia, o mi enfermedad es demasiado profunda. Año 2026. Bien anotado: no se debe subestimar al enemigo, la enfermedad del amor. 

11 de febrero de 2026

El caos verdadero V

Supe de la partida de Yudit hace unos días. Una mujer de una fuerza extraordinaria. Amante de la vida, de la música y del baile. De un optimismo a prueba de todo, y una alegría que inspira. Cuarenta años, igual que Adam. A veces la existencia queda fija a los cuarenta años. Como si ya se hizo todo lo que había por hacerse. Ya se vivió de manera sabia, y para qué alargar. Pude despedirme de ella en agosto, en una hermosa celebración junto al mar mediterráneo. Un momento de comunión en un lugar de paraíso. Con personas que quiero tanto. Traía ella un delicado bordado de su autoría para regalar a la deslumbrante cumpleañera. Un gesto silencioso y tan lleno de fuerza. No está fácil seguir aquí, pero ustedes lo tienen todo, parecía decir, por lo que celebremos esta magia de existir, estos tesoros que se nos entregan, estos instantes fugaces y llenos de sentido que pasan, pero siempre quedan cuando la dicha ha sido profunda. Su sonrisa siempre me pareció hipnotizante, su capacidad de disfrutar y ver el lado luminoso de la vida, como un talento innato y contagioso. Sé que mis amigos la querían mucho y compartieron un sinfín de momentos importantes juntos. Sé que era una luchadora y libró una gran batalla sin jamás rendirse. Aprendí mucho de su filosofía de vida, estoy agradecida. Nunca rendirse. Al mal tiempo buena cara, ¿cuántos podemos vanagloriarnos de eso? Admiro su prestancia, su claridad y su compromiso con el rincón de luz de cada aspecto de existir. Su fascinación por los secretos que se descubren en cada viaje. Ahora que más nos hace falta la alegría y la salsa se fue para no volver. Pero quién entiende los misteriosos designios de este mundo incomprensible a veces. Creo que ella tenía la respuesta: al mal tiempo buena cara, porque siempre hay secretos por descubrir, que son más fuertes que cualquier contratiempo. No sé cuánto nos queda a los que seguimos aquí. Pero ojalá tengamos esa determinación, esa alegría. La felicidad al fin de cuentas es agradecimiento, humildad. Ella tenía todo eso. Una mujer fuerte y clara. Ojalá no partamos todos tan pronto, porque duele, sobre todo para los que están más cerca. Gracias, Yudit, que continúe el baile en aquel otro lugar al cual llegaremos tarde o temprano. Pero hoy nos comprometemos con la alegría. Con la amistad. Con el amor. Te honro hoy en este día de tu ceremonia. Que el mar te acune en sus brazos, y las olas se llenen de tu vitalidad, eterna. Gracias. 

