13 de diciembre de 2019

Preámbulo a las Instrucciones para amar


Leer novelas
A veces es como en las novelas
A veces, a veces
No
No es verdad
De cuáles novelas estamos hablando

Escuchar música
A veces es como un disco de heavy metal
Lo pones en la radio, lo escuchas
Así va a ser

Pero qué hacer
Algo hay: no tienes que pedirle permiso a nadie
Puedes hacerlo a escondidas
Bellas fantasías que nadie podrá arrebatarte

Vamos a lo serio
Hay un lado tan, pero tan real
Un lado
Un lugar
¿Ahí te quieres situar?

Alto
Para qué precipitarse
A ver
Alquilar un piso
Aperitivos
Conversación
Ya no hay miedo
No es verdad
Se instala lo siguiente:
El miedo a perder
Perder algo
Que se tiene
Algo que se posee
No es verdad
Una entelequia creada por algún infame
No es posible poseer
Entonces qué
Dos puntos
Amar es volverse frágil
Es aprender a disfrutar
Mientras el azar esté de tu lado
Mientras la suerte sea tu mejor aliada
Y luego rezar
No es verdad
Rezar no servirá
Más vale disfrutar
Y
Una cosa
Amar a la incertidumbre
¿No encuentras a nadie?
No importa
Que se vayan todos al infierno
No se han dado cuenta de tus atributos

11 de diciembre de 2019

El fin de la ceremonia


Quería ver una película de Claude Chabrol y tomé por azar La cérémonie en la médiathèque sin saber de qué iba. Gratis o por una suma ínfima al año es posible tomar prestada cualquier película, están todas, todas esas de cine arte que no había encontrado nunca en ningún lado, pues ahí están, en las mediatecas públicas, disponibles para mi felicidad y expectación. Creo que este año he visto 365. Y la música, todos los discos disponibles para mí, anoto en el buscador con alegría y voy a buscar el disco a la mediateca correspondiente. Luego esa música está en mis oídos cuando camino por las calles, haciendo del momento algo mágico, una aventura constante, una película propia. Los libros no. También están disponibles, pero esos los pago, nuevos o de ocasión, porque necesito subrayarlos, tenerlos, observarlos, leerlos con calma, repasar, volar, transformarme, transportarme. Los tengo frente a mí todo el tiempo. Los miro con tanta emoción. Tesoros, tesoros. Esas frases maravillosas que se exhiben, para quien quiera leerlas. La protagonista de La ceremonia es analfabeta. Dispara a los libros. Quiere eliminar todo lo que pilla. Quién es Sophie. La mujer que trabaja como empleada doméstica en una casa burguesa cerca de Saint-Malo. Amiga de Jeanne, la cartera. No esperaba encontrarme con una alegoría de la crisis actual de Chile. Un estallido que pone fin al desprecio. Viendo en la película a Sophie que sirve la comida a la familia en el comedor familiar, recuerdo cuánto rechazo me causa el hecho que alguien me sirva en una casa, si no está sentado a la mesa conmigo. Cuán distinto es el sabor de la comida cuando lo preparamos y lo servimos para nosotros mismos. Cuando los integrantes de una casa se organizan para limpiar y lavar la ropa. Si te vas de Chile la idea de que alguien duerma en tu casa o esté en tu cocina porque le pagas parece algo del siglo pasado. La venganza de Sophie y Jeanne contra quienes les dan las órdenes tiene la misma sustancia de la furia de la primera línea. Es como si Claude Chabrol se hubiese paseado por esas calles sin saberlo. Pero no es eso. Simplemente el fenómeno es el mismo. Mientras haya que pagar en todos lados por los libros, las películas y la música, y mientras haya personas que sirven a otras que celebran o sólo ven pasar la vida, mientras haya personas que sirven a otras en las fiestas en vez de estar con sus propias familias, las bibliotecas y los cuerpos van a seguir explotando. Lo malo es que Sophie y Jeanne son las que se quedan sin ojos en la historia de Chile. Los otros siguen comiendo tranquilos, tocando la campana para llamar a quien debe traer la comida. Hasta cuándo. Ser como de la familia, sin ser de la familia. En las familias todas las personas son iguales. Que muera ese Chile lleno de ceremonias. Lleno de Claires, de Solanges, de Sophies, de Jeannes, de Christines, de Léas, tan lleno de madames, por dios, qué cuesta poner a lavar la ropa, aquí todo el mundo lo hace, y sino pagan lo que cuesta. Y la relación es otra. Abramos las bibliotecas y revolvamos la cacerola. Ese país perdido entre el mar y la montaña tiene un futuro aciago de otra manera. Gracias a que nací en él puedo ver la diferencia. No me quejo. Sólo espero no encontrarme con alegorías y signos en cada rincón. La desigualdad es sofocante. Cómo todavía respira ese pedazo de tierra. Quizá esa es la pregunta base. Pero vayamos inmediatamente a las respuestas. Esas son fáciles. Otra cosa es esquivarlas. Por la razón que sea. Porque es rico que te sirvan a la mesa. Porque a veces llevar la bolsa de basura hace que las manos se ensucien. Porque el polvo da alergia. Chile me hace pensar en los castillos de la Loire. Algo muy señorial, lleno de ceremonias. El problema es que esos castillos ahora son museos. Será acaso la ocasión de descolgar esos cuadros y ponerlos en el museo. Dejar los vestidos de Catherine de Médicis y de Diane de Poitiers y abotonarnos la chaqueta solos. Una sola puerta de entrada y una sola puerta de salida. Un mismo bus para todos. Que para castillos ya tuvimos suficiente. Además los reyes eran personas educadas, habían leído mucho. Quizá se merecían el servicio a la mesa. Hoy nuestros gobernantes y políticos no están en ese grupo, pero quizá lo peor sea que piensen que nadie fue al colegio. Que nos traten como analfabetos. Que nos cierren las bibliotecas y luego nos disparen y luego digan que ellos no fueron, o peor aún, que fuimos nosotros mismos. Los que destruimos el castillo. Esa majestuosa estructura junto al río. Parece un oasis en medio del bosque. Abramos los museos y digamos adiós a los castillos. Lleguemos al final de la ceremonia. El 2020 acecha y los ojos están encima. El planeta escribiendo. Cambiemos de una vez ese bello país de mestizos sublimes. Que para reyes ya tuvimos suficiente. A revolver la cacerola para cambiar la ceremonia. Hay que salir a buscar los libros que nos esperan. Vivan las manos. Todas íbamos a ser reinas. No me des de a pedazos, migas para recoger. Uno se entrega entero cuando se ha de querer. Viva Rosalía, viva Efigenia, viva Lucila y viva Soledad. Todas vamos a ser reinas. De mil reinos sobre el mar.

