14 de octubre de 2023

El tiempo aciago III

Cómo escribir sobre otra cosa en este tiempo aciago. ¿Vamos a quedarnos de brazos cruzados? Hay que detener esto. En este otoño de sangre y dolor. En este delirio colectivo. Ya habrá tiempo de causas y explicaciones. Prometimos protegernos. En todas las circunstancias. No queremos cada vez tener que pedir perdón, no sirve. El futuro de los niños es siempre hoy, como escribió Gabriela Mistral, mañana será tarde. Todo mérito se salva, escribió Mistral, la humanidad no está hecha de ciegos y ninguna injusticia persiste. Por qué esta locura colectiva. Yo hablo por muchos que no pueden hablar, y hablo porque es necesario que se añada a los códigos del delito, la xenofobia, escribió Mistral, que desaparezca del mundo, por fin, el crimen racial. Todos somos responsables.    

El tiempo aciago II

Cómo escribir sobre otra cosa en este tiempo aciago. ¿Por qué no estamos deteniendo esto? Todos somos responsables. Todas las vidas están en nosotros. Todas las muertes están en nosotros. Somos un espectáculo de muerte que no tiene límites. Qué es lo que sucede. Podemos decir. Actuar. Qué pasa con esta locura colectiva. Está en juego nuestro centro. Nuestro núcleo. Nuestro vórtice. Lo que nos define. Hacemos promesas. ¿Tan poco valen? En qué momento nos extraviamos. ¿Fue un extravío lento? ¿Nunca nos encontramos realmente? ¿Estábamos extraviados desde el principio? Todos somos responsables. Nuestros gestos cotidianos van edificando muros. Por qué ahora que necesitamos detener esto se desvanecen los muros que edificamos donde prometimos no traspasar ciertos límites. 

El tiempo aciago

Cómo escribir sobre otra cosa en este tiempo aciago. Quiero un espacio para ver crecer las cosas, canta Florence + The Machine. Pero, ¿he soñado demasiado en grande?, se pregunta, ¿tengo que dejar ir? Quiero ser paisaje y grito. Calma en las circunstancias que duelen. Nos desplazamos, nos desplazamos. Estamos atrapados. Sometidos. ¿Y qué pasa con la locura colectiva que nadie detiene esto? ¿Qué pasa? Todos somos responsables. Todos.

13 de octubre de 2023

En el lado de la vida III

Hay gente que quiere sobresalir, Jean, y nosotros sólo queremos un alto al fuego. Desde el lado de la vida lo pedimos. Un alto al fuego definitivo. En ninguna página sagrada hay algo que se parezca al privilegio y aún menos a la discriminación: dos cosas que rebajan y ofenden al hijo del hombre, escribió Gabriela Mistral. En esta noche de viento a la deriva se eleva el fuego. Hay que detenerlo. Detenerlo inmediatamente. Estamos atrapados en el fuego. Déjennos salir. Por nuestra vida. Sagrada. En las páginas sagradas dice que nuestras vidas deben ser amadas y protegidas. En nosotros están todos quienes están atrapados. Déjennos salir. Nuestra vida es sagrada. Más que esos textos equívocos. Distorsionados. Heridos. Rasgados. Desde el lado de la vida un alto al fuego. La noche es tristeza y ambición. Desde la herida se abre el fuego. Desde el lado de la vida se detiene. Todos quienes están atrapados están atrapados en nuestra alma. En nuestra inquietud. En nuestro lamento. Las páginas sagradas se unen al delirio colectivo. La vida sagrada se difumina. Detengan esto. Las páginas no decían eso. No hablaban de algo así. En cambio decían que la vida era sagrada. Lo decían. Un alto al fuego desde el lado de la vida. 