9 de febrero de 2026

El caos verdadero IV

Ahora todos quieren ser latinos, cantó Bad Bunny en el Super Bowl. Seguimos aquí, dijo. Yo vengo llegando de América latina, donde nací. Sigo aquí, igual como dijo Bad Bunny. Llegué del calor al frío glacial. Como una nunca puede perder el entrenamiento en los contratiempos, la calefacción no funcionaba cuando llegué. Tres días convertida en hielo. Me resfrié por supuesto, hasta que descubrí qué sucedía y lo arreglé, porque una va desarrollando una habilidad de repararlo todo. « Toute seule comme une grande » como se dice aquí. Sola como una adulta. Hace rato que ya soy una. Hace un montón de tiempo ya. Pero a veces mis conductas no lo parecen. Bailo sin miedo, amo sin miedo, como dijo Bad Bunny. Empleo el humor en cosas indebidas. Este es el año de la alegría, que viene, no como quiere el hombre de la cabeza roja, o como quiere el de la cabeza blanca, que eligieron en mi país. Este es el año del amor, el deseo y el baile. ¿A qué vinimos, si no? No sé ustedes, yo vine a eso. Los que están amargados, que vayan viendo ellos qué hacen de sus vidas, pero no interfieran. El calor, mucho mejor. Y cada uno con quien quiera. Harto ritmo para olvidar tanta barbaridad que va uno leyendo. Un primero de febrero hace siete años alquilé por primera vez un piso en esta ciudad, gracias a un amigo de Jean que se ofreció para firmar como aval, de quien estaré eternamente agradecida. Seguir aquí requiere solidaridad. Yo sigo aquí. Cuando llegué había un volante en mi buzón del partido de la mujer de la cabeza blanca, que decía, vote por mí, vamos a suprimir las ciclovías, indicando entre paréntesis (anárquicas). ¿Qué? Todo lo convierten en ideología. No quieren más opresión ecológica. Sugieren volver al reinado de los autos, circular con libertad al fin, doblar las plazas de estacionamiento, en una ciudad que tiene el récord de atascos de todo Francia. Muy bien. Y suprimir la vía de conducción compartida, para que cada persona pueda ir tranquila sola en su auto, y contaminar lo más, más, más posible que se pueda, obvio. Yo llegué en bicicleta, evidentemente, antes de recoger tan sugerente volante que me dejó con los nervios destrozados. Porque a los contratiempos una se entrena, pero a veces la imbecilidad no tiene límites, ni los nervios tampoco. Me desplacé anárquicamente por la ciudad en la bicicleta, manteniéndome entre las dos líneas indicadas, pero parece que no es suficiente, igual parezco desafiando a la ley y al orden. Una ya no sabe dónde están los límites. Si me quedo en la casa, callada, ¿mejor? Pero sigo aquí. Parece no ser suficiente para la funcionaria del instituto donde me inscribí para aprender alemán, porque donde se indicaba, yo anoté nacionalidad francesa, pero ella lo dejó en blanco al copiarlo, sólo ese apartado, ¿dudó porque mi acento no coincidía con mi nacionalidad? El caos verdadero parece ser la anarquía de las ciclovías y esa confusión atroz que hay entre nacionalidades, orígenes, colores y acentos. Cuándo se acaba esta babel inentendible. Lo que pido es que nunca nos dejen solos entre franceses. Seguimos aquí, votamos por los ecologistas, rogamos que las garras de la extrema derecha no lleguen a todos lados, ya están gangrenando el país donde nací, nombrando de ministra de las mujeres a una mujer fanática religiosa, evangélica, que milita contra el aborto y hace exorcismos para sacar de dentro el deseo porque es un pecado horrible. Además propone cerrar su mismo ministerio, aunque ahora tal vez cambió de opinión y en cambio quiere hacerse cargo de los problemas reales de las mujeres. Me temo que no está pensando en lo necesario. Espero que considere el tiempo mínimo de “perreo” que se requiere en una semana. Que cada mujer tenga derecho a ese tiempo. Para llegar bien abajo, y después arriba. Hasta arriba, hasta arriba, después de ir hasta abajo. Donde nos van a llevar. Pero vamos hacia arriba, hacia arriba. Seguimos aquí.

22 de enero de 2026

El caos verdadero III

Nada es a medias conmigo. Busco la ocasión de las cosas. Voy y las enfrento. Para qué están si no puedo tocarlas, les digo. Las desafío. A veces no resulta para nada como planeado. Creo que el caos verdadero es la valentía. Y el caos apócrifo lo contrario. Reparto ultimátum y que sea lo que el destino quiera proveer. Voy navegando, afirmo. Todo está en movimiento, manifiesto. Volver a partir. Porque nací para el viaje. Nací para el mar y la literatura. Parto lejos, a mi casa. El eterno retorno. Pero ya no retorno igual. Quiero ir libre de pasado para poder proponerle cosas al presente. Juego con fantasmas y les hago zancadillas. Con la crueldad planetaria ya tengo suficiente. Ahora tiene que ser la ternura. Ahora tiene que ser la valentía. Sentir el caos verdadero. Voy en su búsqueda. Antes era el amor verdadero. Ahora es otra alternativa, que tiene que ver con la osadía. Ahora no es un simple acercamiento al presente. Son las grandes olas de la creatividad. Nos equivocamos en buscar el amor verdadero. La imaginación tiene que dar para más. Para nuevas formas que no escondan nuestro potencial radical. Todo fue someterse y acomodarse. Yo planteo algo exactamente igual al océano. Inconmensurable y sin límites.

