2 de marzo de 2016

En Antofagasta I. Supervisando los Centros Privativos de Libertad (Cárceles) de Adolescentes.

(Textos para la iluminación, 2010)

En Antofagasta I.
Supervisando los Centros Privativos de Libertad (Cárceles) de Adolescentes.


Me voy en el avión con los mineros. Voy sentada al lado de uno fornido que me pega codazos constantemente porque no cabe en los pequeños asientos del avión. Llego a destino y recorro la tierra yerma, árida. Infinita y extensa a ambos lados. La siento como yo misma, pienso que podría ser ella. Creo que me entiende. Está tan seca, nada crece. Es como la muerte, el vacío. Luego aparece el mar, para dar un poco de movimiento a este paisaje. También infinito, y en cierta forma también árido como yo, salino. Carpas de circo. Industria, metal, corrosión. Mucho óxido. Oscurece, camino por las veredas rotas, las murallas rayadas. No encuentro donde poder tomarme un té, compartirlo conmigo misma, algún lugar cálido que me acoja en silencio. Mediodía en la arena, el maravilloso sonido del mar. Un perro se mete al agua mansa. Se sacude y se lame los bigotes salados. A lo lejos veo el puerto y sus grandes maquinarias. Temprano en la mañana tomo un taxi que llega atrasado a buscarme y luego no sabe cómo llegar adonde voy. Se enoja cuando me bajo porque la tarifa me parece cara. -Como si yo fuera culpable del atasco- me dice. Al día siguiente descubro que el trayecto entre un lugar y el otro no es más que cinco cuadras. En el desayuno no quedan mesas. En todo el hotel sólo atiende una señora, cuando miro desde la puerta de la cocina está sacándole el hueso a la palta, -no alcanzaré a tomar desayuno- pienso. En mi habitación hace frío, la cerámica está helada y no hay alfombra. Llego al ministerio de justicia, es un edificio gigante y está vacío. El ascensor no está funcionando, subo los cinco pisos por una larga escalera. Es un gran edificio, gigantesco, y no hay nadie. Subo rápidamente y me encuentro con la secretaria y la Secretaria Regional Ministerial. –Asiento- me dice, -estamos imprimiendo unas hojas que nos faltan-. No hay apuro, veo. Intento que el sol penetre en mi vida. Cierro los ojos y dirijo mi rostro en su dirección, rogándole rompa el hielo de mi cuerpo, de mi mirada y de mi alma. Le pido al mar que me dé fuerza. Llegamos al centro privativo de libertad de adolescentes, el resto de la comisión supervisora nos espera hace más de media hora. La Secretaria Regional Ministerial pregunta si todos tienen los formatos de las pautas de visita, pero cómo van a tenerlos si nunca los mandó, pienso. Me toca informar sobre salud, educación, alimentación y disciplina. Visitamos la enfermería. No hay nadie, está cerrada. -Ésta es la piedra tope del centro-, nos dice la jefa técnica. –No nos aceptan a los jóvenes en los consultorios, están estigmatizados, es que llegan con grilletes-. Salió el sol, sigo en la arena. Escolares se bañan en el mar, ya son las dos y media. Vamos a la sala de clases, es tan pequeña que no me imagino más de tres personas dentro. Conversamos con un adolescente sentado en la pequeña sala. –Lo malo es que tiene alergia a la tierra-, nos dice la profesora, el adolescente tiene la cara roja, hinchada, -pero es buen alumno- acota, -reclama las clases cuando no las hacemos-. –Aquí estaba Geovanna-, nos indica la jefa técnica, apuntando a una diminuta sala de la enfermería con una cama a medio hacer, una frazada desordenada encima y una taza vacía en el suelo, -ahora está hospitalizada, nos costó cuatro meses que la hospitalizaran, la mandaban de vuelta, es boliviana, está acá por tráfico de drogas, llegó de Bolivia con un paquete de coca. Echa de menos a su familia, es que está muy sola-. –No hay doctor aquí- nos cuenta. –A veces en el consultorio les escriben de diagnóstico “hipocondríaco”, para que se vayan y no tener que atenderlos más tiempo-. Se me acabó el té que estaba tomando. Escucho Kate Bush en mis audífonos, sigo en la arena. –Esta es la celda de segregación-, -¿de castigo?- pregunto. –Sí, cuando algún adolescente está descompensado, o hay riñas, entonces se quedan aquí. Muchas veces están con síndrome de abstinencia y se ponen agresivos. Lo más complicado en estos casos son los intentos de suicidio. Entonces los vigilamos-. -En el programa del Consejo Nacional para el Control de Estupefacientes sí hay un doctor, pero el programa sólo tiene 20 plazas, y tenemos 60 jóvenes, en ésta época llegan a 80, a veces-. –Tuvimos que empotrar más camas a la pared, porque no nos alcanzaban-. -¿A ti qué te pasó?