27 de febrero de 2019

La mediocridad adora la regla


« La médiocrité chérit la Règle ; moi je la hais. Je me sens contre elle et contre toute restriction, corporation, caste, hiérarchie, niveau, troupeau, une exécration qui m’emplit l’âme, et c’est par ce côté-là peut-être que je comprends le martyre ».

Gustave Flaubert

“La mediocridad adora la regla; yo la odio. Contra ella, y contra toda restricción, corporación, casta, jerarquía, nivel, rebaño, siento en mí una execración que me llena el alma, y quizá es por ese lado por donde comprendo el martirio”.

Gustave Flaubert

22 de febrero de 2019

A la intemperie


"Los poetas, los pobres poetas chilenos de entre treinta y cincuentaicinco años, hoy inclinan la cabeza y no saben qué ha pasado, por qué de repente se ha puesto a llover, qué hacen ellos ahí, parados en el campo, con la mente en blanco y sin saber hacia dónde echar a correr. Y eso, que en cualquier otra parte podría ser una pesadilla, en Chile es bueno. El estatus literario adquirido por medio de transas y triquiñuelas voló hecho añicos. La respetabilidad de la poesía se redujo a un puñado de polvo. Ahora los poetas chilenos viven una vez más en la intemperie. Y pueden volver a leer poesía. E incluso pueden leer o releer a algunos poetas chilenos. Y pueden darse cuenta de que lo que escribían no era malo. Y en algunos no sólo no era malo sino que incluso resulta bueno. Y pueden volver a escribir poesía".

Roberto Bolaño

8 de enero de 2019

Océane R hacia lo humano ilimitado


El año nuevo implica necesariamente cambiar. No se da espontáneamente. Pero si miramos atentos hay aspectos a reacomodar.

No es necesario tomar varios meses, luego vendrá el año siguiente. La disposición será extemporánea con respecto a los tiempos. Quedamos atrapados entre cambios, se entraban, tropezamos, brazos atados.

Ahí de frente está la línea, de doce meses. Parece que cada uno fuera minúsculo. Pero son doce. Tan sólo una medida de tiempo. Pero vamos al fondo. ¿De qué se trata un año?

Un conjunto de espacios que se esfuman si no reacomodamos. Una porción de la existencia saturada de indicios. Que podemos identificar o no.

O nada. O no ver nada. Despegamos de la angustia. Logramos respirar. Aterrizar en el presente. Al diablo con los doce meses. Se trata de ir campeando las olas. Que llegan inesperadamente.

Proponer un personaje. Que se parezca a lo que uno ha soñado de sí mismo. Una manera de comenzar. No hay comienzos. No hay fines determinados. Todo se mezcla. Como una tómbola. Mejor salir a caminar por la orilla del mar e ir dejando atrás todos esos números y frases que atacan. Por favor, déjenme continuar.

Hagamos como que el año empieza. Como que algo empieza. Algo claro. Determinado. Nítido como la línea del horizonte sin nubes. Se distingue el mar del cielo.

Dejemos los miedos de lado. Abordemos los desafíos como algo de todos los días. Finalmente, el año tiene efectivamente una cantidad de días que tendrán que necesariamente pasar. No pensemos en esa capacidad elástica del tiempo. En la capacidad voladora de las horas. Esa maldita capacidad, que evade todo esfuerzo por agrupar las ideas y darles profundidad, espesura, relieve.

 Maldito año. Otro más. Y el anterior fue un abrir y cerrar los ojos. Pero cómo hubo espacio dentro de él para tanto alboroto. Para tal batahola. Para tal silencio. Para horas de vacío e insinuaciones de movimiento. Para más claves respecto a existir. Yo no he pedido nada. Creo. O recuerdo haber pensado en el mar. O recuerdo haber pensado en la evaporación. O recuerdo haber amado la vida.

Otro año. Maldito tiempo veloz sin contemplaciones. ¿Y si caminamos hacia el mar y nos ahogamos un rato? Quizá emerjamos morados y con una visión distinta. Veo el movimiento. Las olas van y vienen. Los pájaros se desplazan. ¿Hay tal movimiento? ¿O no hemos reacomodado ninguna maldita vértebra? Ningún maldito músculo. Articulación. Me sacudiría la quietud. Me haría nube, de esas rosadas del atardecer, pero quizá sería aburrido dejar de lado todo control.

Hay algo artificial en el año nuevo. Me siento igual. Los olores del recorrido siguen viniendo a mí. No hay manera de escapar. Proponerse qué. ¿Un personaje? Qué absurdo. La música sigue siendo la misma. Yo sólo quería cambiar una parte de mi alma.

¿Quiénes somos? ¿Hacer la pregunta, ahora, cambia algo? Lo que yo quiero es ir cerrando etapas. Pero no erosionar mi alma entera. Invitar a los fragmentos a independizarse. Pero que haya una sinfonía general. Una cierta sintonía. Que sirva para algo. Que salga disparada en una dirección. Aunque sea lentamente. Aunque cada momento brille. Aunque las vicuñas sigan perdiéndose en la montaña. Aunque la cordillera tenga una nieve que es eterna. Aunque la belleza se revele de a pedacitos y se me clave de manera inesperada.

Sólo pido coherencia. Ahí debajo de todo. Personajes que se encuentren, que se den la mano. Sólo pido no pensar en los años que quedan. Sólo pido que la cotidianeidad me permita volar y no estar adosada al suelo.

Tomar un té. Como si no fuéramos humanos. Pero agradeciendo cada duda. Cada lágrima. Pero agradeciendo todos esos momentos de playa. Todos esos momentos de poesía. Agradecer cuando vemos ese amor que está alojado suavemente en un rincón de cada una de nuestras venas. Esas venas abiertas que succionan lo inmaterial que no podemos comprar. Que no podemos improvisar. Que vislumbramos al reacomodar.

Para este nuevo año, como siempre, agradezco cada pequeño triunfo del amor, cada pequeño triunfo de la poesía. Cada palabra, cada abrazo. La vida debe ser eso. Y la vida es una colección de años. Este puede ser el definitivo. Este puede ser el que me abra a la verdadera vida. Que no es otra cosa que todo lo nuevo que llega. Y la valentía y benevolencia de saber o reconocer, que la vida no tiene sentido, como dijo Parra.

Que no hay dirección posible. Que estamos a la deriva. Y que los años insisten en empujarse uno tras otro. Y que acaba de empezar otro y que ya no puedo distinguir las particularidades de cada uno. Ni línea ni nada. Secuencias simples solamente. Que van para acá y para allá. Más cansancio. Y una promesa de saber que no vamos hacia ningún lado. Y las secuencias se suceden y se entrecruzan. Lo que podemos es escoger algunas de sus repeticiones e inexistencias. Si tenemos suerte. Y articular un mundo que pueda liberarse. Que se pueda reacomodar. Que todos puedan reacomodar.