A veces me pregunto si seré capaz de amar otra vez. Si seré capaz de unir mi destino al de alguien. Lo he hecho otras veces. Sé que es algo posible. No sé si es algo deseable. Pero sé que son cosas que llevé a cabo. Ayer soñé que estábamos en una casa que se desprendía de sus cimientos y comenzaba a avanzar calle abajo, llegando hasta el mar, luego continuaba como barco. Si las casas pueden desprenderse de sus cimientos y luego navegar como barcos todo es posible. Pero en los sueños todo es fácil. A veces temo no amar lo suficiente. O amar sin medida y luego perderlo todo. Tu partida oscura me dejó llena de interrogantes. A veces observo el concepto tiempo y no quiero que todo se me escape de las manos. No quiero que un día acabe la juventud. Quiero que el cuerpo sea todopoderoso eternamente. Quiero que se estire la algarabía. Que el baile sea siempre posible. Amo demasiado la vida como para detenerme. El miedo es cosa seria pero lo que hay que hacer es engañarlo. Hacerle creer que te tiene en sus brazos y partir cuando esté dormido. Sin hacer ruido, sin pronunciar palabra, salir por la puerta. En plena noche, allanar al solsticio y subir a la casa que se desplaza calle abajo, prometerle que los días van a alargarse, que se dirija adonde quiera, jurarle que el pánico ha quedado atrás. Una y otra vez, volver a creer.
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