20 de enero de 2026

El caos verdadero

Una necesita escuchar sus propias palabras, para que aparezca la verdad. En el rumor del océano escucho las palabras. En la música. Instalada en el amor, cuando es verdadero. También existe el caos apócrifo y el caos verdadero. La diferencia reside en la creatividad que nace. Maté mi sueño hace tres noches, escribe Gabriela Mistral, día no quiero, noche no quiero, porque mientras se va y vuelve, vivo otra cosa que vida y muerte. Yo vivo otra cosa que vida y muerte. Pero ya no quiero vivirla. El océano en su inquietud habitual. Espuma por doquier de tanto movimiento agitado. Qué es el amor. Sí, de nuevo esa pregunta. Ahora más que nunca buscarlo. Ahora que todo se desmorona. Me gusta esa sensación de ganas de empezar de nuevo. Habla bien de mi disposición a la vida. A esa distinta que es la mía. Una vida de olas y arrecifes. ¿El caos verdadero será una mezcla de debacle e impulso? Lo que sé es que el caos verdadero tiene que ver con la vida y no con la muerte. Cuando algo se debate entre las dos no lo es. Así puede definirse el caos apócrifo. Desde el cual no nace nada. Algo intermedio, algo a medias, algo mediocre. Creo que el caos verdadero es la búsqueda de la verdad. Son las formas de imaginación que nos despiertan a la posibilidad de la verdad. Creo que este año es el todo por el todo. Una búsqueda implacable. Olvidar que se tiene un nombre. Desandar esos caminos sinuosos, donde no se perdona nada. Volverse literatura de manera definitiva. Lo que sea que eso signifique. Da vértigo. ¿Y la inspiración? Quién inventó la literatura y la hizo incompatible con la vida. Le dijo, dirás la vida, pero no podrás vivirla. Qué es vivirla. ¿Escribirla? ¿Padecerla? ¿Cabalgar en sus cimas? A mí lo que me motiva es que las cosas sucedan. Forzar la circunstancia para que entregue su secreto. Todo suceso tiene un secreto. La sustancia que puede escribirse. Se parece al océano, una vez revelada. Pero un océano íntimo, el océano de uno. Vislumbrarlo es alegría. Toda frase debe ser tributaria de la belleza y la verdad. 

19 de enero de 2026

Formas de imaginación (Libro)

Formas de imaginación

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/20_formas_imaginacion_12-01-26.pdf

o

https://www.academia.edu/146226189/Formas_de_imaginaci%C3%B3n

“Formas de imaginación” es una novela. Es el tercer libro de “Lisa y el vértigo”. Así: “Lisa y el vértigo”; “El año de la literatura”; “Formas de imaginación”.