En el lado de la vida II

Hay gente que quiere sobresalir, Jean, y yo lo único que quiero es escribir. Fundirme con el paisaje. El mundo entero marcha extraviado, escribió Gabriela Mistral. El egoísmo, el afán de dominio, y la ignorancia son las causas, escribe Mistral. Los más, continúa, estamos a expensas de los menos, que son lo que dominan con una audacia y un sentido tan inhumanos, que asombra. El miedo, las armas, la violencia, escribe Gabriela, están convirtiendo al hombre en un verdadero títere, robándole despiadadamente lo más grande que posee: la libertad de pensar y actuar y el espíritu creador. Observamos el abismo y a veces faltan las palabras. Cómo decir. Cómo expresar. Las concepciones que teníamos de las cosas tambalean. Porque no cabe en nosotros el núcleo de la violencia. Porque es desconocida y muda. No la queremos en nuestro planeta. No aquí. No la queremos para nosotros. El lado de la vida. Ahí. Ahí queremos estar. Ni violencia ni venganzas violentas. El otoño de sangre. En las calles pulverizadas. Buscamos el lado de la vida. De la integridad de las personas. Un alto al fuego vacío y sordo. El dolor y la cólera ciega nos hace traspasar las promesas que nos hicimos entre todos. Dijimos: en mí están todas las personas. Qué pasó a continuación. Un túnel en tinieblas. Por qué están actuando en nuestro nombre. Si esos actos son la violencia muda. La cólera ciega. El fuego sordo. ¿Y las promesas? ¿Y el dolor? Un otoño de sangre y buscamos a tientas el lado de la vida. 

En el lado de la vida

Hay gente que quiere sobresalir, Jean, y yo lo que quiero es fundirme con el paisaje. Me falta, me falta, tengo que llegar todavía a lo más hondo, y todo podrá nacer. Tal vez habría que hablar de la muerte, pero yo quiero hablar de la vida. De la consistencia de la vida. De sus rincones asoleados. Quizá necesito hacer peso en la balanza hacia la vida. Tal vez resistir ahora sea negarse a la resignación y a la tristeza. Aunque sea difícil. El propio ser humano inventa cosas que luego lo van a matar. Cuánta más oscuridad hay que alcanzar para que nazca lo nuevo. Cuán abajo. Fijarse en lo oscuro es fácil. Lo difícil es ver la luz. La condena a la violencia no ha sido enérgica y unánime. Fallamos por momentos. Qué es lo que nos nubla la vista. El ser humano inventa, organiza, delimita, reza, y luego olvida toda su humanidad. Cree que es cosa. Que tiene que someter o ser sometido. Se pierde totalmente. Cree que enfrente tiene cosas. Cuando en cambio tiene seres humanos. Cuyos corazones laten. Cuyos pulmones respiran. Cuyos cerebros piensan. Cuyas piernas pueden llevarlo lejos. Cuyos brazos pueden abrazar. Pero entonces ve cosas que hay que destruir. Por delimitaciones y rezos. ¿Y compartir? ¿Y tolerar? ¿No es humano? ¿Es marciano? Por qué seres humanos como cosas. Por qué no la balanza en el lado de la vida. 

12 de octubre de 2023

Paz III

Deténganse. Detengan todo inmediatamente. Libérennos. Queremos vivir. No queremos rezar. No creo en la mano militar para cosa alguna, escribió Gabriela Mistral. Ni el escritor ni el artista, ni el sabio ni el estudiante, escribe Mistral, pueden cumplir su misión de ensanchar las fronteras del espíritu, si sobre ellos pesan las Fuerzas Armadas de un estado gendarme que pretende dirigirlos. Por qué llevárselo todo en nombre de cosas inexistentes. En nombre de ambiciones vacías. De territorios sin nombre. Historias infinitas y nombres violentos que hoy nos destruyen. Todas las personas están en nosotros. Deténganse. Ahora. Paz. Paz. Paz. Paz. Paz.