-, -estoy enfermo-, –pero ponte calcetines entonces, así no te vas a mejorar, y esta pieza está muy húmeda-. ¿Tú estás enfermo?-, -no, tengo sueño-, -ah…-. -Sí po, se me enferman los cabros, es que no tenemos agua caliente para que se duchen. Los paneles solares los rompieron-, -¿pero eso no fue hace dos años?-, -sí, pero el nuevo sistema de calderas no funciona, es que las instalaron, pero no tomaron en cuenta lo que cuesta mantenerlo-. -¿Y por qué no funciona el taller de costurería?-, es que la tallerista está de educadora de trato directo, además los jóvenes lo ven como una actividad de mujeres-, -¿tienen muchas licencias?-, -sí, eso es un problema, la mitad de los funcionarios está con licencia-, -¿y dónde está el director del centro?-, -está con día administrativo-. De pronto ya no hay nubes. El sol inunda la blanca arena. El fiscal con quien me toca visitar habla por teléfono cada cinco minutos. Me desentiendo de él. Ahora se disculpa. Es la quinta vez que visita los centros. Parece resignado, el asunto quizá no le interesa. El chofer de la Secretaria Regional Ministerial me pasará a buscar a la vereda de la playa, debo irme. Tomo un té de jazmín en un restaurante chino. Me recuerda China. Me gusta salir de Santiago, me da nuevos aires. –Cabo, ¿y desde ésta hora los dejan encerrados en las celdas?, son las cuatro y media-, -sí, ya se quedan en sus celdas hasta mañana-. -¿Están medicados?-, -sí, con clonazepam principalmente, el síndrome adaptativo, es que todos son consumidores-. –Algunos son analfabetos, hay de todo-. –Están todos en básica, a ver espere, ¿cabo, en qué curso están?-, -cuatro en media, dos en básica-. La radio del restaurante dice rescátame de aquí, me muero por dentro. -¿Cuánto llevas aquí?-, -12 meses-, -¿y cuánto te queda?-, -32-, -¿y a ti?-, -no, a mí cinco-. –Salgo el lunes-. –Llevo dos semanas-. –No hay internas mujeres en esta sección juvenil de la cárcel femenina, nunca ha habido. Ocupamos las dependencias para capacitaciones de las funcionarias y para el taller de peluquería. Si llegan internas no sé qué vamos a hacer. No tenemos espacio-. – Hay 132 internas adultas. 31 son extranjeras, todas bolivianas, menos 2, están por tráfico de drogas-. Ya son las diez. Mañana vuelvo a Santiago. En la noche hace frío en esta ciudad, ya me voy a dormir. Parto al aeropuerto en media hora. En este momento estoy en la oficina de la Secretaria Regional Ministerial de Justicia. Hoy me vine a trabajar aquí, le pedí si me prestaba un ordenador para completar mi parte del informe. La visita estuvo bien después de todo. A mí me pareció al principio un poco desordenada, pero según el fiscal -con quien me tocó visitar y pude conversar bastante-, la Secretaria Regional Ministerial anterior no le daba importancia y la visita era un desastre. El centro -¿cárcel?- para llorar, como de costumbre, no sucio ni esos pormenores, pero con muy pocas actividades, casi todo el día de ocio para los adolescentes. Me da la sensación de que nadie dice con todas sus letras lo malas que son las condiciones de vivir así, creo que una buena estrategia sería preguntarles si estarían tranquilos que sus hijos o hijas estuvieran en ese lugar. Creo que ahí habría más sentido de la realidad. Me quedo con la sensación al final de no saber por dónde empezar, creo que eliminar el Servicio Nacional de Menores y partir de nuevo sería una buena forma. ¡En este centro también hay una señora rehabilitadora! con ella lo recorrí, me recuerda a una que conocí en un centro en Valparaíso. Empiezo a pensar que se ponen así con el tiempo dentro del centro. Esa forma de explicar todo como si fuera lo más normal del mundo, los sucesos más anormales. Me di cuenta en esta metrópoli de mi ritmo hiperventilado, pero tuve que calmarme a la fuerza. La ciudad funciona a uno por hora, y para qué hablar del tema justicia y de hacer cambios, para eso sí que hay que operarse de los nervios. Ruego nunca perder el impulso. Ruego poder demandar acaben los tratos crueles, inhumanos y degradantes. Pido que alguien ponga atención a lo abandonado.



