20 de noviembre de 2025

Les Allumeuses

Tener pareja, como están las cosas, suele ser una pérdida de tiempo. Intentar entender qué traman, de qué manera van a pretender someterte, sin siquiera darse cuenta. Es todo muy ingrato. Hay un rasgo muy masculino, me parece a mí, que una ya se va haciendo experta en identificar: la manipulación. Otro rasgo es la mentira, y otro la incapacidad de comprender las emociones o de manejarlas de manera razonable. La voluntad de reinar es la más nociva, creo. Como si todo fuera un campo de batalla. Es muy cansador. 
Llevo todo este año sin pareja, por opción. En primer lugar, ha sido un año demasiado sanguinario para motivarse a esos intercambios. En segundo lugar, las tentativas en las que me aventuré, me dejaron perpleja. Pascal, cuya expansión me dejó knock-out, y Judas, cuya mezquindad me desconcertó.  
Creo que soy una apariencia de romántica, con alma de feminista. O una apariencia de feminista, con alma de romántica. Soy las dos cosas, en definitiva. No son incompatibles. 
Creo que la exigencia de tener pareja que ha pesado históricamente sobre las mujeres sigue otorgando obstáculos a la creación y a la tranquilidad. 
Qué saco en claro de este año alejado de esas pistas confusas. Volvería a hacerlo, eso es lo primero. Hay una suerte de maniobrar a la defensiva por parte de los hombres, eso es lo segundo. Lo que es tal vez comprensible, por un lado. Cuando se acercan, no puedo evitar pensar internamente: a tu propio riesgo. Lo cual me causa mucha gracia, por supuesto. Por otro lado, no es tan comprensible, porque deberíamos ya tener una nueva sociedad, como dice Doris Lessing. No estamos de humor para hombres, escribe Doris Lessing, traen más complicaciones de lo que valen, esa es la verdad. 
Para lo que tampoco estamos de humor en ningún sentido es para que nuestros derechos retrocedan. Lo que propone uno de los candidatos a presidente de la República de Chile, por ejemplo, entre otros. La historia es un eterno retorno monstruoso. Que se cierne sobre espíritus cansados. Dan ganas de llorar. Pero sería ideal poder hacer algo más. Como por ejemplo decir que el fascismo nunca resolvió nada. Más bien todo lo contrario. Estos son el tipo de encrucijadas que van definiendo crudamente el devenir de tantas personas. Cómo existir en una organización que nos hace callar. Que manipula para hacerse del poder y gobernar aplastando. Ser mujer es difícil siempre. Es como que no hubiese tregua. Los últimos años que viví en ese país, interceptada por el gaslighting de parejas, jefes, autoridades, especialistas en salud. Eres esto, eres lo otro, no hables, recibe. Ahora más atrás del punto cero. Eso es lo que ofrecen. Piedad, dios mío. Acaba con este calvario. Debiéramos impedir que una propuesta que restringe la democracia, nos devuelve a la época de las cavernas, pone un fin definitivo a los derechos de las mujeres y a nuestra posibilidad de existir libremente, pueda gobernar una república. Hemos tenido malas experiencias. Estamos heridos. Por qué ahora esto. Es la gran, inmensa mentira. No van a lograr nada, van a someternos, y Chile va a explotar de resistencia. Qué camino infame, dios mío. Ser mujer es difícil siempre. Ser ciudadano es difícil siempre. Viva la política. NUNCA LA EXTREMA DERECHA. 

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