10 de octubre de 2023

Paz II

La violencia es algo muy fuerte. Queda adosada a los huesos. Las identidades nos ciegan en ocasiones. Las identidades, que además son aleatorias y móviles, nos confunde en relación a nuestra reacción a la violencia. Vemos identidades, como si fueran más importantes que nuestra común humanidad. Uniendo además a quienes dicen representarnos con quien nosotros somos, y no hemos pedido que nos representen de esa forma. Si van a representarnos así tal vez sea mejor hablar por nosotros mismos. La violencia no nos representa. Queremos paz. Queremos ser libres y no que nos utilicen para otros fines que no sean preservar nuestra misma vida y nuestra integridad. Cualquier otro fin es idiota, ambicioso y no nos interesa. Si se preserva nuestra vida con respeto podemos desplegar la identidad que elegimos. Qué es la identidad. ¿Un conjunto de ritos? ¿Un cierto territorio? Si la identidad va a matarnos prefiero renunciar a toda identidad, me la hayan impuesto o la haya elegido. Si en nombre de alguien que adoramos van a matarnos prefiero no rezarle a nadie. Hay una gran equivocación: lo que importa es la vida y la paz. Ni nuestras identidades ni nuestros dioses. Las identidades y los dioses debiesen importar sólo si son motivo de alegría. Si van a matar no sirven. Perdieron su objetivo. Tengo tres nacionalidades. Lo que me une a tres territorios. ¿Es esa mi identidad? Mi identidad es mucho más que eso. Tal vez no tiene que ver con ninguna de esas tres cosas. Tal vez eso ha sido un fardo y me ha impedido ser otras cosas. Tal vez cargo con ellas como un lastre horrible. Dentro de esos tres territorios hay cientos de identidades distintas. Cuál es la mía. ¿Soy todas? ¿Soy algo rígido? ¿Soy cientos de identidades y estoy perdida? Soy más que eso. Lo último que quiero, de eso estoy segura, es que en nombre de algunas de esas identidades, cualquier sea la mía dentro de esas cientos de identidades que cargo aplasten a alguna otra.  

Paz

La violencia se pega a la piel y no se va. Siempre. Queda. Gabriela Mistral escribió: No se trabaja y crea sino en la paz; es una verdad de Perogrullo, pero que se desvanece apenas la tierra pardea de uniformes e hiede a químicas infernales. 

Mistral escribió:
Hay palabras que, sofocadas, hablan más, precisamente por el sofoco y el exilio y la de “Paz” está saltando hasta de las gentes sordas o distraídas. Porque, al fin y al cabo, los cristianos extraviados de todas las ramas, desde la católica hasta la cuáquera, tienen que acordarse de pronto, como los desvariados, de que la palabra más insistente en los Evangelios es ella precisamente, este vocablo tachado en los periódicos, este vocablo metido en un rincón, este monosílabo que nos está vedado como si fuera una palabrota obscena. Es la palabra por excelencia y la que, repetida hace presencia en las Escrituras sacras como una obsesión.
Hay que seguir voceándola día a día, para que algo del encargo divino flote aunque sea como un pobre corcho sobre la paganía reinante.
Tengan ustedes coraje, amigos míos. El pacifismo no es la jalea dulzona que algunos creen; el coraje lo pone en nosotros una convicción impetuosa que no puede quedársenos estática. Digámosla cada día en donde estemos, por donde vayamos, hasta que tome cuerpo y cree una “militancia de paz” la cual llene el aire denso y sucio y vaya purificándolo.
Sigan ustedes nombrándola contra viento y marea, aunque se queden unos tres años sin amigos. El repudio es duro, la soledad suele producir algo así como el zumbido de oídos que se siente en bajando a las grutas ... o a las catacumbas. No importa, amigos: ¡hay que seguir!

La violencia se pega a la piel y no se va. Siempre. Paz. La palabra maldita, como dijo Gabriela Mistral. Paz. Paz. Paz. Con fuerza. Con esperanza, a pesar de todo. Paz. Paz. Paz.


9 de octubre de 2023

Trátame suavemente

No quiero soñar mil veces las mismas cosas, ni contemplarlas sabiamente, dice Soda Stereo. Quiero que me trates suavemente, cantan. Queremos que la historia nos trate suavemente. Que nos dé un espacio vital. Como una caricia. Como un rezo que nos une en verdadera comunión y no en ambiciones vacías. Tienes que comprender que no puse tus miedos donde están guardados, y que no podré quitártelos si al hacerlo me desgarras, canta Soda Stereo. Te comportas de acuerdo con lo que te dicta cada momento, y esta inconstancia no es algo heroico, es más bien algo enfermo, cantan. Alguien me ha dicho que la soledad se esconde tras tus ojos, cantan. Queremos que nos traten suavemente. Siempre. Queremos sólo suavidad y caricias. No más bestias. Nunca más ser las rehenes de la historia, ni los rehenes de la historia. Decir y actuar para que nos traten suavemente. Para que las leyes, los tribunales y la policía nos traten suavemente. Para que existir no sea sólo rezar. No más bestias, para que rezar sea una caricia y no un látigo. Para que rezar no sea derramar sangre. Para que los rezos estén lejos de las leyes, y en cambio ellas muy cerca de los derechos humanos. 