Best for Last

no es la premura lo que me asalta, más bien dar con los ingredientes precisos







La observación atenta de la humanidad

(Antonia Serrat y el caos, 2012)

La observación atenta de la humanidad


Cuando se me ocurre una idea absurda, viene a mí una motivación mayor por llevarla a cabo
La vocación por las causas imposibles
Es la falta de límites
Ahora me dispongo a comenzar la redacción de un volumen que tratará acerca de la observación atenta de la humanidad.


A close observation of humanity
[English translation]

When I have an absurd idea arrives to me a greater enthusiasm to carry it out
The call for impossible causes
Is the lack of limits
Now I am about to start writing a volume that will speak about a close observation of humanity.


L’observation attentive de l’humanité
[Traduction française]

Quand j'ai une idée absurde, arrive à moi un plus grand enthousiasme pour la réaliser
La vocation pour les causes impossibles
C’est l’absence de limites
Maintenant, je vais commencer à écrire un volume qui parlera sur l’observation attentive de l'humanité.


Best for Last

déboussolé ?






El texto más bello del mundo

(Textos para la iluminación, 2010)

El texto más bello del mundo


Algunos momentos encierran una especial revelación
Pero debe estarse atento
Porque es una manifestación sutil

Que pronto podrá marcharse
Pero seguirá resonando
Adherida al cuerpo hasta el fin del tiempo

Esos pequeños e inmensos momentos
A veces no parecen grandes
Ni sobresalen a simple vista

Quizá como antes de morir
Puede pasar tu vida ante tus ojos
Miles de instantes en cámara lenta

Rostros de amigos que están
Otros que ya no están
El abrazo de tu abuela

El beso de tu madre antes de dormir
Caminando río arriba en una excursión
Sentado alrededor del fuego iluminando tu cara

El momento que lo conociste y te invitó a bailar
Riendo con tus hermanos en algún viaje
La tibia arena en tus pies con las olas acercándose y alejándose

Tu padre llevándote a jugar al parque
El momento en que te declaró su amor con lágrimas en los ojos
Cuando tu abuelo te felicitó por tu graduación

Ese espectáculo de vida que pasa frente a tus ojos
En algunas ocasiones en que todo parece encajar
Todo parece tener sentido

Es la vida misma
Queriendo manifestarse
Llamar a tu alma

En busca de esperanza
De comunicarte que estamos rodeados de belleza
Que si le das una oportunidad a la existencia todo puede ser interesante


Sobre la fotografía

(Textos para la iluminación, 2010)

Sobre la fotografía


La música, los estados de la felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es, quizá, el hecho estético.
Jorge Luis Borges, La muralla y los libros


Para tomar una buena fotografía se debe poner atención a la coyuntura dada por la sincronía de factores.