15 de enero de 2026

Formas de imaginación IX

Tal vez es lo más parecido que voy a tener a una relación que se mantiene en el tiempo de forma indefinida. Quizá debo alegrarme. ¿Hay límites para la alegría? ¿Momentos que no corresponden, situaciones que no calzan? A mí me gusta estar en sus brazos. Bailar con él al unísono. No me importa tanto más. Eso es suficiente. Luego está la literatura, que me alienta a continuar. Hay algo ahí, me dice. Pero qué. Eso nunca lo dice. Sólo indica que hay que seguir. Intento ponerle un atajo a esto por todos los medios. No hay fracaso acompañado de estruendo más grande que ese. Cada imposibilidad se vuelve camino. ¿Se hace camino al andar? Una especie de Serrat distorsionado. Un sucedáneo de Serrat para desorientados y diabólicos. Para estúpidos e inconsecuentes. Para ingenuos, torpes y limitados de entendimiento. No creo que sea algo cognitivo, pero ya no sé qué pensar. De esta criatura resistente a la bomba atómica. Samsa no es nada al lado de esta incomprensión torcida. Al lado de esta insistencia psicodélica. ¿Sustancias, será eso? Química de esa que devasta el laboratorio y luego no hay cómo componer los ingredientes corrosivos que lo hicieron volar todo por los aires. Lo que tengo certeza es que mi razón no participa en ningún sentido. Es un baile con los elementos al descampado. Bajo las estrellas, en un bosque. Mi cordura no conoce remedio a su desaparición. No queda más que disfrutar. Lo que viene más adelante es la muerte: ahí no hay dudas. Mejor disfrutar. Construir algo es una entelequia, porque todo se desintegra, y esto no. Como no tiene forma, no puede desintegrarse, simplemente sigue su camino (al andar). Se hace camino. Cuando uno lleva encima la desilusión este tipo de ficciones son muy efectivas. Yo las atesoro, las impulso, aunque batallo con ellas al mismo tiempo. Me impongo cosas, me reprocho a mí misma. Lisa, una vida puede parecerse a una vida, acuérdate, me digo. Ya no funciona. Sólo veo libros en el horizonte, y musas del presente. Es duro, pero una se acostumbra, como se acostumbra una a la hoja en blanco cada día: algo del presente absoluto, porque nunca hay organización que resista. La independencia es total. La literatura es dueña de sí misma, y eso es lo que más duele, esa autonomía implacable. Cada día es soberano de sus líneas. Haré lo que yo quiera con este día, parecen decir las frases rebeldes. Pero la inspiración no falla. Jacques es la inspiración completa porque lo amo más que a mi propia vida. Salgo de mí misma, para encontrarme con otro. Es la definición más plausible del amor. La inventé pero es porque estaba dentro de mí, igual que Jacques. Creo que gracias a él logro comprenderlo todo, aunque en el momento la situación parezca el caos de esos venenosos y sin salida. Estoy agradecida de su existencia. Tal vez el destino lo puso en mi camino (que se hace al andar) para conocer la poesía de ese caos sin nombre. La razón de nuestra imaginación, que es la forma de adentrarse en el mundo. Es una sin miedo y sin concesiones. Sin límites y sin ingenuidad, porque cuando se ha comprendido la vida es una certeza que acredita que no tiene sentido, salvo amar. 

Formas de imaginación VIII

Somos como una pareja de larga data, nos decimos apelativos horribles, y luego continuamos. ¿Es sano? Quizá esa pregunta no hace falta. Para qué. La literatura me guía sin tregua. Ni un minuto me da para mí misma. Tengo que inventarme excusas. Imaginar escenarios y coartadas. Para esquivar su perentoria exigencia. Soy un juguete del destino literario. Una marioneta de las palabras olvidadas. De los cánticos en montes desiertos. De las aterradoras hojas y hojas en blanco, que son como una invitación al abismo constante. Nací en el vértigo y no hubo vuelta atrás desde ese primer instante. Tal vez Jacques emula esa fascinación por la vida. Quiere ser ella y sobrepasarla, sin saberlo. Como no entiendo sus motivaciones en ningún caso, debe haber algo que me excede en las posibilidades que llamamos existencia. No descubro nada con él, sin embargo, ya todo está en mí. Tal vez es un lenguaje inefable el que hablamos. Algo impronunciable para aquellos de esa especie de la locura. Un caos inexpresable que flota en el aire y se nos adhiere. Lo que nunca entiendo son esas ganas de su cercanía. La necesidad de su abrazo y su sublime fragilidad cerca mío. Claramente no está hecho para la organización de este mundo. Quizá yo tampoco. Ahí estamos. Luchando contra un pasado y simulando un futuro, mintiendo en un presente que no deja asirse. Lo que desafía mis convicciones es su cuerpo. Su boca. Las formas de imaginación de sus besos. No hay límites descifrables para el amor que siento por la integralidad de su persona. Es una situación estúpida, sinceramente. El amor es una especie de desdibujarse y volverse polvo de estrellas. Dejar de ser para materializar algo abstracto que consume todo lo que está a su paso. Algo que pueda entender la verdadera esencia de esta vida y salvarnos de la debacle. Del descalabro que presenciamos. El cuerpo nos pone a prueba para que olvidemos quienes somos y pensemos en los demás. Salgamos de nosotros mismos para tratar de ir hacia algún lado. Aunque sea un acantilado rocoso. Mirar desde arriba tiene su gracia. Nos volvemos adictos a esa despersonalización porque es lo que nos permite seguir adelante. Es lo que nos permite escribir y crear. Imaginar esos mundos que se nos hacen tan difíciles de concebir a veces. No es falta de ideas, son las dudas de lo posible. El amor nos entrega la mano desde el acantilado para sacarnos del salto que dimos y hacernos creer que todo es posible. 