 

Por qué nos inclinamos ante bestias

Una y otra vez. Alabar. Seguir. Soportar. Sufrir. Siendo rehenes de la historia. ¿Tenemos miedo? Por qué no unirse y decir: no más bestias. No más bestias sangrientas. Queremos nuestro espacio. Queremos democracia. ¿Tenemos miedo de decir? ¿De actuar? No nos representan. Las bestias no nos representan. Ni las que lideran grupos, ni las que gobiernan países. Queremos nuestros espacios, y liberados de bestias que quieran representarnos. Nuestros serán los reinos. Queremos paz para nuestros pueblos. No queremos ser las rehenes de la historia. No queremos ser los rehenes de la historia. 

Las rehenes

Somos las rehenes de la historia. No queremos sus guerras, bestias sangrientas. Ni terroristas ni estatales. Espacio vital para todxs. Derechos humanos para todxs. Los mismos derechos humanos. Por qué nos inclinamos ante bestias. Nuestros serán los reinos. Queremos paz para nuestros pueblos. Democracia y respeto. 

8 de octubre de 2023

Gabrielle

¡Nuevo libro!

Gabrielle

https://www.academia.edu/107788732/Gabrielle

Lisa, Lisa II, Lisa III, Clarisse, Clarisse II, Clarisse III, Jade, Jade II, Jade III, Gabrielle. 



6 de octubre de 2023

No fue suficiente

Esta es la poesía, se me dijo. Es un templo oscuro. Pero necesario como el aire. Lo cotidiano te aplastará. Pero tendrás la poesía. La rutina exhibirá los demonios más sombríos. Pero habrá la poesía. Para hacerlos partir. Cuando te ataquen será tu arma. Úsala para todas las venganzas necesarias. Te hará falta. Viniste al mundo mujer y poeta. Un linaje marcado por años de soledad. Por maldiciones ancestrales. Por diluvios planetarios. Usa a la poesía. Te pertenece. Ante quien rompa la protección usa la poesía. Sus caminos son delicados y no violentos. Son suaves. Son punzantes. Soy nada más que menos de lo que podría ser, dice Soda Stereo. Gabriela Mistral me cobija: Trepé las peñas con el venado, y busqué flores de demencia, las que rojean y parecen que de rojez vivan y mueran. Me fui ganando la montaña, ahora negra como Medea, sin tajada de resplandores, como una gruta vaga y cierta. La poesía es como un bosque, Loup. Desde su seno se puede acechar al predador sin ser visto. En ella se pueden preparar las estrategias ciertas. En una cabaña en su vientre. Hacerse uno con los árboles atentos. Ella permite refugiarse en su profundidad. Para decir desde el ángulo correcto. Hacia donde están los depredadores. No se trata aquí de subsistencia. Es la caza sin motivo. Toma la poesía y desentraña su poder oculto, intuiste. La fuerza estará en la espesura del bosque. En el desarrollo de la historia con sus detalles. Toma la poesía y aliméntala de tu seno, se me dijo. Haz parir la maldición del silencio convertida en lenguaje y acción. Convertirlo en lenguaje y acción, como dijo Audre Lorde. Haz que nazcan los versos del desorden. Que reconfiguren lo que se ve y lo que puede decirse, como propone Rancière. Se me entregó la poesía y se me dijo: la poesía es igualdad. La poesía es política. La política se basa en el hecho de la pluralidad de los seres humanos, como dice Arendt, la política trata del estar juntos y los unos con los otros, de los diversos. Los seres humanos, continúa, se organizan políticamente según determinadas comunidades esenciales en un caos absoluto, o a partir de un caos absoluto de las diferencias. La poesía es caos y gloria. Revolución pacífica y justicia. 

