Sí, ¡era muy romántico! Detalles como ese, pequeñas sorpresas, mensajes,
sobrenombres, estaba muy atento. Me decía que su hermano grande le daba ideas.
Pienso que era como seducir, y por otra parte, jugar, tenía mucho
sentido del humor, me hacía reír. Es extraño, porque parecía desde fuera
indiferente a veces, pero se tomaba la vida muy en serio. Pienso que él quería
que fuera interesante. Eso es como querer vivirla realmente. Tenía una manera
de ser muy apasionada, pero de una forma bonita, porque era íntima, un mundo
propio lleno de belleza. A mí me gustaba porque era como crear un oasis para
nosotros dos, supongo que me sentía embarcaba en algo mágico, como ser la
princesa de tu comarca. Imagino que eso es entender lo que es realmente querer
a alguien, y él me hacía sentir así. Es como aprender de inmediato que lo que
hay alrededor es menos importante, una manera muy profunda de vivir.
Creo que eso queda en la ilusión, aunque a veces tambalee, pero
siempre sigue poblada de lo que ha sido significativo. Quizá es una ilusión que
cambia, simplemente, sin desaparecer del todo en ningún momento. Lo que es
seguro, es que queda, permanece. Evocar un sentimiento así puede rellenar el
espacio. Era lo que él hacía, dar vida a un paraíso.
Quizá por eso su vida se detuvo en un momento, a nuestro parecer, anticipado. La tierra se le hacía pequeña, y ese explorarla lo llevó a un desenlace fatal. Pero a veces es nuestra única manera de vivir. Él no podía menos que saberlo, de la manera cómo vivió la suya, volando en una tabla. Lo que acontece, en el fondo, o lo que sucede en realidad, es que no entendemos. Quizá porque no hay nada que entender. Volar en la nieve es casi lo mismo. La vida termina y punto, no hay nada que entender, y él lo sabía. Probablemente lo supo siempre, mucho antes que nosotros, aunque no lo decía, no hay que decirlo todo, a veces sólo hay que observar qué quieren decirnos, y podemos saberlo incluso más intensamente. Su muerte, probablemente, es tan coherente como su vida. O lo tomamos como un hecho, o nos rebelamos, pero ahí está, como una existencia, o un acto, que quiere decirnos algo. Creo que ahora lo entiendo. Su muerte, todo. Su vida.
Quizá por eso su vida se detuvo en un momento, a nuestro parecer, anticipado. La tierra se le hacía pequeña, y ese explorarla lo llevó a un desenlace fatal. Pero a veces es nuestra única manera de vivir. Él no podía menos que saberlo, de la manera cómo vivió la suya, volando en una tabla. Lo que acontece, en el fondo, o lo que sucede en realidad, es que no entendemos. Quizá porque no hay nada que entender. Volar en la nieve es casi lo mismo. La vida termina y punto, no hay nada que entender, y él lo sabía. Probablemente lo supo siempre, mucho antes que nosotros, aunque no lo decía, no hay que decirlo todo, a veces sólo hay que observar qué quieren decirnos, y podemos saberlo incluso más intensamente. Su muerte, probablemente, es tan coherente como su vida. O lo tomamos como un hecho, o nos rebelamos, pero ahí está, como una existencia, o un acto, que quiere decirnos algo. Creo que ahora lo entiendo. Su muerte, todo. Su vida.
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