Formas de imaginación VII

Y si uno dijera, voy a sentir el amor, y punto. Sin batallas internas inconducentes. A mí me gustaría tener esa distancia de las cosas. Dejarlas fluir, libres: no. Nuevas preguntas, nuevas conquistas, nuevos tropiezos. Distancia, nada. Me acribilla esta sensación. Me transporto a ese amor infinito, que debiese haberse extinguido con el tiempo. Qué es esto. Un escarabajo en la bomba atómica. Escuché que sobrevivían. ¿Sí? ¿Algo así? Este amor dado a los juegos, estratagemas y trucos. Artimañas pesadas y escaramuzas interminables. No puede ser de este mundo esto porque no tiene sentido. Amo a Jacques como si fuese una extensión de mí misma. Tampoco tiene sentido. Es la oscuridad y la especie esa de locura. La poesía esa del caos, esa con minúscula. Ese tipo de brotes perseverantes que surgen de la tierra en terrenos inadecuados. Ni agua ni nada: igual. No puede ser. Qué sucede. Debo estar poniéndome a prueba de alguna manera. Tal vez invento juegos para mí misma. Para sobrevivir a la bomba atómica. Para pensar en otra cosa que no sea el presente planetario nefasto. Llego demasiado lejos con mis propias jugarretas: qué absurdo. Nunca pensé que sería el hazmerreír de mí misma. Y el amor tiene la osadía de hacerme creer que esto tiene sentido. Ese es su defecto, y su mayor virtud. Transformarlo todo en errores y esperanzas. Como si hubiese tiempo para tales artificios. El amor es lo único que sirve para escribir. 