5 de diciembre de 2019

El futuro es nuestro




El futuro y el amor


He recibido tantos saludos cariñosos de cumpleaños este año que me siento en deuda. No es casualidad. Es el contexto el que incita a la expresión. Estábamos desnudos y nos prestaron vestimentas. Por las avenidas invernales parecía haber un hielo que petrificaba nuestro ánimo, impidiendo el desborde. Y caminando hoy por el borde del río veía todo inundado, barro sobre los adoquines, el agua en el límite. La más grande resistencia es el amor. La más grande resistencia es la unidad. Han querido dividirnos, montarnos en pie de guerra, pero yo veo ilusión, pero yo veo generosidad. Las personas han salido a la calle. No es el miedo, es la esperanza. Es la emoción del hielo que se quiebra. Caminando hoy en un frío glacial por una Francia paralizada por la huelga, veo los gendarmes, inmóviles, en el puente, y lloro. No es la pena, es la emoción. En la mañana muy temprano, acudo a mi examen de francés para la naturalización junto a otros inmigrantes como yo y nos guían por las escaleras, y lloro, de pena, porque hay distancias, porque hay reglas, porque ellos y yo elegimos estar lejos de casa y eso no debería determinar nuestro trato, nuestros requisitos, pero no me dejo engañar, en nuestro ánimo hay ilusión, porque intentar es lo que cuenta. Pararse en la primera línea y cerrar los ojos hasta recibir un perdigón, que nos desangra, pero nos hace más valientes, porque la represión y las fronteras son entidades mezquinas que no están a la altura de la resistencia, porque lo iniciado se lleva a cabo. Así son las cosas. Y en el momento que los cañones dispararon, el hielo cerró la disposición a decir, pero un día, un día, esa disposición se desbordó, y el borde del río cubierto de agua, y el borde del río brotando. Y esa escalera la subimos con orgullo, de buscar un futuro mejor, de perseguir los sueños y vivir, y romper ese hielo, ese ruin hielo que nos tenía aprisionados, pero todo lo que se petrifica en el invierno luego se entibia, y se hace calor, y se hace palabras, y se hace amor. No hay guerras, hay manifestaciones pacíficas y alegría, no hay extranjeros, todos somos inmigrantes y amantes. Las palabras importan, y nosotros las hemos tomado con fuerza, para ordenarlas de otra manera. Y caminando por las calles glaciales hemos dicho: existimos. Aquí estamos. Nos habían olvidado. Pero aquí estamos. Quizá pensaron que el silencio era calma. Pero era frío aparente. La ilusión estaba intacta. Aunque la habíamos olvidado. Nunca se olvida la poesía que nos constituye. Sólo se confunde a veces con otros fenómenos. Que consumimos mucho, que estamos alienados, todo era mentira. La poesía estaba intacta. Y ya está en las calles. Los últimos serán quizá los primeros porque por ningún motivo vamos a borrar los colores que descubrimos. Si tienen miedo los poderosos, cantemos mucho más alto, caminemos por la ciudad glacial y volvámosla fiesta, porque para eso nació. En mi ciudad murió un día el sol de primavera, y hoy las calles glaciales nos vienen a buscar, para romper ese hielo infausto, que ya derretido, nos hace cantar que el estado represor es un macho violador y que jamás seremos vencidos si estamos entrelazados. No hay guerra, hay más amor que nunca y yo lo sentí hoy, lo vengo sintiendo todos estos últimos días, y que escuchen bien quienes no se han dado cuenta: existimos, entre tanta ambición, existimos, y el planeta nos pertenece, y vamos a cuidarlo, y vamos a cuidarnos, y vamos a querer a este planeta sublime con todo lo que nos entrega, pero sin ambición, y no vamos a matar a ecologistas, y ya no será ni siquiera necesario resistir, porque nos espera un futuro mejor y una conciencia, y todos los días serán nuestro cumpleaños. Amor, amor y amor. Basta de políticos profesionales decidiendo sandeces. El futuro es nuestro.