4 de diciembre de 2022

Las estaciones

Mi enamorado y yo, bueno, a estas alturas mi ex enamorado y yo, teníamos el siguiente sistema, como la canción de Charly García: Nos divertimos en primavera y en invierno nos queremos morir. Nos mantenía despiertos, y atentos. Primavera, sonrisas y flores. Otoño, se cierne el imperio de la duda. Una manera de mantenerse activo. Nunca descansar. Cuando nuestros cumpleaños comenzaban a asomarse por el horizonte traían la gran nube. No había manera de calmar el asunto. La nieve terminaba de sepultarnos. Al primer brote, todo quedaba atrás. Nos divertíamos en grande. 
Uno pensando en relaciones estables cuando no corresponde: hay que crear. Es el invierno el que da esas ideas malévolas. Me muevo al verano y se disipan instantáneamente. En la poca luz y en el mucho leer, pierde uno el juicio. La creación se difumina ligeramente y viene la necesidad del calor que brilla por su ausencia. Desplazándose al sol la creación toma su lugar y lanza los obstáculos donde ya no ocupan espacio. 
Tal vez los cambios de la naturaleza lo que quieren sugerir es tener uno para cada estación. Habiendo acuerdo todo es posible. Por qué negar los ciclos. El movimiento. El tema de la pareja estable está sobrevalorado, y el de las estaciones, demonizado. O uno para cada septenio. El asunto es que hay ciclos y no está considerado. La cuestión es adaptarse a los períodos, que llegan de manera inexorable, y no querer pasarlos por encima como si no existieran. Es demasiado real. Las hojas caen, y luego surgen las flores y frutos. Asimismo, nuestra existencia es una curva con distintas etapas. La búsqueda de lo que permanece es la motivación constante. Habrá quizá una línea que lo conecte todo. Un término medio que sea igualmente interesante. Crear es estar atenta a los cambios. Los ciclos y las estaciones tienen algo que decir. Lo que permanece es la magia. Lo que continúa, transformándose. 

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