Debe estarse atento a la circunstancia adecuada:

La coincidencia del objeto, la luz y el encuadre perfectos. Buscando entregar un mensaje.

La simultaneidad de esos cuatro factores es quizá la revelación del poder vital y la trascendencia.


1 de marzo de 2016

Rebeldía


(Textos para la iluminación, 2010)

Rebeldía


Se me pide que salga, que hable
Que defienda mi punto de vista
Que explique y justifique todo lo realizado
Y yo sólo quiero esconderme y escribir
No quiero demostrar nada
Quiero ser nadie
Dedicar el tiempo a mis cavilaciones
Reflexionar sin que ninguno me interrumpa
Profundizar en la nada y sus laberintos.



Quiero hacer cosas inútiles


Quiero hacer cosas inútiles
Llegó ese momento
Gastar largas horas en actividades sin beneficio previsible
Explorar nuevos pasatiempos
Actuar como el que el tiempo no vale nada
Nunca va a acabarse
Emplear mi día en ocupaciones interminables
Como Penélope
Caminar sin destino final
Fotografiar el cielo
Describir la hoja de un árbol
Ver los días pasar sin intentar impedirlo.


Irremediable lejanía

(Textos para la iluminación, 2010)

Irremediable lejanía


A veces me pierdo, me aíslo
La sensación de ver el mundo desde lejos, pequeño, cada vez más diminuto
Sentirme ajena

Me agacho, toco el suelo, abro mis palmas encima de su superficie
Con objeto de sentir su realidad

Te llamo mentalmente
Traigo tu presencia al momento

Te alejas, junto con el mundo, indefectiblemente

Intento más impetuosamente sentir los adoquines
Sé que el mundo no se aleja

Pero tú ya te has ido para siempre


25 de febrero de 2016

Hay truenos en nuestros corazones

(Femme/ Homme, 2009)

Hay truenos en nuestros corazones



Truenos
No cesan
Miro al cielo
Miro mi corazón

Truenos
Todo alrededor
Quiebran lo compuesto
Electrocutan la serenidad

Truenos
Resplandecientes
Ensordecedores
Invasivos

Truenos
Con imágenes
Con ruidos
Con voces

Truenos
Llenos de nada
Anchos como cavernas
Transparentes como fantasmas

Truenos
Que gritan
Que caen
Que explotan

Truenos
Melancólicos
Fantasmagóricos
Cargados de memoria

Truenos
Llevando la angustia en la espalda
Culpando a lo etéreo
Acusando a lo efímero

Truenos
Lúcidos
Profundos
Agradecidos

Truenos
Al fin y al cabo
Puñaladas
Estertores

Truenos
Dolorosos
Hambrientos
Ensañados

Truenos
Hasta el hueso
En los músculos
En las venas

Truenos
Que callan
Que no tienen más palabras
Que ya lo dijeron todo

Truenos
Que devastan
Que ríen nerviosamente
Que tiemblan

Truenos
Que castañean los dientes
Que se van congelando de a poco
Que están penetrados por el hielo

Truenos
Malditos
Benditos
Soberanos

Truenos
Angustiados
Valientes
Silenciosos

Truenos
Pegados
Sonoros
Infalibles

Truenos
Agónicos
Huecos
Vacuos

Truenos
Titubeantes
Oscilantes
Vaivenescos

Truenos
Sin propósito
Sin explicación
Advenedizos

Truenos
Vagabundos
Errantes
Desconcertados

Truenos
Que se han instalado
Que no quieren retirarse
Que no dejan respirar

Truenos
Descalzos
Sedientos
Suplicantes

Truenos
Arrepentidos
Pedregosos
Aulladores

Truenos
Llenos de lágrimas
Deseosos de sentido
Anhelantes de trascendencia

Truenos
Llenos de nada
Anchos como cavernas
Transparentes como fantasmas

Listos para llevárselo todo
Preparados para invadir lo que queda
Dispuestos a dar la batalla
Determinados como soldados a quebrarme.