21 de abril de 2017

Traduction littéraire/ Literary Translation/ Traducción literaria

Français : Traduction des ouvrages et textes littéraires (prose ou vers), du français ou de l’anglais vers l'espagnol.
English: Translation of literary works (prose or verse), from French or English to Spanish.
Español: Traducción de obras literarias (prosa o verso), del francés o inglés al español.


Desbocados y confundidos

Cuando entienda todo lo que leo y escucho en francés, me gustaría irme a otro lado por un momento, a Alemania, o a China. Lo importante es no entender nada, y estar incómodo. La experiencia es maravillosa, y está llena de vértigo. El cerebro como una locomotora. El corazón desbocado. La pluma fulminante. Violencia en el ritmo e ímpetu en la creatividad.

Lo fácil y monocromo tiene algo de exasperante. Las pirámides y los templos tienen algo de atractivo. Lo imposible tiene detalles de una potencia colosal. Cada ladrillo convertido en polvo. Cada ladrillo entrelazado secretamente. No en vano trabajaron los mayas. O sus esclavos. No en vano afanan las abejas. Las celdas del panal están llenas de miel. Si el invierno no las mata. Si tienen suficiente miel para sobrevivir.

No en vano anhelamos para sobrevivir. Cada minuto poblado de razones. Levantarse y tres frases que te quitan el habla. Que paralizan, vislumbran. Media hora de recuperarse. Observar el jardín frondoso por el verano que se acerca. Una taza de café con una calavera estampada. Un zumo de naranja, con plátano. Otras frases. Cuentos. Historias.

No en vano creamos historias para sobrevivir. Siempre ahogados. Necesitamos decir algo. Así funciona. Si un país está asfixiado, por represión y conservadurismo, hay que decir algo. Tienen que decir algo. Están ahogados. Respirar. Decir. Escribir.

El sol entra por la ventana, yo en un rincón de la habitación para alcanzarlo. En un rincón entre los libros. Respirando. Desahogada. Lejos. Sonrío. No siempre. A veces. La taza vacía. Más café. Más frases. La estratósfera es mía. Las elecciones se acercan. En todos lados. Yo estoy lejos. De todo. Y compongo cada ladrillo. Que es estar más cerca que nadie.

Los pequeños trozos de una flor diente de león vuelan por el cielo. Los veo pasar por la ventana. Pissenlit etérea, silenciosa. Los mayas de hoy en sus chozas. Sus casas de adobe, de troncos de árboles, de hojas de palma. El cubículo de cemento a un lado. Vacío. Para qué usarlo. La casa vacía que no es casa. No es necesaria. La choza habitada que es casa. Suficiente. Por qué las instrucciones. Todos los libros mayas quemados por un fraile. Cien mil. Quedan tres. Algo. Nada.

Cuando no entiendes hay dos opciones. O quemas o aprendes. O insultas o pones atención. Cuando crees que entiendes hay dos opciones. O no es verdad o tienes miedo. Cuando tienes miedo hay dos opciones. O no entiendes o no quieres entender. Cuando te olvidas de ti mismo y escuchas hay dos opciones. O aprendes o entiendes.

Los mayas escribieron y luego todo quedó reducido a cenizas. Hoy todos están escribiendo, y tanto, muchísimo queda reducido a cenizas. A nadie le importa tu dios. A nadie le importan tus creencias. Practícalas, pero déjanos tranquilos. A nadie le importa tu cruzada. Mejor es el silencio. Todo habla en el silencio. No son necesarias las palabras.

Los mayas en sus chozas. Nosotros perdidos en China. No hay que tener miedo. No de eso. ¿De qué? Hay que tener miedo de que lo dicho no tenga valor, pero esté protegido. De que los círculos sean cerrados y se autoabastezcan. De que el miedo cierre esos círculos y terminen por volverse insignificantes, repetitivos, insustanciales. Lo mezquino se ahuyenta escuchando. Las mentiras se conjuran saliendo. Los necios a veces tienen poder. Los necios a veces están llenos de miedo.

Los necios creen entender, pero sin escuchar. Los necios adoran los certificados y los buenos sueldos. ¿Dónde están las frases? No dicen nada. No significan nada. Pero hay que vivir. Pero que alguien se acuerde de mí. Lo lamento, nadie se acuerda de ti. Los libros mayas sí fueron consignados en la historia. Los libros mayas sí interesan. Ellos miraron al cielo. Y siguieron adelante porque no lo entendían. Hasta que un día lo entendieron. Quemados o no, la comprensión misma es lo importante. La comprensión en sí. Exponerse. Observar. Escuchar. Decir.