Formas de imaginación VI

Es una especie de pago de rescate que hace a la Imaginación un país que antes no cumplió con la Imaginación, no la lució y tal vez no la tuvo, escribe Gabriela Mistral en 1938, a propósito de la poesía de Vicente Huidobro y Pablo Neruda. La Poesía es una especie de locura hecha con materiales sensatos, escribe Mistral, la Poesía debió ser siempre el lenguaje de la locura y habría quedado fuera de ella, en línea paralela, la Razón gobernando casi todo o todos los demás géneros. Les confieso con todo gusto, escribe Mistral, pero con muchísimo miedo de asustar, que suelo pensarme la Poesía como un ejercicio aparte de todos y que sería el de soltar la locura, el desorden, el frenesí puro sobre las gentes. Ella, esta peregrina Poesía, escribe Mistral, cumpliría el oficio vacante de dislocar voluntariamente la realidad para insinuar otra que pudo ser; ella manejaría la misma sustancia de los sueños y por lo tanto sería profesionalmente absurda; ella repugnaría lo orgánico y lo congruente, no por mirarlos en hechos nocivos, sino por considerarlos reino aparte y menester de otros. Ella aportaría una utilidad de décimo plano, escribe Mistral, es decir, una muy lejana y estrambótica utilidad: la de nutrir directa y copiosamente la Imagen y con ello mantener esa lonja, esa pizca de locura que también es parte real de nuestro ser y que, tajada o anegada, nos empobrece sin que lo sepamos y nos abaja aplebeyándonos. Este descenso de la Poesía al caos, como dicen tantos, afirma Mistral, podría ser un ascenso: hay oscuridades de arriba y de abajo, y muchas veces el hervor del cielo estrellado me ha parecido un como torbellino de resplandores y una confusión de laberinto blanco. Tal vez frecuentar a Jacques es un descenso de la Poesía al caos. He probado todo para dejar de frecuentarlo, pero nada resulta. Tal vez hay una especie de necesidad del caos en nosotros, que nos lleva a este encuentro maligno con los elementos. Una necesidad de subvertir la Poesía para que se convierta en caos, en margen, en saber periférico, devaluado, rechazado, que se transforma luego en poesía en minúsculas, en plegaria íntima. Lo íntimo es lo que sobresale. Lo grandilocuente aburre. Nosotros nos encontramos en un caos entrañable que disloca. Por qué se me ocurre estar ahí no sé. ¿Atesoro el descenso? Quizá es un ascenso, una oscuridad de arriba y abajo. Esa confusión extraña de laberinto blanco. Claramente es una especie de locura hecha con materiales sensatos. Ese es el enigma. Odiarse a una misma por exponerse a desamarrar lentamente las certezas. Las formas de imaginación me acechan. Cuando las encuentro, las miro de frente. Observo el lenguaje de la locura. Sobre todo cuando sale de mí. No tengo vergüenza. Vivo el ascenso. De la Poesía al caos. Soy enemiga del delirio, sin embargo. Cada uno de mis pasos esconde el amor absoluto. Lo lleva en su seno. El delirio lo corto de raíz. La ficción necesita disciplina. También inspiración. Por eso dejo volar la emoción todopoderosa. La manifiesto si la siento. El caos apócrifo es impermeable a ella. No la entiende. Quizá por eso Jacques la lleva con él. El caos verdadero. De la Poesía al caos yo encontré un espacio para habitar este planeta. Ascenso para crear formas de imaginación. Este es el tiempo de desplegarlas. Para que no todo sea pánico y desgarro. La locura que nos lleve al caos íntimo que quieren erradicar. La censura y la prohibición del género como teoría y movimiento son en sí mismas un esfuerzo por impedir que la gente, en particular la juventud, ejerza su libertad, escribe Judith Butler. Como sabemos, afirma, la posibilidad de pensar con libertad amplía la capacidad de una persona de juzgar correctamente, y ese precepto educativo no es equiparable a un adoctrinamiento. Las formas de imaginación nos están esperando, el ascenso de la Poesía al caos, el encuentro íntimo con los horizontes posibles. 

