5 de noviembre de 2024

Revolutionary love

Le dije a Troy haremos el viaje. Qué más nos espera. Qué más estamos esperando. Lisa, siempre se espera algo, me dijo. Llevo dentro el viaje, respondí, sólo hay que subirse a los barcos con luces de colores. Qué es un viaje. ¿Un risco? ¿Un prado? ¿Una esperanza? ¿Un desasosiego? ¿Una montaña nevada? ¿Una ilusión imprecisa? El amor revolucionario es un viaje. Una estadía nómade que tiene un borde permanente. Un borde de ficción como todo lo que merece la pena vivir. Un espacio de versos en el aire que puedan circular. Un viento que nos resguarde mientras avistamos la tormenta. Un viaje es una experiencia que nos transforma como alquimia. Que nos convierte en oro, en dinamita, en jade. Si no hay transformación en diamante tal vez no quisimos arriesgar demasiado. El camino es largo y espeso. Como un borde inevitable. Quedamos atrapados en configuraciones antiguas, en reliquias y culpas inútiles. La plegaria interior es lo que nos remueve. Ese cara a cara con nosotrxs mismxs. No siento soledad, le dije. Este viaje me enraíza y me sugiere una lengua nueva. Una lengua precisa como la de los pájaros. Compleja y múltiple como la de las estrellas. Una lengua como una onda en el agua que llega a la orilla luego del paso de una embarcación. Una lengua como el caminar distraído del mediodía. Una lengua espontánea y horizontal. Una lengua que no intente dejar a ciertos grupos lejos del poder. Una lengua para pronunciar con amabilidad. Para sugerir aventuras fantásticas. Para recorrer la Rue des Fantasques, subir las escaleras con ahínco, descender los escalones hasta el otro horizonte. El amor revolucionario contempla el misterio sin violencia. Es la era absoluta de la poesía. Un mundo donde pueda unx sentirse a gusto. Suave como el sol de la mañana. Como tomarse un café contemplando el río bajo el sol otoñal y las hojas rojas, cafés y amarillas. Un mundo en calma. El amor revolucionario es compartir el paraíso.   

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