No tengo a quien rezarle pidiendo luz, canta Jorge Drexler, ando tanteando el espacio a ciegas, no me malinterpreten, no estoy quejándome, soy jardinero de mis dilemas, no tengo a quien culpar que no sea yo, con mi reguero de cabos sueltos, no me malinterpreten, lo llevo bien, o por lo menos hago el intento. Amar nos reenvía a una condición muy primaria de desprotección. Amar es fragilidad. Nos instala frente a frente a todos nuestros fantasmas. Los más desconocidos y los que sabemos que nos acompañan. Amar es la incertidumbre absoluta. Un encuentro condicional. Nada está asegurado. Amar nos pone a prueba de manera exigente. Se instalan un sinfín de preguntas. Junto con ellas la avalancha de dudas que significa existir. ¿Volverá a quererme? ¿Podremos sortear los obstáculos que nos lanza el presente? ¿Cuál es la sustancia de este vínculo? ¿Es místico? ¿Es resistencia? ¿Es responsabilidad? ¿Es exceso? Amar es lo más vertiginoso que hay. Y yo lo que quiero es el calor de sus brazos. Lo que quiero es esa mirada donde antes podía reconocer esa chispa que me anunciaba el milagro. Lo que quiero es esos momentos de compartir esencia. Quiero el agua cristalina y su sonrisa. Sus carcajadas como cascada. Sus actitudes de niño irresponsable que demuestran que me quiere. Su humor agudo y negro. Su gusto por la conversación y la música. ¿Dónde queda la persona que amamos? ¿Sigue estando dentro de ella misma aunque el presente nos entregue otro reflejo? ¿Se queda esperando el próximo encuentro para ponerse en movimiento? Amar bien es muy riguroso. ¿Cuando dejan de amarnos en apariencia, es porque no estuvimos a la altura o porque fuimos rebeldes y eso impuso esfuerzo adicional? ¿Por qué a veces estamos preparados para ese esfuerzo añadido y a veces los pequeños terremotos nos dejan inermes? Las dudas conviven con los anhelos. Con la sensación nítida de que hay algo que quieres rescatar de la tormenta. La sensación diáfana de que la necesidad de su presencia en tu tiempo es algo que permanece sin alteraciones aunque el tornado lo oculte a ratos. Qué pasa cuando quieres que él también sienta esa necesidad. Pero el amor es dudas y la falta total de control. Qué pasa cuando amas a un individuo poseído por las dudas igual que tú misma. Qué pasa cuando dices prefiero ese vértigo que la planicie. Prefiero esa conciencia de la fragilidad que su falta estéril. ¿De dónde nace la creación? ¿De todos los estados posibles? ¿De todos los sentimientos a la intemperie? ¿Me dará el tiempo una tregua? El amor es duda pero su sustancia es certeza. Te quiero en mi tiempo. Posees mi espacio porque lleva tu nombre. Te pertenecen los segundos que veo pasar y las palabras que intentan ser algo dentro de ellos. Cada segundo está habitado por el color de tus ojos y la magia de tu abrazo.
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