No a la velocidad del guepardo. Los astros se mueven de manera casi imperceptible. No tenga miedo. Aburrirse es provechoso. No entender es el milagro. No podemos tocar el piano en dos meses. No podemos enterarnos a ciencia cierta leyendo titulares con la rapidez del rayo. Aprender chino nos tomará al menos diez años. O quince. No hay tiempo perdido. Sólo quemando se pierde. Sólo quemando perdemos. Sólo escuchando, lo inicialmente ininteligible, comprendemos. Sólo cuando entendamos que a nadie le importa nuestra cruzada, podremos atravesar el río.

El fanatismo, en todas sus variantes, tiene un punto ciego. Ahí están los problemas. Tiene muchos puntos ciegos. Ahí está el problema. Ahí. ¿No lo ves? A nadie le importa tu cruzada. Deja de invadir y todo saldrá como lo planeamos. Déjame incorporarme y todo saldrá como lo planeamos. ¿Cómo lo planeamos? No importa, escucha. El silencio es el mejor aliado. Ahí podremos oír todas las voces. Incluso las nuestras. Sin miedo al ruido. Sin miedo a lo oscuro, a lo indescifrable.

Sin desdeñar la confusión. Sin sonrisas falsas. Sin fotos trucadas. Sin efectos especiales. Sin titulares efímeros a la velocidad del rayo. Entendiendo algo de lo que leemos. Porque leemos. Porque estamos desbocados. Porque estamos confundidos, pero no temblamos. Porque los mayas y los chinos nos están esperando a la vuelta de la esquina, con grandes sorpresas. También la calavera, pero esta vez no estampada en una taza. Después de eso, ni idea. Qué importa.

Pensemos, como algunos mayas, que nuestra ánima-corazón está ligada a un animal que nos sobrevive, pero que nos abandona durante el sueño, o cuando tenemos miedo. Pensemos en ese corazón sagrado que nos sobrevive, ahí donde están las emociones, el entendimiento, la memoria, la afección, el lenguaje. Ahí donde está el destino individual. Quienes somos y qué pensamos. Lo que se va al inframundo. Lo sagrado, que está en el interior de la tierra, donde surge la vida, y no en el cielo, donde querrán enviarnos. Si nos comportamos de manera decente. Prefiero irme al centro de la tierra. Y resurgir como un tigre. Prefiero explorar, y olvidarme de lo que vendrá después. Prefiero que el miedo, tenaz, no me desprenda de la vida.


20 de abril de 2017

¿De qué se trata todo esto?

Todo esto se trata sobre quemarse las pestañas sin esperar el reconocimiento de nadie, sino simplemente cuestionando la disciplina misma, sin traicionarse.

El mundo tiene un ritmo extraño, confuso. Muy rápido y superficial, o extremadamente lento e imperceptible. Dependiendo del lugar, dependiendo de nuestra propia disposición. La naturaleza y los libros suelen ser lentos. El mundo virtual y los viajes acostumbran a ser rápidos. La vida en una cierta cultura puede ser supersónica, y en otra sentarse a mirar pasar los días puede ser lo más normal del mundo.

Eso es lo que hay que mirar con distancia. Tanta, como para que la primera mirada nos deje en el abismo, y no en la sensación tranquilizadora de haber comprendido, algo. La segunda mirada, incluso de reojo, es un brazo que nos empuja risco abajo. La tercera ya estamos derechamente en el suelo. Mientras realizamos la cuarta recorremos de Júpiter a Saturno. Muchos kilómetros. En la quinta estamos finalmente instalados en la total intemperie. Nada era como parecía.

Sólo queda aferrarse al proyecto empezado y, en un plazo razonable, acabar con él y pasar a otra cosa. Totalmente distinta. Para que los desafíos, que insuflan vida, nos dejen seguir respirando. Para que las pestañas tengan el tiempo necesario de volver a crecer. Para que la celeridad de una cultura como la nuestra nos autorice, sin embargo, a ver las razones de otras culturas para desplazarse a la velocidad de un caracol. El viaje no es el mismo. Los desafíos cambian.

Quizá si podemos movernos a distintos ritmos. Entre ritmos hay insinuaciones. La existencia, como una planicie, adquiere relieves. Luego, sobre los relieves, podemos observar la multiplicidad de voces, de caminos, de respuestas. Lo que viene después no lo sé. Morir, supongo, pero todavía queda tiempo para cuestionar la disciplina misma, sin traicionarse. Para escrutarla con ese ánimo ingenuo de un niño. Y como dije, después pasar a otra cosa, para seguir respirando. No por nada nuestra velocidad es la del guepardo. Pero los guepardos a veces también se detienen. Convengamos en que los desafíos están bien, dentro de un plazo razonable. Los distintos ritmos, como dijimos. Los distintos desafíos. Quedándose y pasándose, nunca al medio de la raya. Nunca. Bendita la paciencia, y bendita la multiplicidad. Bendita la celeridad y bendita la planicie.