13 de enero de 2026

Formas de imaginación III

Sin concesiones, es lo que puedo pensar en este momento. Yo soy el caso de una criatura que, en el curso de un año, y después de cuarenta y cinco de vida, ha entrado en no sé qué rito o modo de prisa, escribe Gabriela Mistral, como si de vida me quedase poco o como si mi alma, por un golpe de vista, se hubiese dado cuenta brutalmente de la extensión espantosa de vida desorientada o regalada en errores. Vagabunda, eso he sido yo, llámenme hasta gitana, viciosa de rumbos locos, o bobos o de puro azar, escribe Mistral, vagancia y azar no los quiero yo para ti, vida querida. Ay, me duele, me duele el amor que vive comiendo error y el aprecio que sombrea bajo una especie de ceiba de exageración, escribe Mistral. ¿He regalado mi vida a la corriente del río? Dónde quedó la voluntad de conducirme con sabiduría. Dónde quedó el sentido de los actos. La literatura a veces va muy lejos, cree que el baile al unísono en una sala en penumbras es amor. Todo es confuso en las noches de luna llena. Ahí está el error, adaptarse a los claros de luna como quien persigue al presente para que sea un futuro. Pero todos sabemos que él es una calle sin salida, no se sale indemne. Qué es lo que me falta. Qué extraña novela estoy buscando en pistas de baile vacías de atardeceres. Si lo que debo delinear son las formas de imaginación. Maneras de salir de las pistas en llamas, pero vacías de contenido. Puro pasado. Un presente sin rostro. Un presente de vagabunda y azar, como el de Mistral. Igual que ella, a nuestros cuarenta y cinco años, veo la extensión brutal de mi desorientación. ¿Será que la literatura no permite la cadencia justa, regalada a errores? Que todo consiste en una inspiración incierta y torcida. Los errores son contradicciones bailando. Seguir el ritmo para reflexionar sobre él más tarde. Cuando puede soportarse, como dijo Scarlett O’Hara. Gabriela tenía el humor, que es el núcleo de todo. Esa sutil exageración en la realidad como un rubato en la música. Algo que se desencaja para producir un efecto. La literatura nace de cada momento fuera de quicio en el presente. Pero yo nunca puedo perdonarme. Es una vida sin concesiones la mía. Como Gabriela, vago encontrando razones, vago leyéndola para que la falta de azar de sus letras le entregue un sentido al azar constante de mi vida. A diferencia de ella, soy torpe en mis metáforas, llegan, no me abandonan, y a veces me muestran mundos fragmentados e inconsistentes que no comprendo bien, como la máquina de moler carne. Soy implacable, pero sin embargo no quiero herir a nadie. Pero de este oficio no se escapa. Gitana, viciosa de rumbos locos, o bobos, como Mistral. Leerla me acompaña en mi azar desorientado. En mis contradicciones irresolubles. Quiero una vida, y sin embargo sigo a las letras, que son la oscuridad total, vallas en el camino para ir saltando. Es la intensidad absoluta. Sentirlo todo. Me canso, pero no tanto. No conozco otro camino. Me honro bastante a mí misma llamando una “ruta” a un recorrido antojadizo y caprichoso, a una simple vagancia, escribe Mistral. Me basta saber que la vida pudo ser escrita. Que ella escribió y que este oficio debe tener aún algún sentido, aunque a veces no pueda verse a simple vista, o los bobos lo renieguen, o la dureza de su trazado en ocasiones invite a preguntas por la razón de insistir en esta desesperada cruzada por describir lo indescriptible por momentos. Tengo las formas de la imaginación para quedarme en alguna isla, aunque sea desierta. La forma no es ajena al pensamiento, escribe Judith Butler, el pensamiento exige una forma que a veces logra alcanzar y a veces no. Mi vagancia ha sido a tientas y sin comprender exactamente el sentido del pensamiento ordenado en frases, que he delineado en la mayoría de los casos en forma de intuiciones. Intento integrarlo todo para despegar de la isla desierta. Para contener un presente siempre desbordado. El camino de piedras hacia el agua ha sido la motivación. Aunque el sentido se desdibuje queda la terca esperanza de las formas de imaginación que puedan servir de embarcación para zarpar de las calles sin salida. Los relatos nos ayudan a ver cómo se vinculan acto y consecuencia, escribe Judith Butler, de qué manera los poemas desmontan los conceptos habituales que llevamos a nuestro mundo cotidiano, de qué manera las imágenes registran una realidad desde el nivel de los sentidos. Vivo en la isla desierta para reflexionar sobre los relatos. Por momentos me relaciono con cuerpos en pistas de baile, para que la reflexión sea también latidos y cimas, pero nunca sé exactamente qué saco en claro. Tal vez ese es el secreto de todo: por los sentidos captamos el sentido. La cercanía real nos acerca a la vida, por eso no podemos abandonarla. La vegetación me alcanza, y lo que vislumbro lejos, lo siento cerca. La búsqueda de relatos me acerca a la vida. La isla desierta es una entelequia. Las formas de imaginación las desarrollamos sintiendo las contradicciones de los demás, y las nuestras propias. La mejor manera de abordar esto siempre fue el humor. Reír, sobre todo de quienes hunden la isla desierta para sacarla a flote. Zarpar en mar abierto con nuevas formas de imaginación. Sentir a quienes sienten. Reír con quienes ríen.  