Voy preparándome

Nací y se me quiso poeta. Estas son las palabras, se me dijo. Se me dio una voz. Una voz vegetal, como dice Soda Stereo. Un amor vegetal. Lleno de bosques. Se me entregó el ancho mar todo entero y todos sus versos como olas. En el prado se me dijo: serás poeta. Percibirás la belleza de la flor de oro. La belleza de tus hermanos. De los cóndores y las grandes aves. Gabriela Mistral me cobija: Esta noche que está llena de ti, solo a ti entregada, aunque estés sin tiempo tómala, siéntela, óyela, alcánzala. Del día que acaba queda nada más que espera y ansia. Algo viene de muy lejos, algo acude, algo adelanta; sin forma ni rumor viene pero de llegar no acaba. ¿Y aunque viene así de recta por qué camina y no alcanza? La poesía es como un castillo, Loup. Con pasadizos secretos y alcobas. Nací en el castillo y se me enseñó el precipicio y el paraíso escondido. Savia sabia por mi cuerpo, como canta Cerati. Ya no puedo volver. Pero el castillo quemándome. Voy preparándome. Esta es la poesía, se me dijo. Fue un acto solemne. Lo más solemne que hay. Tú también serás poeta. Tú también vas a vivir en el castillo. Se me entregó con cuidado los pergaminos. Con cariño e inclinación. Devoción. Veneración. Reverencia. Ceremonia. Estos son los poetas, se me dijo. Esto es lo que dijeron. Lo que quisieron decir a costa de morir un poco cada día. A costa de incendiarse en el infierno de la incertidumbre y las tinieblas. Estarás en las tinieblas. Es lo que te corresponde. Serás poeta y tuyo será el castillo. 

Amor vegetal

La mayoría de la vida es así, en la penumbra, en el dolor, Loup. Cargando la poesía que está dentro. Como un pesado fardo. Que es necesario dejar salir. Soy canto rebelde que no teme a la penumbra. Soy canto indeleble que se reverencia humilde. Ya no puedo volver, como dice Soda Stereo. Gabriela Mistral me cobija: Si yo te odiara, mi odio te daría en las palabras, rotundo y seguro; pero te amo y mi amor no se confía a este hablar de los hombres, tan oscuro. Tú lo quisieras vuelto un alarido, y viene de tan hondo que ha deshecho su quemante raudal, desfallecido, antes de la garganta, antes del pecho. La poesía es como un reino, Loup. Vengo del reino de la poesía. Nací y era un poema. Un poema en el gran valle. Se me entregó la poesía como el regalo más importante. En cuanto llegué a este mundo. Se me entregó. Nací en el asombro. De la belleza. De los versos que me acompañaban. Que no me dejaban rendirme. Que parecían un juego. Algo evidente. Todo tenía múltiples significados. Se me entregó la vida y el reflejo. En el prado se me entregaron las estrofas hambrientas. Me reverencié ante el milagro. Prometí seguirle los pasos. Prometí que Gabriela era un espejo. Quería verme. Quería verme. Quería tanto verme. Quería que sus palabras se hicieran carne en mi espíritu. Nací y se me entregó el grito. Vengo de la tierra del grito. Ahora lo sé. Ahora lo sé. Quería verme. Ella me dio la vista. Me dio el compás infatigable. Me dio las estrofas que me enseñaron a volar en el aire. Nunca renegaré de mi tierra. Ahora lo sé. En sus grandes praderas están los gritos escondidos. En sus estrofas de sangre y caricias. Ya no puedo volver. Ya no puedo volver. Gabriela me cobija y de la penumbra nacerá el sentido más profundo del caos. Hacer de la vida una sola y larga poesía de amor y muerte. Un poema de amor que cure toda herida. 

Planta

Recorro tus palabras como un café en el sol otoñal. Algo íntimo y que me libera. Me resisto a empujarte a otro juego de azar, como dice Soda Stereo. Necesito invitarte a otro juego de azar. De nuevo estamos lejos, Loup. Gabriela Mistral me cobija: ¡Oh no! ¡Volverlo a ver, no importa dónde, en remansos de cielo o en vórtice hervidor, bajo una luna plácida o en un cárdeno horror! ¡Y ser con él todas las primaveras y los inviernos, en un angustiado nudo, en torno a su cuello ensangrentado! La poesía es como una casa, Loup. Como lo que tú eres para mí. Una casa en las nubes. El sol me alcanza por la ventana. Somos una sola cosa. No puedo vivir sin él. No puedo vivir sin música. Necesito los juegos de azar. Soy una flor a la deriva. Con un timón anhelante. Vivo gracias a la música, al café y a la poesía. Bajo el sol. Que abrasa. En tu cuello tal vez estén las respuestas. Las que pierdo y vuelvo a encontrar. Tus palabras están adheridas a mi nombre. Las hojas caen y comienzan a acumularse en las calles. Por donde camino buscándote. Los colores se transforman lentamente. Ahora recorro las heridas, como dice Cerati. Recorro las avenidas y voy cantando. Voy por las nubes. Tus palabras son sentido.