10 de enero de 2026

Después del apocalipsis VII

Quiero ser libre. Día diez del año. Tal vez todxs estamos al descampado finalmente. Intentamos darle un sentido a cada día, pero todo se va de las manos. Yo no estoy entendiendo nada de este presente sinuoso que nos tiene en alerta. 
Realmente el amor es algo sin leyes. Una nación autónoma que se conduce a su guisa. Se independiza de mí y avanza sin mi consentimiento. El amor es una nación independiente que parte hacia el horizonte dejándonos inermes. Jacques me dice que por ningún motivo va a volver a enamorarse de mí, se lo tiene prohibido a sí mismo, el riesgo es muy alto. Lisa, no voy a volver a pasar por lo mismo, ¿me entiendes? No lo voy a hacer. Y yo perdida en el mar porque vuelvo a amarlo con una fuerza que había olvidado. Una fuerza que me mantiene alerta. Si eso existe, entonces tenemos que darle la vuelta a este presente sinuoso donde asesinan a quemarropa a una mujer poeta intentando girar en una calle invernal de Minneapolis. 
Qué pasa si lo que uno quiso fue la paz y la serenidad. Qué pasa ahí. ¿No hay oportunidades? ¿No se puede sobrevivir? Si uno buscó la belleza y pudo hallarla, hasta que todo terminó. El país liderado por el hombre de la cabeza roja llega demasiado lejos. ¿Y nosotros? ¿Dónde llegamos? ¿Seguimos buscando el amor perdidos en una calle de Minneapolis? ¿Seguimos con una amenaza encima? La amenaza es el odio, y jamás el amor. Debiese decírselo a Jacques. Que lo reconsidere. Que no quiero ser un riesgo. Que tal vez no lo soy. Pero tal vez sí. Yo misma soy una nación independiente que navega en alta mar. Nunca sé hacia dónde se dirige realmente el barco. Sólo sé que lo más alto es la vida y sentir el amor. Bailamos muchas horas ayer. Disfrutamos como sabemos hacerlo. Tenemos años de práctica. El baile me eleva y su movimiento me aniquila. Prados, prados, vuelvo a ese lugar lleno de margaritas e insectos volando. Un cielo azul y nubes de tormenta a lo lejos. Thunderclouds, como la canción de Sia. El amor son nubes de tormenta porque te electrizan. Porque todas las brújulas se bifurcan. Pierden su eje y parten para cualquier lado impensado. Todo lo que siempre quise eras tú, canta Laura Pergolizzi, LP. Hay algo incorrecto del amor, es la autonomía absoluta. Voy a decirle a Jacques. Que no intente dirigirlo todo. Que se entregue al misterio. Pero no puedo jurar por el barco a la deriva. Brindemos por todo lo que he perdido en ti, canta LP. Hemos perdido, eso está claro. Nos hemos perdido en los prados. No sé si nos encontramos. Somos como mariposas que se acercan a la muerte. Como poetas de Minneapolis. Creemos en la paz y sin embargo tenemos miedo. Pero sólo se teme del odio, jamás del amor. Debiese decirle a Jacques. Pero soy una poeta perdida en Minneapolis conduciendo a la muerte. Exprimo el presente porque sé que los brazos de Jacques partirán. Porque yo siempre parto. Conduzco hacia la muerte. Hacia el fuego de la poesía que me da vida. Me dirijo a la literatura. No me importa nada, le dije a Jacques. Daría mi vida por estar contigo, le dije. Sentir el amor, hacia alguien, es lo más importante. Pero el barco a la deriva, dice Jacques. Pero y la distancia, dice. Da lo mismo, digo yo, pero a veces no sé bien qué quiero decir. Me pierdo en la poesía de la nación autónoma. Me pierdo en el prado de margaritas e insectos de la nación independiente. El amor y la poesía es la búsqueda constante. Quizá siempre elegir es lo más difícil. O aceptar a lo que se renuncia. El barco a la deriva nunca va hacia el odio, y siempre hacia el amor. Por las calles de Minneapolis, hacia la poesía y el amor.